Diez años después, una serie del FBI que entrevistaba asesinos sigue sin ser superada en la plataforma de streaming más grande del mundo
Dos agentes del FBI se sientan frente a asesinos en serie convictos para entender cómo piensan. Esa idea,convertida en ficción por un director obsesivo,dibujó un mapa de la mente criminal que todavía no fue igualado.

Te voy a ser sincera: hay series que se ven y se olvidan al rato, y hay otras que te dejan una especie de zumbido en la cabeza durante días. A mí me pasó con esta cuando la empecé a ver, una noche cualquiera, sin saber muy bien qué se me venía encima. Y ese zumbido,créanme,no se fue nunca más.
La idea de base:charlemos con los monstruos
La historia arranca a fines de los años setenta en Estados Unidos, cuando dentro del FBI todavía no existía una disciplina para estudiar a los criminales seriales. Dos hombres,Holden Ford y Bill Tench,reciben la tarea insólita de recorrer el país,entrar a las cárceles más seguras y sentarse frente a asesinos convictos para preguntarles,con una grabadora encima de la mesa,cómo eligieron a sus víctimas,qué sintieron,por qué lo hicieron. La premisa es simple y,a la vez,de las más osadas que se vieron en una serie policial:en lugar de perseguir al malo,hay que escucharlo.
El director de los primeros episodios y productor ejecutivo es David Fincher,un obsesivo del control de la imagen. Y se nota. La serie está filmada con esa paleta desaturada,casi verdosa,que él usa como si fuera una declaración de principios. No hay persecusiones a toda velocidad ni tiroteos coreografiados. La tensión se construye de otra manera:con silencios,con planos que duran un segundo más de lo cómodo,con la incomodidad de ver a un asesino que describe sus crímenes sin levantar la voz.
Los monstruos son reales,no inventados
Lo que a mí más me perturbó cuando la vi, y se lo digo con la mano en el corazón,es que varios de los personajes que aparecen del otro lado de la mesa están basados en asesinos seriales que existieron de verdad. La serie recrea,entre otros,a Ed Kemper,al Hijo de Sam y a Charles Manson con un nivel de detalle que hace que cada entrevista funcione como un duelo psicológico silencioso. Ver a esos hombres hablar con tono sereno,como si lo que hubieran hecho fuera una anécdota de su juventud,es más inquietante que cualquier escena gore. Los actores que los encarnan logran que un cuarto sin ventanas se sienta más cargado de amenaza que un callejón oscuro.
- Holden Ford,el idealista que se obsesiona con el método y empieza a parecerse demasiado a quienes estudia.
- Bill Tench,el hombre de calle,escéptico,cásado,padre,que lleva los pies a la tierra cuando su compañero se levanta vuelo.
- Wendy Carr,la psicóloga académica que aporta rigor científico y equilibra la dinámica entre los dos agentes.
- Los asesinos entrevistados,cada uno un ensayo clínico sobre un tipo distinto de mente criminal.
Por qué sigue sin tener rival
Tiene solo dos temporadas,diez episodios cada una. Una tercera nunca llegó a producirse. Pero el material que existe funciona como un ciclo cerrado,no como una historia trunca. Y a casi una década de su estreno,sigue siendo una referencia difícil de igualar dentro del catálogo enorme de thrillers criminales que ofrece la plataforma. Su mérito más grande es tratar a sus personajes con la misma paciencia con la que trata a sus asesinos:no apura nada,no explica de más,deja que el espectador saque sus propias conclusiones.
Si les gusta el género y todavía no la vieron,háganse un favor y empieceeen por el primer episodio. Y si ya la vieron,como me pasó a mí,cuéntenme en los comentarios qué otras series de investigación criminal les parecen que se acercan a ese equilibrio entre rigor y profundidad psicológica. Porque,créanme,la lista es corta.
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