Lunes, 7 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕

Voces del Impenetrable

PortadaVida

Tres movimientos en casa para no resignar fuerza ni equilibrio después de los sesenta

Una rutina breve, diseñada por la entrenadora Denise Austin, trabaja piernas, brazos y abdomen con una silla o una mesa como únicos apoyos. La propuesta apunta a sostener las funciones básicas del día a día antes de que empiecen a fallar.

NC
Norma CharoleComunidades y derechos · 7 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Sentarse y levantarse de una silla sin tomar impulso, caminar por la vereda sin tambalearse o, llegado el caso, poder incorporarse desde el piso son gestes que durante buena parte de la vida ocurren casi sin pensarlos. Después de los sesenta, muchos de esos movimientos empiezan a pedir un esfuerzo que antes no estaba ahí. La pérdida de fuerza muscular, de movilidad articular y de estabilidad no llega de un día para el otro: se instala de a poco y, cuando se hace evidente, suele ser porque ya condiciona la autonomía cotidiana. Trabajar esas funciones antes de que se deterioren es, precisamente, la lógica de una rutina breve que puede hacerse en casa, sin gimnasio, sin pesas y sin más equipamiento que una silla firme o una superficie elevada.

Una propuesta con nombre y trayectoria

La rutina fue difundida por Denise Austin, entrenadora con varias décadas de recorrido en el mundo del fitness, y está pensada como un punto de partida accesible para personas mayores que quieren mantener el cuerpo entrenado sin recurrir a un gimnasio. La idea de fondo es simple: replicar, con ejercicios controlados, las acciones que el cuerpo repite a diario, de modo que sigan siendo posibles el mayor tiempo posible. Trabajar piernas, brazos y abdomen con movimientos que no requieren equipamiento especial es una manera directa de cuidar la autonomía en la casa y en la calle.

Los tres movimientos de la rutina

  • Toques de glúteo frente a una silla: pararse con los pies al ancho de las caderas, descender como si uno fuera a sentarse con la espalda recta y los brazos extendidos al frente, rozar apenas el asiento y volver a ponerse de pie. Replica el gesto de sentarse y levantarse, clave del día a día, y fortalece piernas y glúteos, que son la base de la estabilidad. Se puede graduar desde apoyarse por completo hasta apenas tocar el asiento.
  • Flexiones elevadas sobre una mesa, un banco o el brazo firme de un sofá: las manos se apoyan al ancho de los hombros, se flexionan los codos para acercar el pecho a la superficie y se estiran los brazos para volver a la posición inicial, con el abdomen activo durante todo el movimiento. Trabaja pecho, hombros y brazos, y refuerza la capacidad de empuje que se usa, por ejemplo, para levantarse de una silla o recuperar el equilibrio.
  • Vacío abdominal y abdominales en V sentado en una silla: el torso se inclina unos 45 grados, los pies se despegan del piso con las rodillas flexionadas y las manos quedan al costado de las caderas. Se llevan las rodillas al pecho mientras el torso avanza y se estiran las piernas hacia adelante mientras el tronco vuelve a recostarse. Se recomiendan 20 repeticiones y, al final, sostener la posición durante 20 segundos. El abdomen y el core son el centro de la postura, la protección de la espalda y la coordinación general del cuerpo.

Por qué estos gestos importan más de lo que parecen

Levantarse de una silla sin ayudarse con los brazos, mantener el equilibrio al cruzar una esquina o tener fuerza suficiente para sostener el propio peso cuando uno tropieza son habilidades que no se valoran hasta que empiezan a fallar. Por eso la rutina pone el foco en tres regiones que sostienen casi todo lo demás: las piernas, que cargan el cuerpo y permiten desplazarse; los brazos y el tren superior, que intervienen en cada empuje y en cada intento de recuperarse; y el abdomen, que estabiliza la columna y coordina los movimientos. Ejercitar esas áreas de manera regular, aunque sea con sesiones cortas y sin peso externo, es una forma concreta de cuidar la independencia en la vida cotidiana y de reducir el riesgo de caídas, que en la edad adulta suelen ser el punto de partida de lesiones con consecuencias largas.

La propuesta de Austin se inscribe en una mirada que ya comparten buena parte de los profesionales que trabajan con personas mayores: la de que la actividad física, incluso a edades avanzadas, no es un lujo ni un adorno, sino una herramienta concreta para sostener la autonomía. Y que, cuando se trata de fuerza y equilibrio, cada repetición cuenta.

NC
Norma CharoleComunidades y derechos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo