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Voces del Impenetrable

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Adiós a Zulema Galperín: la actriz que empezó tarde, a los sesenta, y se quedó hasta el final

Tenía 90 años y un recorrido que arrancó en un taller de teatro cuando la mayoría ya piensa en jubilarse. Pasó por Chiquititas, Gasoleros, el colectivo-escenario de Fango negro y la Abuela cocainómana de Duro de domar. La Asociación Argentina de Actores y Actrices confirmó su fallecimiento.

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Milagros ParedesCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Adiós a Zulema Galperín: la actriz que empezó tarde, a los sesenta, y se quedó hasta el final

El olor a café recién servido y el murmullo de los pasillos de la Asociación Argentina de Actores y Actrices me recibieron esta mañana con una noticia que, siendo honesta, me apretó el pecho: se fue Zulema Galperín, a los 90 años, y yo me quedé pensando en esas actrices enormes que uno descubre tarde, cuando ya no están, y se pregunta cómo no las vio antes. La entidad que nuclea a quienes hacen de la actuación su vida la despidió con un comunicado, y yo me quedé dando vueltas por su historia, que es de esas que vale la pena contar bien contada.

Un arranque que desmiente cualquier manual

Galperín nació el 18 de abril de 1936 y durante décadas hizo lo que la mayoría de nosotros hacemos cuando tenemos que ganarnos el pan: trabajar en una oficina, cumplir horarios, lidiar con papeles y números. Recién en 1990, ya entrada en los sesenta, se le cruzó eso que uno llama vocación pero que en el fondo es un llamado más antiguo y más fuerte, y se anotó en un taller. La primera parada seria fue el taller de Entrenamiento Teatral del Teatro Regio, en 1997. De ahí en más, no paró: pasó por otros cursos, por seminarios, por cuanto espacio de formación encontró, y se subió a un escenario como si tuviera treinta años menos. Se afilió a la Asociación en 2000 y, desde entonces, no soltó más el oficio.

De la tele masiva a las plataformas, pasando por el colectivo que hacía de teatro

En televisión, la vimos en ficciones que muchos de nosotros tenemos grabadas en alguna parte de la memoria: Poliladron, Verdad consecuencia, Primicias, Epitafios, Viudas e hijos del rock and roll, Buenos chicos. Y, sobre todo, Chiquititas y Gasoleros, dos títulos que marcaron a fuego una época y que la tuvieron a ella haciendo lo que mejor sabía hacer, que es aparecer y dejar huella aunque no sea la protagonista de cartel. En plataformas más recientes estuvo en Nada, Envidiosa, El tiempo de las moscas y Gutiérrez is mai neim, además de series más longevas como En París, una miniserie que también lleva su nombre en los créditos.

  • Chiquititas y Gasoleros, las ficciones que la ubicaron en la memoria masiva de varias generaciones.
  • Poliladron, Verdad consecuencia, Primicias, Epitafios, Viudas e hijos del rock and roll y Buenos chicos, títulos que completan su paso por la televisión abierta y de cable.
  • Nada, Envidiosa, El tiempo de las moscas y Gutiérrez is mai neim, su desembarco en plataformas digitales.
  • Películas como Puan, La extorsión, Los justos, Eva Perón, Pacto de silencio, Blindado, Los adoptantes y La estrella roja, además de la miniserie Superhéroes y heroínas urban@s, surgida de un taller de la Fundación SAGAI.

La Abuela cocainómana y el colectivo de Fango negro

Si me preguntan por qué Zulema se ganó un lugarcito en el cariño de gente que, como yo, se crió mirando tele a la noche, la respuesta está en Préstico, el bloque de Duro de domar que conducía Roberto Pettinato. Ahí, junto a Sebastián Presta, le dio vida a la Abuela cocainómana, un personaje que era pura desfachatez y que, sin necesidad de palabras soeces ni golpes bajos, arrancaba carcajadas con solo aparecer en cuadro. Pero si hay algo que a mí, personalmente, me parece una joyita de su historia, es Fango negro, la obra de José Gabriel Núñez dirigida por César Sambataro y producida por el grupo Clan-Destino: los espectadores compraban un pasaje de colectivo, se sentaban como si fueran pasajeros de un bondi cualquiera de la ciudad de Buenos Aires, y la función empezaba ahí adentro, con ella y con el resto del elenco metidos en el vehículo en movimiento. Teatro dentro de un ómnibus, con la ciudad pasando por la ventanilla. Eso es de una osadía que a mí me sigue quitando el sueño cada vez que lo cuento. También pasó por Motivos para levantarse por la mañana, de Germán Akis y Raúl Baroni, en el Teatro Arlequino, otro escenario donde dejó su marca.

Una partida que deja huella

Yo no la traté personalmente, y voy a ser franca: cuando me enteré de la noticia me acordé de una frase que dice más o menos así, y la tiro acá como se tira un chamamé al aire, porque algo de ese ritmo andariego tenían sus personajes: irse es volver, dijo alguien, y uno se consuela pensando que esta actriz que empezó a los sesenta, que se formó en un taller cuando muchos ya están pensando en jubilarse, que se animó a un teatro dentro de un colectivo, que le puso el cuerpo y la voz a una abuela desatada en plena televisión de los noventas, nos deja el ejemplo de que a actuar se puede empezar cuando se cruza esa cosa interna que uno no sabe bien cómo nombrar. La Asociación Argentina de Actores y Actrices, al despedirla, destacó su interés poético por la profesión y su militancia gremial, y la verdad es que a mí, mientras escribo esta nota, se me ocurre que el mejor homenaje que uno puede hacerle es recordar que las cosas importantes, a veces, empiezan tarde, y que mientras hay tiempo, hay función.

MP
Milagros ParedesCultura y espectáculos

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