La fiebre de la inteligencia artificial recalienta el sistema eléctrico de Estados Unidos: qué se juega detrás del boom de los centros de datos
El crecimiento exponencial de los servidores que entrenan modelos de IA ya consume el 4,4% de la electricidad del país y amenaza con duplicar esa cifra en pocos años. Comunidades, redes de transmisión y proyectos por más de 156.000 millones de dólares quedan en el medio de una pulseada que cambia el mapa energético.

A veces un tema tan técnico como el consumo eléctrico de los centros de datos empieza a entenderse mejor cuando uno imagina el zumbido constante de un transformador y el olor metálico que sale de una sala llena de servidores trabajando a toda hora, ese runrún que no se apaga nunca porque hay modelos de inteligencia artificial que necesitan aprender y responder a cualquier hora del día y de la noche, y eso tiene un costo enorme que se paga en kilovatios.
Lo que durante años fue una discusión de nicho entre ingenieros y operadores de redes se volvió un asunto de primer orden: el boom de la inteligencia artificial dejó de ser solo una cuestión de chips y algoritmos y pasó a convertirse en un problema energético de escala nacional en Estados Unidos, con cifras que crecen a un ritmo que las propias autoridades reconocen como preocupante y que a mí, como ciudadana y lectora de este presente tan cambiante, me parece de esas cosas que conviene mirar de cerca porque nos marcan el rumbo que viene.
De un consumo marginal a una porción cada vez más grande del total
Según un estudio del Lawrence Berkeley National Laboratory publicado por el Departamento de Energía de Estados Unidos, los centros de datos consumieron alrededor de 176 teravatios hora en 2023, lo que equivale al 4,4% del consumo eléctrico total del país, una cifra que hace apenas cinco años, en 2018, rondaba apenas el 1,9%, y que muestra una aceleración notable en muy poco tiempo.
Las proyecciones oficiales son todavía más llamativas: para 2028, el Departamento de Energía estima que el consumo de estos complejos podría ubicarse entre 325 y 580 teravatios hora, lo que representaría entre el 6,7% y el 12% de toda la electricidad utilizada en el país, es decir que en apenas un lustro el sector podría llegar a multiplicar por más de tres su participación en la matriz eléctrica estadounidense y poner en jaque a redes que, en muchas regiones, ya están al límite de su capacidad.
El cuello de botella, además, no es solamente de volumen sino de tiempos, porque un centro de datos se levanta en meses pero una línea de transmisión de alta tensión, una subestación nueva o una central generadora llevan años de planificación, permisos y obra, y ese desfasaje entre la velocidad de la inversión tecnológica y los tiempos de la infraestructura energética genera un límite muy concreto al ritmo de expansión de la inteligencia artificial que muchas veces no se cuenta cuando se habla de innovación.
Por qué la presión sobre el sistema eléctrico creció tan rápido
Para entender el fenómeno hay que mirar los números que maneja la propia industria. NVIDIA, uno de los principales proveedores de chips del sector, cerró su segundo trimestre fiscal de 2027 con ingresos por 96.221 millones de dólares, un 106% más que un año antes, y su división de centros de datos generó 89.000 millones de dólares, casi el 93% del total, con un crecimiento interanual del 117%, unas cifras siderales que muestran por qué las empresas están dispuestas a ampliar su infraestructura física al ritmo que sea necesario para entrenar y operar modelos cada vez más grandes y costosos.
El fundador y CEO de la compañía, Jensen Huang, lo resumió en la presentación de resultados con una frase que retrata el momento: dijo que la capacidad de cómputo se convirtió, en sí misma, en una fuente de ingresos, y esa lógica explica por qué el dinero corre más rápido que la red eléctrica, porque cuando una empresa ve que vender capacidad de procesamiento es un negocio tan jugoso, la tentación de construir nuevas salas de servidores se impone por encima de las restricciones de infraestructura que intentan ponerle freno.
Comunidades en pie de guerra y proyectos frenados
El otro frente que se abrió en los últimos años es el social: no todo el mundo está dispuesto a recibir estas instalaciones en su patio trasero, y durante 2025, según los datos que difundió el Departamento de Energía, al menos 48 proyectos de centros de datos por unos 156.000 millones de dólares fueron bloqueados o demorados por oposición de comunidades locales, una cifra enorme que muestra cómo la pulseada entre el avance de la inteligencia artificial y la calidad de vida de los vecinos se volvió un tema cotidiano en pueblos y ciudades del país.
- 176 teravatios hora consumieron los centros de datos en 2023, el 4,4% del total eléctrico de Estados Unidos.
- En 2018 esa participación era de apenas el 1,9%.
- Para 2028, el rango proyectado va de 325 a 580 teravatios hora, entre el 6,7% y el 12% del consumo.
- NVIDIA facturó 96.221 millones de dólares en su segundo trimestre fiscal de 2027, con un alza interanual del 106%.
- Su división de centros de datos aportó 89.000 millones, casi el 93% del total, con un crecimiento del 117%.
- Durante 2025, 48 proyectos por 156.000 millones de dólares fueron bloqueados o demorados por oposición comunitaria.
Como me pasó una vez recorriendo un pueblo del interior que se había organizado para rechazar la llegada de una gran obra, lo que empieza como un murmullo en una reunión vecinal puede terminar frenando inversiones enormes, y eso es exactamente lo que está ocurriendo en distintos puntos de Estados Unidos, donde la gente empieza a preguntarse cuánta luz, cuánta agua y cuántos ruidos está dispuesta a tolerar a cambio de un beneficio que no siempre queda en el lugar.
El cuadro completo, entonces, combina tres tensiones que se retroalimentan: una demanda eléctrica que crece a un ritmo pocas veces visto, una infraestructura de transmisión que no puede acompañar ese paso y comunidades que, con argumentos cada vez más sólidos, piden participar de las decisiones sobre qué se instala en su territorio, y en ese cruce se juega buena parte del futuro de la inteligencia artificial y también del modelo energético de un país que, hasta hace poco, no tenía a los centros de datos en el centro de su agenda.
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