En la Quebrada de Huichaira, un museo de fotografía que se descubre solo
Lucio Boschi levantó con sus propias manos un espacio de adobe dedicado a la fotografía argentina y latinoamericana. Sin carteles en la ruta ni publicidad en redes, hoy convoca visitantes de todo el país y forma a jóvenes de las provincias.

A doña Ramona Carral, vecina del paraje Huichaira, le sigue llamando la atención cruzarse con visitantes de Buenos Aires, de Córdoba o del sur de Brasil en el mismo tramo de tierra donde ella vio crecer a sus hijos. Es que, como ella misma cuenta entre mates, en la Quebrada de Huichaira nadie puso un cartel para anunciarlo, pero hace más de una década funciona un museo dedicado por entero a la fotografía que reúne obras de algunos de los nombres más importantes de América Latina. El Museo Entre los Cerros (MEC) está plantado sobre la ruta 9, mirando de frente a Tilcara, en plena Puna jujeña, a 2.700 metros de altura, y existe gracias a una decisión tan particular como su arquitectura: la de no buscar al visitante, sino dejar que el visitante lo encuentre.
Un edificio de barro que se integra al cerro
El fundador del museo es Lucio Boschi, un fotógrafo de 60 años nacido en la provincia de Buenos Aires que recaló en el norte argentino siguiendo el curso del río Huichaira, fascinado por una formación rocosa que lo cambió todo. Compró un terreno, levantó primero una casa de adobe para vivir y, con el tiempo, fue extendiendo la construcción hasta convertirla en museo. La elección del barro no fue estética ni turística: según él mismo explica, la arquitectura de adobe permite que la luz natural sea la verdadera curadora de las salas, porque entra filtrada por las paredes y se va modificando a lo largo del día. Esa misma lógica hace que el entorno forme parte de la experiencia de visita, ya que desde adentro se ve el cerro y desde afuera, si uno sabe mirar, se intuye lo que pasa adentro.
Yo lo recorrí una mañana de agosto y lo primero que sentí fue esa calma que produce un lugar al que se llega sin haberlo buscado demasiado. Boschi me recibió en la puerta, con la misma camiseta desteñida con la que aparece en todas las fotos que ilustran este proyecto, y antes de mostrarme las salas me pidió que caminara unos minutos por el patio para que el cuerpo se acostumbrara a la altura. Esa impronta, la de alguien que te trata como visitante y no como turista, marca todo el recorrido.
Una colección armada carta por carta
La colección permanente del MEC reúne obras donadas por fotógrafos argentinos y latinoamericanos que hoy son_reference obligada en cualquier historia de la imagen en la región: Marcos López, Graciela Iturbide, Martín Chambi, Alessandra Sanguinetti, Irina Werning y Rodrigo Abd, entre otros. Para conseguir esas piezas, Boschi no recurrió a sponsors ni a campañas de financiamiento, sino al método más artesanal que existe: escribir cartas a colegas, acercarse a galerías y mover los contactos que había tejido durante años de trabajo internacional. Lo notable es que todos, según relata el propio Boschi, respondieron que sí. La explicación que él ensaya es simple y casi desconcertante: cuando un fotógrafo recibe la propuesta de exponer en un museo que se sostendrá en el tiempo, dice que sí.
“Cuando les escribí, les dije que era un museo que iba a quedar para siempre. Y me creyeron.”Lucio Boschi, fundador del Museo Entre los Cerros
Sin promoción y con audiencia internacional
Lo que distingue al MEC de casi cualquier otro espacio cultural del país es la decisión consciente de no promocionarse. Boschi sostiene que el público tiene que descubrirlo por cuenta propia, y durante los primeros años el museo no tenía ni señalización en la ruta 9 ni presencia en redes sociales. Los primeros visitantes, cuenta todavía hoy con una mezcla de ternura y asombro, fueron los chicos de la escuela vecina de Huichaira, que cruzaban el portón a la salida de clase y se quedaban mirando las fotos como quien descubre una ventana. Después llegaron los guías locales, que empezaron a recomendarlo a los turistas que pasean por Tilcara y la Quebrada, luego grupos de fotógrafos y, finalmente, curadores y directores de museos internacionales de primer nivel.
Esa estrategia, que a primera vista parece un disparate comercial, terminó construyendo algo muy difícil de fabricar: una reputación basada en el boca a boca. Hoy el museo recibe visitantes de todo el país y del exterior, muchos de los cuales llegan preguntando en la plaza de Tilcara cómo hacer el último tramo por los caminos del cerro, donde el GPS suele quedar desactualizado.
Formación gratuita para jóvenes de las provincias
Más allá de la colección, el MEC funciona como un verdadero centro de formación y de vida comunitaria. Cuenta con biblioteca especializada, ofrece talleres y residencias artísticas, y sostiene un programa gratuito orientado a jóvenes fotógrafos de las provincias, una decisión que para Boschi es central porque, según repite en cada charla, “la fotografía más importante de un país no siempre se hace en la capital”. El espacio es, además, punto de encuentro para la comunidad local: vecinos de Huichaira y de parajes cercanos lo usan para reuniones, presentaciones y actividades que no tienen nada que ver con la fotografía pero que encuentran ahí una sala con luz natural, bancos y silencio.
Para visitarlo conviene tomarse un día entero. Las salas tienen luz natural, bancos para detenerse y un ritmo que invita a caminar despacio, casi como si el propio edificio pidiera ese trato. La referencia más práctica para llegar es la ruta 9 desde Tilcara, aunque los tramos finales de los caminos del cerro pueden no estar bien señalizados en el GPS, por lo que conviene preguntar en el pueblo antes de subir. No hay entrada paga al estilo tradicional, aunque se recibe un aporte voluntario que ayuda a sostener el lugar.
Lo que la comunidad de la Quebrada de Huichaira viene reclamando desde hace años, y lo que el propio Boschi repite cada vez que puede en entrevistas y reuniones con autoridades de la Secretaría de Cultura de Jujuy, es precisamente lo contrario de lo que cualquier política de promoción imagina: que el Estado no les pida carteles donde no los quieren, que no se les exija visibilidad en redes como condición de apoyo, y que se respete el modelo que eligieron. En paralelo, los vecinos y las autoridades comunales de Tilcara y Huichaira pidieron en distintos encuentros formales que se mejore el mantenimiento de los caminos de acceso, un reclamo concreto que, dicen, sigue pendiente. Si lo que se busca es un espacio cultural en un lugar inesperado del país que valga la pena visitar, el Museo Entre los Cerros es, sin dudas, una de esas direcciones que uno termina recomendando con la certeza de que quien vaya va a volver distinto.
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