Por qué el cuerpo se agota después de entrenar y qué hacer para recuperarse antes
Una profesora británica de rendimiento deportivo desglosa los mecanismos fisiológicos que se disparan tras una sesión intensa y comparte las claves concretas para acortar el tiempo de malestar y volver antes a la rutina.

A veces uno sale del gimnasio o termina de correr y siente que las piernas pesan, que los brazos no responden igual y que hasta pensar en subir una escalera se vuelve una epopeya. La sala de espera de un centro de rehabilitación siempre me devuelve la misma escena: gente joven, de cuarenta o cincuenta años, sentada con el gesto de quien todavía está pagando los excesos de la semana anterior. Lo que les pasa no es un capricho del cuerpo ni una exageración: es una cadena de procesos que se ponen en marcha apenas uno deja de moverse, y entenderlos ayuda a atravesarlos con menos sufrimiento.
Se lo escuché explicar a Athalie Redwood-Brown, profesora de análisis del rendimiento deportivo en la Universidad de Nottingham Trent, y la idea central es bastante sencilla de traducir: la fatiga después del ejercicio no es una sola cosa, sino la combinación de por lo menos tres fenómenos distintos que ocurren al mismo tiempo y que comprometen tanto al músculo como al sistema nervioso y a las reservas de energía del organismo.
Lo que pasa adentro del músculo
El primer fenómeno ocurre dentro del propio tejido muscular. Para que un músculo se contraiga hace falta que partículas con carga eléctrica (en términos técnicos, iones como el sodio, el potasio y el calcio) entren y salgan de las células en el momento justo. El ejercicio intenso altera ese equilibrio iónico y, como consecuencia, el músculo pierde parte de su capacidad de responder con la misma fuerza. Por eso muchas personas describen la sensación de que los músculos quedaron vacíos o agotados, como si les faltara nafta.
La fatiga central y el combustible
El segundo proceso es lo que los especialistas llaman fatiga central. El cerebro y la médula espinal son los encargados de mandar la orden de moverse, y ante esfuerzos muy intensos o muy largos esa señal se atenúa de manera transitoria. El músculo está intacto, pero le cuesta recibir la orden de activarse con la misma intensidad. Es como si el comando central decidiera, por seguridad, bajar un cambio.
El tercer factor es el combustible. Los músculos trabajan principalmente con carbohidratos almacenados en forma de glucógeno, y después de una sesión prolongada esas reservas quedan en baja. Además, la transpiración se lleva agua y electrolitos como el sodio, que son fundamentales para que músculos y nervios funcionen bien. Si esa pérdida no se repone, el rendimiento cae y el esfuerzo se percibe como más pesado de lo que realmente fue.
No es lo mismo que las agujetas
Redwood-Brown se molestó especialmente en aclarar que esta fatiga inmediata no debe confundirse con el dolor muscular de aparición tardía, conocido como DOMS por sus siglas en inglés (Delayed Onset Muscle Soreness). El DOMS aparece entre uno y tres días después, suele ser localizado y se asocia sobre todo con el trabajo excéntrico, es decir, con los movimientos en los que el músculo genera fuerza mientras se alarga, como cuando uno baja lentamente una pesa o amortigua el cuerpo al bajar una pendiente. Es ese clásico dolor que siente quien vuelve al gimnasio después de meses sin pisarlo, o quien prueba por primera vez un ejercicio nuevo.
Y acá viene un dato que a mí, como periodista, me parece clave para desarmar un mito muy instalado: la fatiga no distingue jerarquías. Un corredor con años de experiencia que hace por primera vez una sesión intensa de fuerza puede quedar tan resentido como alguien que empezó a entrenarse la semana pasada. La diferencia es que el organismo entrenado se recupera más rápido, no que esté exento del golpe inicial.
Qué hacer para recuperarse antes
Para quienes estén en la zona del Área Metropolitana de Buenos Aires y quieran un primer acercamiento profesional al tema, el Hospital de Clínicas José de San Martín (Av. Córdoba 2350, CABA) atiende en el Servicio de Medicina del Deporte de lunes a viernes de 8 a 12, con derivación previa por médico de cabecera. También funciona como referencia la sección de Rehabilitación Cardiopulmonar y Musculoesquelética del Instituto Fleni (Montañeses 2325, CABA), que recibe pacientes con derivación y obras sociales, de lunes a viernes de 9 a 17. Antes de cualquier cambio de rutina, la consulta con un médico deportólogo sigue siendo, por lejos, la mejor inversión.
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