Miércoles, 9 de septiembre de 2026
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Voces del Impenetrable

Hayato Date le ganó la pulseada al mercado global: el director de Naruto contó por qué se plantó frente a la presión extranjera y privilegió la identidad japonesa de la serie

En una conferencia reciente, el responsable del anime reveló que desde el arranque de la producción lo empujaron a pensar en el público de afuera, y que eligió mirar hacia adentro. Cómo tomó la decisión, qué respondió a las quejas que llegaron desde Estados Unidos por las armas de filo y por qué esa terquedad terminó siendo la llave del fenómeno mundial.

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Milagros ParedesCultura y espectáculos · 9 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

A esa altura de la conferencia en Anime India, con el aire acondicionado zumbando de fondo y el olor dulzón del café filtrándose desde la mesa de prensa, Hayato Date ya se había ganado al auditorio. Lo contó con la calma de quien revisa un cuaderno viejo: cuando arrancó la producción del anime de Naruto, él y su equipo sintieron desde el primer día el peso de un fenómeno que todavía estaba naciendo. El manga de Masashi Kishimoto ya arrastraba multitudes, y los enviados de medios extranjeros no paraban de aparecer por las reuniones de producción como si fuera un estreno de Hollywood. Date, curtido en mil batallas de la animación japonesa, lo admitió sin vueltas.

"Para ser sinceros, cuando hicimos Naruto, incluso entonces, ya había una gran presión para hacer que la serie vendiese bien fuera de Japón", reconoció el director ante el público. Y agregó una frase que, a mi entender, resume toda su filosofía de trabajo: "Simplemente no se puede crear algo si te estás preocupando constantemente sobre gustar a la audiencia extranjera". Esas dos líneas son la columna vertebral de lo que vino después, y lo que vuelve a este caso tan interesante para discutir hoy, cuando Hollywood vuelve a meter mano en el universo Kishimoto con una película en acción real.

La estrategia japonesa que enloqueció a Estados Unidos

La decisión que tomó Date con su equipo fue directa, casi escolar. Antes de definir cualquier movimiento creativo, se hicieron una sola pregunta, y la repitieron hasta gastarla: qué necesitaba la serie para funcionar en Japón. Punto. Todo lo demás, el mercado externo, las modas, las sensibilidades de otros públicos, quedó relegado. Date lo planteó como una cuestión de supervivencia artística: si empezás a filtrar la obra por lo que van a pensar afuera, dejás de hacer la obra.

Lo que siguió fue una colección de quejas que llegaron desde Estados Unidos, donde los equipos de doblaje y distribución pusieron el grito en el cielo por algo que a los japoneses les resulta natural: el uso de kunai y de otras armas de filo por parte de los personajes. La queja era razonable desde el punto de vista de la sensibilidad norteamericana, sobre todo después de varios tiroteos escolares que habían marcado a esa sociedad. Pero Date tenía una respuesta contundente, casi pedagógica: "Si quitas los kunai, ya no es Naruto". Y agregó que su objetivo era que el público de afuera viera la serie tal cual era, sin adaptaciones que le sacaran el alma.

Una terquedad que se volvió fenómeno global

Lo más llamativo de esta historia, y lo que a mí me sigue sorprendiendo cada vez que lo pienso, es que la decisión de plantarles el pulgar a las presiones internacionales no terminó en un fracaso comercial, sino exactamente al revés. Naruto se convirtió, junto a Dragon Ball y One Piece, en uno de los animes con mayor alcance global de las últimas décadas. La serie llegó a más de ochenta países, se dobló a decenas de idiomas y multiplicó las ventas del manga original. Es decir: la esencia japonesa terminó siendo, paradojalmente, la mejor estrategia para conquistar al mundo.

“Si quitas los kunai, ya no es Naruto.”Hayato Date, director del anime

Hoy, mientras la película en acción real avanza bajo la dirección de Destin Daniel Cretton, la discusión vuelve a estar sobre la mesa con una fuerza nueva. El equipo de producción estadounidense tendrá que decidir si sigue el camino abierto por Date, preservar la obra de Kishimoto con todos sus elementos culturales y sus armas características, o si toma otro rumbo, el de las adaptaciones edulcoradas que ya vimos fracasar en otros casos. Mientras tanto, yo me quedo pensando en una cosa que me pasó en una fiesta de cumpleaños, allá por 2004, cuando un chico al que le doblaba la edad me preguntó con cara de circunstancia si yo creía que Naruto era mejor que Dragon Ball. Le dije que no eran comparables, como no son comparables un buen asado y un buen locro. Se enojó. Pero la pregunta, en el fondo, era la misma que ahora se hace la industria: cómo hacer para que una historia japonesa llegue entera a una mesa servida con otros cubiertos.

  • La presión internacional existía desde la preproducción y estaba vinculada al éxito arrollador del manga de Kishimoto.
  • Date respondió con una decisión metodológica: pensar primero en el público japonés y dejar todo lo demás en segundo plano.
  • Las quejas llegadas desde Estados Unidos se concentraron en el uso de kunai y armas de filo en las escenas de combate.
  • La postura del director fue firme y no negoció cortes: para él, modificar esos elementos significaba destruir la identidad de la serie.
  • Lejos de fracasar, la estrategia convirtió a Naruto en un fenómeno global comparable a Dragon Ball y One Piece.
  • El debate reaparece ahora con la película en acción real dirigida por Destin Daniel Cretton.
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Milagros ParedesCultura y espectáculos

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