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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Voces del Impenetrable

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Adiós a Fernando Confessore: el hombre del tiempo que se ganó la pantalla con oficio y calidez

Murió a los 58 años, en su casa de Versailles, después de más de tres décadas frente a cámara. Colegas, amigos y familiares lo despidieron con mensajes que resaltaron su claridad para comunicar y su costado más humano.

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Milagros ParedesCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Adiós a Fernando Confessore: el hombre del tiempo que se ganó la pantalla con oficio y calidez

Amaneció con un runrún raro en los grupos de colegas. Antes del mediodía, el silencio se había instalado en los pasillos de los noticieros y en las redacciones de los portales de noticias. A mí me llegó la confirmación mientras tomaba el primer café, ese que siempre sale peor cuando la noticia es de las que no querés leer. Y así, casi sin pensarlo, me encontré abriendo la ventana de la cocina para ver cómo estaba el cielo en mi barrio, como si de repente necesitara que alguien me explicara qué tiempo se viene. Fernando Confessore, el meteorólogo que durante treinta años le puso palabras llanas al clima de la tele, se había muerto en su casa de Versailles en las primeras horas del viernes, después de una descompensación. Tenía 58 años y un lugar propio en la memoria de los argentinos.

Lo que más me llamó la atención, mientras repasaba las repercusiones, fue que su historia con la meteorología arrancó de una forma muy cinematográfica, casi de novela de iniciación. Confessore nació como comunicador el 31 de mayo de 1985, cuando tenía apenas 16 años. Aquel día Buenos Aires soportó una tormenta histórica: cayeron 330 milímetros en 48 horas, un cuarto de la ciudad terminó bajo el agua y hubo catorce personas muertas. Él iba camino al colegio y se topó con el agua a la altura de las rodillas. Miró al cielo y, como lo contó después su colega Santiago do Rego, tomó una decisión que le cambió la vida: «Ese fue el momento en que dijo: tengo que contarle a la gente qué va a pasar para que esté preparada». Y vaya si cumplió.

El último pronóstico y la despedida en cámara

Su último paso por la pantalla fue el jueves por la tarde, en un noticiero que muchos todavía reconstruyen en las redes. Antes de irse, le dejó a sus compañeros de estudio una de esas frases que parecen chistes pero después quedan resonando: «Yo voy a estar siempre. Estaba acá, no me veías, pero estaba acá. Siempre presente.» Pocas horas después, en su domicilio de Versailles, sufrió la descompensación que terminó con su vida. La noticia se conoció de golpe y descolocó a un medio que no está acostumbrado a despedir a alguien así, de un día para el otro, sin señales previas.

Los mensajes de sus colegas y de su familia

  • Mauricio Saldívar, coautor del libro «Meteorología para todos» (2006), publicó una foto de ambos bajo cielo abierto y escribió: «Qué tristeza y sorpresa enorme. Un placer haber compartido contigo la pasión por la meteorología. Hasta siempre, Fernando. Gracias por tanto, y un abrazo a tu familia.»
  • Julieta, su hija mayor y jugadora de vóley, subió a sus redes dos historias con fotos familiares y una frase que duele: «Te voy a amar y extrañar toda la eternidad.» Confessore era padre de tres hijas (Julieta, Candela y Jimena) y estaba casado con Paula Franco.
  • El Club Atlético Vélez Sarsfield, del que era socio y vecino, emitió un comunicado en el que destacó «su claridad para comunicar, su profesionalismo y su cercanía con el público», que lo convirtieron en «una de las figuras más reconocidas de la meteorología televisiva». «Su partida genera una profunda tristeza en la familia velezana», cerraron.
  • Cecilia Martí lo recordó con el tono de los afectos largos: «Confe, ¿va a nevar en Buenos Aires? Me divertía mucho picantearte y vos, siempre con esa respuesta tan seca, terrenal y divertida.»
  • Eleonora Cole lo describió en cuatro palabras que pesan: «sencillo, de perfil bajo, profesional como pocos y un tipazo de corazón enorme.»

Yo, como millones de argentinos, me acostumbré a su voz explicando frentes fríos y tormentas en horarios en los que uno ni siquiera había terminado de tomar la leche. Por eso, más allá del dolor, me queda la sensación de que se fue alguien que ocupaba un lugar cotidiano, casi hogareño, en la rutina de la tele. Y que la mejor manera de honrarlo es seguir mirando el cielo, preguntarnos qué se viene y recordar que, durante treinta años, hubo un señor al que le pedimos que nos lo explicara con palabras simples, sin vueltas, con esa mezcla de ciencia y conversación de mesa larga que él había hecho propia.

MP
Milagros ParedesCultura y espectáculos

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