Viernes, 4 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕

Voces del Impenetrable

PortadaTurismo

Picarones: la rosquilla andina que cruje y se sirve bañada en miel de especias

Nacidos del cruce entre la cocina prehispánica y la repostería traída por los colonizadores españoles, estos aros de calabaza y boniato se fríen en aceite y se coronan con una miel perfumada con canela, clavo y piel de naranja. Una guía completa para entender su origen, su masa y su cobertura clásica.

LG
Leandro GómezAmbiente y agua · 4 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

El nivel de dulzor en los picarones se mide en el espesor de la miel que los baña: una capa fina aromatiza sin empalagar, una capa generosa los convierte en el postre más contundente de la mesa. Crujientes por fuera y esponjosos por dentro, los picarones son una de las piezas más representativas de la repostería peruana, con raíces que se hunden en la cocina andina y una forma heredada de la tradición española. Su identidad se resume en una ecuación sencilla: masa de calabaza y boniato, fritura en aceite bien caliente y cobertura de miel de chancaca perfumada con canela, clavo de olor y piel de naranja.

Una masa con puré y dos horas de reposo

La diferencia con un buñuelo o una rosquilla de harina de trigo está en la base: en lugar de una masa lisa de harina, la preparación parte de un puré. La calabaza y el boniato se pelan, se cortan en trozos y se cuecen unos quince minutos en agua hirviendo. Una vez escurridos, se chafan con varillas y se pasan por un colador fino hasta obtener un puré sin grumos, al que se suman azúcar moreno disuelto en agua, levadura, anís y harina. La mezcla se amasa durante unos diez minutos y luego reposa, tapada, alrededor de dos horas a temperatura ambiente, el tiempo que necesita la levadura para activar la textura aireada que distingue a estos aros.

  • Pelar y trocear la calabaza y el boniato; hervir quince minutos y escurrir.
  • Chafar con varillas y pasar por colador fino hasta lograr un puré liso.
  • Incorporar azúcar moreno disuelto en agua, levadura, anís y harina.
  • Amasar diez minutos y dejar reposar tapado dos horas a temperatura ambiente.
  • Freír en aceite caliente usando una manga pastelera para formar los aros.
  • Escurrir sobre papel absorbente una vez dorada la superficie.
  • Cubrir con miel de chancaca aromatizada antes de servir.

Fritura por anillos y una miel que se arma en cinco minutos

El momento decisivo llega con el aceite caliente. La masa se introduce directamente con ayuda de una manga pastelera, dibujando aros que flotan y se doran de manera pareja. Si el centro tiende a cerrarse durante la cocción, dos palillos permiten abrirlo con movimientos circulares sin romper la estructura. Cuando las rosquillas están doradas por todos lados, se retiran y se apoyan sobre papel absorbente para eliminar el exceso de grasa. La cobertura clásica se prepara en paralelo: se calienta miel con una rama de canela, cuatro clavos de olor y piel de naranja durante cinco minutos; luego se retiran las especias y queda una salsa aromática que se vierte generosamente sobre los picarones ya emplatados. Quien prefiera el paso puede reemplazar esa preparación por miel de flores sin más elaboración, aunque el resultado pierde el perfume cítrico y especiado que define al postre.

Cómo disfrutarlos sin perder equilibrio

El acompañamiento más habitual es fruta fresca de temporada: rodajas de papaya, piña o naranja aportan acidez y agua, contrapesan el dulzor concentrado de la miel y evitan que el plato final resulte pesado. Servirlos apenas fritos, con la miel aún tibia, garantiza el contraste entre la superficie crocante y el centro tierno que define a los picarones bien hechos. Para quienes se animan a prepararlos en casa, la recomendación práctica es controlar la temperatura del aceite —demasiado frío los deja grasosos, demasiado caliente los quema por fuera y los deja crudos por dentro— y respetar el reposo de la masa, porque de ese levado depende la textura aireada. El lector puede empezar por una tanda pequeña, ajustar el punto de fritura con la primera rosquilla y, a partir de ahí, calibrar el resto de la producción con mayor precisión.

LG
Leandro GómezAmbiente y agua

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo