Ballenas jorobadas en el litoral brasileño: una temporada de invierno que mueve a los municipios del sur de Bahía
Entre julio y noviembre, los cetáceos llegan a Abrolhos para reproducirse y dan lugar a un circuito de avistamiento responsable que crece fuera del verano y dinamiza la economía de ciudades chicas como Caravelas.

Con la caída de la temperatura en el hemisferio sur y la merma del turismo de playa en Brasil, el litoral atlántico cambia de protagonistas durante el invierno austral. Entre julio y noviembre, las ballenas jorobadas abandonan las aguas antárticas y antárticas-subantárticas donde se alimentaron durante el verano y emprenden la migración estacional hacia el archipiélago de Abrolhos, en el extremo sur del estado de Bahía, una región reconocida desde hace décadas como el principal sitio de reproducción y cría de la especie en el Atlántico Sudoccidental.
La temporada coincide con la época más seca en gran parte del nordeste brasileño y con un calendario turístico que, tradicionalmente, reserva el invierno para el mantenimiento de los destinos. En esa ventana, la presencia de los cetáceos reconfigura la actividad: operadoras especializadas organizan salidas embarcadas, pueblos costeros alargan su temporada alta y los visitantes encuentran un motivo distinto para viajar entre julio y octubre, antes del pico estival.
Abrolhos como núcleo y São Paulo como frontera del avistamiento
El archipiélago de Abrolhos, declarado parque nacional marino y administrado por el Instituto Chico Mendes de Conservação da Biodiversidade (ICMBio), concentra la mayor densidad de ballenas jorobadas del litoral brasileño durante el invierno. La concentración responde a las aguas protegidas del banco de Abrolhos y a la disponibilidad de fondos rocosos poco profundos, condiciones que las hembras eligen para parir y amamantar a las crías.
De acuerdo con el Instituto Baleia Jubarte, una organización de la sociedad civil fundada en 1996 con sede operativa en Praia do Forte, la población de jorobadas que llega a la costa brasileña fue creciendo con los años y, como consecuencia, la zona de avistamiento se amplió hacia el sur. Lo que empezó como una actividad centrada en el sur de Bahía se extendió a lo largo del litoral: hoy se registran avistamientos regulares hasta el estado de São Paulo, con registros más esporádicos en Río de Janeiro y Paraná. El Instituto opera estaciones de monitoreo y bases de atención a varamientos entre Caravelas, en Bahía, e Ilhabela, en São Paulo.
Una economía fuera de temporada y un protocolo de observación
El vicepresidente del Instituto Baleia Jubarte, el oceanógrafo brasileño Enrico Marcovaldi, sostuvo que la observación de cetáceos «genera valor económico, empleo e ingresos, pero también sensibiliza a las personas». En su lectura, quien tiene la oportunidad de ver una ballena en el mar «suele salir de esa experiencia convertido en su protector», una idea que la organización suele repetir para justificar la inversión en capacitación y educación ambiental. Marcovaldi además es uno de los fundadores del Instituto y reconocido en Brasil por su trabajo de décadas en la recuperación de la población de jorobadas del Atlántico Sur.
- Quién opera: el Instituto Baleia Jubarte, con base en Praia do Forte y estaciones activas entre el sur de Bahía y el litoral norte de São Paulo.
- Dónde se ven: principalmente el archipiélago de Abrolhos, con extensión de avistamientos hacia el sur hasta el estado de São Paulo.
- Cuándo ir: entre julio y noviembre, con pico de presencia de madres y crías en agosto y septiembre.
- Cómo participar: excursiones embarcadas con operadoras habilitadas y guías certificados, bajo un protocolo de observación responsable.
Caravelas, el puerto de las ballenas
El municipio de Caravelas, ubicado a unos mil kilómetros al nordeste de la ciudad de São Paulo y a poco menos de setecientos kilómetros al sur de Salvador, se transformó en la principal puerta de entrada al parque nacional marino de Abrolhos y al circuito de avistamiento. La actividad es una fuente directa de empleo para residentes y un motor indirecto para hoteles, restaurantes, transportistas y prestadores de servicios durante los meses en que el calendario turístico tradicional entra en receso.
El presidente del Instituto Baleia Jubarte, Eduardo Camargo, describió el fenómeno como «una nueva temporada de turismo» que llena los meses de menor movimiento en la región. El Instituto funciona en la práctica como articulador: capacita a las tripulaciones, acompaña los varamientos, sostiene un programa de fotoidentificación y mantiene una red de voluntarios que participan de los monitoreos durante toda la temporada.
Reglas para observar sin interferir
El crecimiento de la actividad despertó hace años una preocupación central: cómo sostener el flujo de visitantes sin aumentar la presión sobre los animales. La respuesta del Instituto y de los organismos ambientales pasó por un protocolo de observación responsable, hoy aplicado por las operadoras habilitadas que operan en Abrolhos y a lo largo del corredor migratorio.
- Distancias mínimas: las embarcaciones deben mantener una separación de unos 50 metros respecto de las ballenas adultas, y de unos 100 metros cuando hay crías presentes.
- Tiempo de permanencia: cada encuentro se limita a un máximo de 30 minutos por grupo, para evitar el acoso sostenido.
- Velocidad y maniobra: navegación sin estela brusca, sin cambios de dirección que fuercen al animal a modificar su rumbo y sin ingresos al grupo desde atrás.
- Embarcaciones: las salidas se realizan con barcos habilitados, guías certificados y una cantidad máxima de visitantes por salida fijada por la operadora y por la normativa del parque.
Qué puede hacer el lector argentino
Para los lectores argentinos que evalúan un viaje al nordeste brasileño fuera del verano, la temporada de ballenas en Abrolhos ofrece una alternativa concreta entre julio y octubre, con menos temperaturas en las playas pero con condiciones de mar habituales para la navegación de avistamiento. Quienes decidan sumarse a una excursión deben saber que Abrolhos es parque nacional marino, por lo que el acceso a las islas requiere autorización ambiental gestionada por las operadoras; no se puede ingresar por cuenta propia ni contratar embarcaciones no habilitadas.
Antes de reservar, conviene verificar que la operadora figure en el listado de empresas autorizadas por el ICMBio y que los guías cuenten con certificación del Instituto Baleia Jubarte o de un organismo equivalente. También es recomendable revisar el parte de avistamientos de la temporada, ya que la presencia de madres y crías varía de un año a otro. El Instituto publica reportes anuales y comunica por sus redes los puntos calientes del corredor migratorio, una herramienta útil para planificar la salida desde Caravelas o desde bases más al sur, en el litoral de São Paulo.
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