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Martes, 3 de noviembre de 2026
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Voces del Impenetrable

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Esa pizarra interna que se borra en segundos: qué la afecta y cuándo consultar

Olvidar para qué entramos a un cuarto o perder el hilo de una charla no siempre es un problema grave. El sueño, el estrés y las pantallas explican buena parte de esas pequeñas fallas.

NC
Norma CharoleComunidades y derechos · · 2 min de lectura
Esa pizarra interna que se borra en segundos: qué la afecta y cuándo consultar

Todos conocemos esa sensación de estar parados en medio de una habitación sin saber qué fuimos a buscar. Es un momento breve, casi gracioso, pero detrás de él hay un sistema del cerebro que estuvo trabajando sin que lo notáramos. Me parece importante contarlo con calma, porque muchas personas de mi edad viven estas distracciones con preocupación y no siempre saben de dónde vienen.

La memoria de trabajo es la que mantiene activa una pequeña cantidad de información mientras la necesitamos. Funciona como una pizarra provisoria: sirve para retener un número mientras lo marcamos, seguir el hilo de una conversación o hacer una cuenta de cabeza. A diferencia de la memoria de largo plazo, lo que guarda se esfuma en cuestión de segundos si no se lo usa o se lo repite.

De qué depende y por qué tiene límites

Su capacidad es limitada y se apoya sobre todo en la corteza prefrontal, en conexión con las regiones parietales. La dopamina también influye en su funcionamiento, y tanto un déficit como un exceso de esa sustancia terminan perjudicándola. Es un sistema clave para la atención, el lenguaje, el razonamiento y la planificación, así que cuando falla, el impacto suele sentirse en varias áreas de la vida diaria.

Cuando trabaja con dificultad, lo habitual no es un olvido dramático sino pequeñas interrupciones: entrar a una habitación sin recordar para qué, perder el hilo de una frase o no retener un dato recién escuchado. En muchos casos la información no desapareció. La atención estaba puesta en otra cosa y no pudo sostener esa pieza.

Los factores que la sobrecargan

  • La hiperconectividad y la costumbre de hacer varias tareas a la vez, que fragmentan la atención.
  • La falta de sueño, que reduce la eficiencia de los procesos necesarios para concentrarse.
  • El estrés y la ansiedad, que ocupan espacio mental con preocupaciones.
  • La depresión, que puede enlentecer el pensamiento.
  • El alcohol, ciertos medicamentos y los tranquilizantes.
  • Problemas médicos como el hipotiroidismo, la anemia, el déficit de vitamina B12 y la apnea del sueño.

El envejecimiento produce un enlentecimiento gradual del procesamiento, pero no toda dificultad es normal ni esperable. Si los olvidos avanzan, se suman desorientación o pérdida de autonomía, o preocupan a quienes rodean a la persona, corresponde una evaluación profesional. También el trastorno por déficit de atención, que en algunos casos pasa inadvertido desde la infancha hasta la adultez, puede expresarse como fallas en este sistema.

Lo que señalan los especialistas

Según el material consultado, los especialistas destacan hábitos concretos para mejorar el funcionamiento de esta memoria, con efectos que pueden notarse. Entre ellos figuran dormir las horas necesarias e incorporar ejercicio aeróbico de forma regular. Lo que queda claro es que el cuidado del descanso y del cuerpo forma parte del mismo cuadro que la atención y el ánimo.

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Norma CharoleComunidades y derechos

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