Adiós al Rada: el viejo que les hablaba de tú a los pibes y que se fue dejando una brújula
El músico uruguayo murió y sus palabras sobre Tini, Trueno, Wos y el resto de la camada nueva volvieron a circular como si fueran una clase de cierre. Lo que dijo del recambio, de la masividad que no tuvo y de la evolución como única salida para sostener una carrera.

Me llegó la noticia de Rubén Rada en medio de una mañana cualquiera, con ese olor a café recién servido que se mete en la cocina cuando todavía no arrancaste del todo. Y la primera imagen que me apareció no fue la del gigante del candombe ni la del showman que cantaba con esa voz ronca que parecía venir del Río de la Plata entero, sino la de un tipo que en los últimos años se la pasaba hablando de los pibes, de los nuevos, de los que venían a romperla. Como si lo que más le importara en la tramo final fuera asegurarse de que la música seguía teniendo quien la empujara hacia adelante.
Lo que quedó dando vueltas después de que se confirmó la muerte es una serie de declaraciones que él había ido dejando en entrevistas recientes, y que hoy se leen casi como un testamento. No un testamento legal ni solemne, sino de los otros, de los que se dicen tomando un vino en una mesa de bar. Rada había trazado un mapa de afinidades con una cantidad de artistas jóvenes que a muchos viejos del rubro les cuesta siquiera nombrar, y lo había hecho sin gestos de incomodidad, sin la clásica mueca del que mira para el costado cuando le preguntan por la música de hoy.
El mapa de nombres propios que Rada tenía en la cabeza
- Tini, a quien mencionó entre los artistas que están rompiendo con la lógica tradicional de la música popular.
- Trueno, otro de los nombres que usó como ejemplo del recambio en curso.
- Wos, presente en su lista de referentes nuevos a los que, según él, hay que prestarles atención.
- Conociendo Rusia, dentro de un lote más amplio de pibes a los que dijo querer mucho.
- Nafta y Catriel, también incluidos en el listado de músicos con los que se sentía cómodo dialogando.
- Ricardo Mollo y El Plan de la Mariposa, con quienes mantenía un vínculo cercano en sus visitas a Montevideo.
Lo más fuerte de todo esto no es la lista en sí, que de alguna manera podía sorprender por lo ecléctica, sino la frase que usó para enmarcar a esos nombres. "Todo tiempo pasado no fue mejor. El mejor tiempo es el que viven los jóvenes ahora porque es el tiempo de ellos", sostuvo, y de esa manera le cerró la puerta en la cara a la tentación nostalgia que muchas veces se apodera de los artistas cuando se pone el sol de la carrera. Para Rada, los recursos, los sonidos y las formas de producción que usan las nuevas camadas no eran un problema a tolerar sino un escenario distinto que merecía respeto, no comparación constante con la época en la que él se había formado.
“Todo tiempo pasado no fue mejor. El mejor tiempo es el que viven los jóvenes ahora porque es el tiempo de ellos.”Rubén Rada
Esa manera de pensar también la llevaba a la práctica. Él mismo contaba, sin vueltas, que había grabado una canción con un rapero y que ese tema había acumulado quince millones de reproducciones. La reacción de sus propios nietos, que le dijeron que recién ahí se había ido para arriba, le sirvió como confirmación de algo que él ya sospechaba: que para leer el presente había que cambiar las claves, y que un viejo no se va a entender con los pibes si se queda repitiendo las mismas fórmulas de hace cuarenta años.
Y sin embargo, en esas mismas charlas que hoy vuelven a circular, también dejó una advertencia que a mí, particularmente, me quedó dando vueltas en la cabeza. "Que se diviertan, pero que se acuerden que no pueden quedarse en ese lugar, que después de esto tiene que venir otra cosa, si no la gente no les cree", decía, y la frase tenía el tono de alguien que había visto a muchos talentos encenderse fuerte y apagarse rápido. No era un reproche, era más bien un consejo de los que se dan mirándolos a los ojos, con esa mezcla de cariño y exigencia que tienen los que ya recorrieron bastante camino.
Algo parecido se notó cuando revisó su propio recorrido. Lejos de hacerse el campeón de ventas, Rada admitía con una honestidad algo cruda que él no había alcanzado la masividad de otros colegas de la región. "Me conocen todos los músicos del mundo, pero no el público", decía, y en esa frase había casi un elogio invertido: para él, ser referente entre los músicos era un reconocimiento distinto, más interno, más de oficio, que no necesitaba traducirse en números de Spotify ni en rankings de popularidad. Lo decía sin rencor y sin falsa modestia, con esa tranquilidad del que ya hizo las cuentas y sabe que el balance le cierra por otros lados.
Ahora que la noticia se terminó de instalar, lo que me queda dando vueltas es justamente eso: la imagen de un artista que en vez de pelearse con el recambio generacional lo festejó, lo recomendó, lo buscó. Un tipo que se sentó con los pibes, los nombró uno por uno, grabó con ellos, los puso en sus respuestas de entrevista y hasta les marcó los límites con una frase que se puede colgar en cualquier pared de un cuarto de ensayo. En un mundo de la música donde muchas veces los veteranos levantan un muro con los que vienen atrás, Rada eligió tender un puente, y lo hizo hasta el final.
Lo que se viene leyendo entre líneas
A mí, que me crié escuchando candombe y chamamé en casa de mis viejos, y que de grande me acostumbré a tenerlo como una especie de fondo musical de las cosas importantes, esta vuelta de Rada me dejó pensando en cuántos artistas de su generación se fueron sin animarse a decir lo que él dijo. Y me dejó pensando también en cuántos de los jóvenes que él mencionó van a estar a la altura de esa confianza que les dio. La evolución de la que hablaba no es solo una cuestión de sonidos o de plataformas: es una cuestión de responsabilidad con el propio oficio, y eso, en definitiva, es lo que vuelve a sus palabras tan vigentes ahora que ya no está para repetirlas en persona.
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