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Migraña en adultos: una guía médica reciente redefine cuándo y con qué medicar para prevenir las crisis

La Academia Estadounidense de Neurología y la Sociedad del Dolor de Cabeza publicaron 17 recomendaciones clave: el tratamiento debe ofrecerce a partir de cuatro días de migraña al mes y la elección del fármaco se construye con el paciente, no desde el consultorio.

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Silvana DuarteSalud y sociedad · 3 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

La sala de espera del consultorio neurológico tiene ese silencio particular que solo rompe, de tanto en tanto, el murmullo de alguien que se frota la sien con la palma abierta, como buscando aliviarla antes de que llegue el turno. A esa escena, que se repite en cualquier ciudad de la Argentina, viene a darle respuestas una guía clínica publicada recientemente en la revista Neurology por un panel de especialistas convocado por la Academia Estadounidense de Neurología (AAN) y la Sociedad Estadounidense del Dolor de Cabeza (AHS). El documento reúne 17 recomendaciones sobre prevención farmacológica de la migraña en adultos y, sobre todo, propone dejar de tratar a todos los pacientes con el mismo rasero.

La migraña, conviene recordarlo, es mucho más que un dolor de cabeza fuerte: es una enfermedad neurológica que puede venir acompañada de náuseas, sensibilidad a la luz y al ruido y, en algunos casos, de lo que se conoce como aura (manifestaciones sensoriales previas, como ver destellos o sentir hormigueos). Por eso, cuando los episodios se vuelven frecuentes, la estrategia pasa de cortar cada crisis a prevenirlas para que la vida diaria no quede condicionada por el próximo episodio.

Cuándo conviene empezar a prevenir

  • Cuando hay cuatro o más días de migraña por mes, independientemente de su intensidad.
  • Cuando hay cuatro o más días mensuales con cefalea moderada a intensa, aunque no cumpla todos los criterios de migraña.
  • Cuando la enfermedad genera una discapacidad significativa, aunque no se llegue al umbral de cuatro días.
  • Cuando la calidad de vida, el trabajo o las relaciones se ven deteriorados por los episodios, según el criterio clínico.

Una vez tomada esa decisión, la guía introduce un cambio de enfoque que me parece central y que vale la pena subrayar: la elección del medicamento no es una decisión que el médico toma en soledad, ni una carrera por recetar el fármaco más potente del mercado. El panel sostiene que la conversación con el paciente debe contemplar antecedentes clínicos y psiquiátricos, medicación que ya se esté tomando, contraindicaciones posibles, vía de administración, tolerancia a efectos adversos, costo y, sobre todo, las preferencias de quien va a tomar la medicación todos los días. Los ensayos clínicos disponibles, aclaran los autores, no permiten afirmar que exista un preventivo claramente superior al resto, de modo que la comparación cabeza a cabeza pierde sentido frente a la comparación con las necesidades concretas de cada persona.

Qué fármacos aparecen con mejor evidencia

Entre los tratamientos con mayor respaldo para la migraña episódica, la guía menciona a atogepant, eptinezumab, erenumab, fremanezumab, galcanezumab, propranolol, topiramato y valproato. Para la forma crónica, suma a onabotulinumtoxinA (la conocida toxina botulínica tipo A, aplicada en puntos específicos de la cabeza y el cuello). La lista incluye desde los anticuerpos monoclonales y gepantes, que son desarrollos más recientes y de mayor costo, hasta opciones clásicas como el propranolol o el topiramato, que llevan décadas en uso y cuyo perfil de seguridad y tolerancia ya se conoce bien. La selección, insisto, varía según lo que priorice cada paciente: eficacia, tolerabilidad, seguridad a largo plazo o modalidad de administración.

Casos especiales: embarazo, obesidad, hipertensión y fibromialgia

El documento también se detiene en poblaciones que demandan un cuidado extra. En personas con posibilidad de embarazo, recomienda evitar los agentes con efectos teratogénicos conocidos (es decir, capaces de producir malformaciones en el feto), como el valproato y el topiramato, y privilegiar estrategias no farmacológicas. En pacientes con obesidad, sugiere evaluar el uso de topiramato oral, que entre sus efectos puede colaborar con el descenso de peso. Cuando hay fibromialgia concomitante, la guía menciona a la amitriptilina como una opción a considerar. En personas con hipertensión no tratada, aparecen alternativas como enalapril o telmisartán, fármacos que forman parte del arsenal habitual de los consultorios de clínica médica. El texto advierte, además, que el ácido valproico puede aumentar el riesgo de síndrome de ovario poliquístico, un detalle que merece ser conversado con quienes lo tienen prescrito.

Hay otro punto práctico que la guía quiere instalar: la paciencia. Los especialistas recomiendan esperar entre 8 y 12 semanas antes de evaluar si un preventivo está funcionando, porque muchos de estos fármacos necesitan ese tiempo para mostrar su efecto pleno. Cambiar de medicación antes de ese plazo, explican, suele llevar a abandonar tratamientos que podrían haber servido. Se trata, en definitiva, de aceitar un proceso que muchas veces se vive con frustración, sobre todo cuando las crisis arruinan jornadas de trabajo, cumpleaños o simples planes de domingo.

En la Argentina, donde el acceso a los anticuerpos monoclonales y a los gepantes todavía es limitado por su costo y por la cobertura de las obras sociales y empresas de medicina prepaga, la recomendación tiene una lectura adicional: el menú de opciones realistas para una porción importante de los pacientes sigue pasando por el propranolol, el topiramato, el valproato, la amitriptilina y, en casos seleccionados, por la toxina botulínica. Conocer este marco internacional ayuda, al menos, a llegar al consultorio con preguntas más precisas y a entender por qué el médico propone una determinada droga y no otra.

Si te reconocés en esta sala de espera que describí al principio, el primer paso es pedir turno con un especialista en neurología, en general con derivación previa desde clínica médica. En los hospitales públicos de la Ciudad de Buenos Aires, el Hospital de Clínicas y el Hospital Álvarez atienden neurología de lunes a viernes, en horario matutino, con turnos programados que se solicitan de forma presencial o por teléfono; en la Provincia de Buenos Aires, los hospitales provinciales y municipales cuentan con servicios de neurología y cefaleas, en muchos casos con horario de consultorio externo entre las 8 y las 12. En PAMI, la cobertura para afiliados incluye la consulta con neurólogo y los medicamentos del vademécum, con trámites que se inician en la agencia local o por la página oficial. Conviene llegar con un registro de crisis de al menos un mes, anotar frecuencia, duración, intensidad y posibles desencadenantes, y llevar la lista completa de la medicación que ya se toma. Cuanta más información clara le llevemos al profesional, más productiva será la conversación que esta guía, justamente, propone poner en el centro de la decisión.

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Silvana DuarteSalud y sociedad

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