Una canción de Julieta Venegas, una sala de espera y el eco inesperado de Ernestina Pais
Rocío Igarzábal contó por radio una historia que se le cruzó tres días después del accidente que le quitó la vida a su amiga y compañera de elenco. Una mujer desconocida, un nene sentado al lado y un tema de Venegas se encargaron del resto.

Todavía me acuerdo de ese olor a café recalentado que suele haber en las salas de espera de los centros de salud, ese olor dulzón que se mezcla con el ruido lejano de un televisor encendido y la tos de alguien que no quiere molestar. Esa mañana del 29 de junio, cuando entré a hacerme un espinograma, el aire estaba cargado de ese modo raro que tienen los días en los que todavía no sabés bien qué te pasa. Hacía exactamente tres días que Ernestina Pais había muerto atropellada por un tren en San Isidro, mientras iba rumbo al teatro para hacer la función de la obra que compartíamos, y yo andaba caminando por la vida con esa especie de nebulosa que te queda cuando todavía no entendés del todo que a alguien que querías ya no lo vas a volver a ver.
Lo que me pasó en esa sala de espera lo contó Rocío Igarzábal el jueves 4 de septiembre al aire de una radio porteña, con la voz entrecortada y avisando, antes de empezar, que el corazón ya le latía fuerte. La historia es de esas que a uno lo dejan callado un rato largo y que, cuando las repite, todavía le tiembla el tono. Y, como suele pasar en estas notas que mezclan arte, amistad y vida cotidiana, vale la pena armarla con cuidado, porque hay un detalle musical que cambia todo.
El viaje en auto y los gritos a todo volumen
Para entender lo que pasó en esa sala hay que retroceder un poco. Durante los meses de gira de la obra que Igarzábal y Pais protagonizaban juntas, las dos habían construido una amistad cercana, de las que se hacen entre bambalinas, a la salida del teatro, en los viajes largos de colectivo o, mejor todavía, en los viajes cortos en auto. En uno de esos regresos, después de alguna función, Igarzábal le confesó a Ernestina que tenía una debilidad confesable: "Todo está aquí", del MTV Unplugged de Julieta Venegas, era una de sus canciones favoritas, de esas que se escuchan muchas veces y nunca cansan. Tan hondo le había llegado el tema que la había inspirado a componer una canción para su hija, que va a formar parte de un disco que la actriz y cantante tiene previsto para el año próximo.
Y acá viene el detalle que a mí, personalmente, me parte un poco la cabeza cada vez que lo pienso: las dos terminaron cantando el tema a los gritos en el auto, con esa euforia medio infantil que aparece cuando un tema te toca justo en el lugar correcto. Dicen que fue un viaje de esos en los que se ríe fuerte, en los que una se olvida de que tiene que madrugar al otro día y en los que, de repente, se canta con los ojos húmedos sin saber bien por qué. Un viaje cualquiera que, visto en retrospectiva, deja de ser cualquiera.
La sala de espera, la mujer mayor y el hijo que la reconoció
El lunes 29 de junio, todavía shockeada por la noticia que se había conocido el viernes anterior, Igarzábal fue a hacerse un estudio médico. En la sala de espera había pocas personas, esa tranquilidad engañosa que a veces es peor que el bullicio, porque te deja más espacio para pensar. Ahí se le acercó una mujer mayor que la reconoció y le dijo algo que, en cualquier otro contexto, sería una de esas frases que uno escucha y archiva en el fondo de la memoria: que su hijo había sido una de las últimas personas en estar junto a Ernestina Pais en los momentos finales del accidente, después de que el tren la embistiera en San Isidro, y que estaba muy afectado por lo que había vivido. La actriz no entró en detalles, pero alcanza con imaginarse la escena para entender el peso de esa conversación en una sala que ya estaba en silencio.
Cuando a Igarzábal la llamaron por nombre para pasar al estudio, la escena cambió de golpe. A varios asientos de distancia, una mujer sentada con su hijo pequeño al lado, sin que mediara casi ninguna palabra, empezó a cantar en voz alta. Lo que cantó fue lo que no podía ser otra cosa: "Todo está aquí", la misma canción de Julieta Venegas, la misma que las dos actrices habían escuchado juntas en el auto entre lágrimas y risas, la misma que había inspirado la canción que Igarzábal le escribió a su hija.
"Se me erizó la piel. Yo sentí que me estaba diciendo que ella estaba bien"
“Se me erizó la piel. Yo sentí que me estaba diciendo que ella estaba bien.”Rocío Igarzábal, en declaraciones radiales del 4 de septiembre
La frase, pronunciada en el estudio de radio con la voz todavía cuidándose de no quebrarse del todo, resume todo lo que cuesta explicar con palabras. Igarzábal dijo, además, que desde ese día la música de Julieta Venegas pasó a ocupar un lugar nuevo en su vida. No es un dato menor: se trata de una artista que está a punto de sacar un disco y que, de un día para el otro, vio cómo una de sus canciones favoritas se convertía también en una especie de canal, en un puente finito entre lo que se fue y lo que todavía queda dando vueltas.
La pregunta que me queda dando vueltas
Ernestina Pais murió el 26 de junio en San Isidro, atropellada por un tren cuando se dirigía al teatro para hacer la función de la obra que protagonizaba junto a Rocío Igarzábal. Tenían por delante más funciones, más viajes en auto y, seguramente, más cantitos a los gritos. Hoy, en esa historia que Igarzábal eligió compartir en vivo, queda flotando una pregunta que a mí, personalmente, me cuesta responder desde el racionalismo con el que uno se levanta todos los días a laburar: ¿hay cosas que,, no se pueden explicar del todo? Porque hay coincidencias que parecen inocentes y hay otras que llegan en el momento justo, en la sala de espera indicada, con la persona indicada, cantando el tema indicado.
Uno puede pensar que fue pura casualidad, una mujer que tarareaba Venegas sin saber nada. También puede pensar, como dijo Igarzábal con la voz todavía temblorosa al aire, que fue Ernestina haciéndose escuchar a su manera. Las dos lecturas conviven y, en el fondo, no se pelean. A veces lo más honesto que se puede hacer como cronista es dejar planteada esa duda y, sobre todo, contar la historia como la contó su protagonista: con la piel todavía erizada y una canción de fondo.
- La obra que compartían Igarzábal y Pais estaba en gira cuando ocurrió el accidente en San Isidro.
- "Todo está aquí", de Julieta Venegas, es la canción que las dos actrices cantaron juntas a los gritos en un viaje en auto.
- El episodio en la sala de espera ocurrió el 29 de junio, tres días después de la muerte de Ernestina Pais.
- Igarzábal tiene previsto lanzar un disco el año próximo que incluye una canción inspirada en ese tema de Venegas, escrita para su hija.
- El relato se hizo público el 4 de septiembre en un programa de radio, con la voz entrecortada de la actriz.
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