Al Di Meola volvió a Buenos Aires con una noche donde el flamenco le abrió la puerta al jazz
Después del infarto que lo frenó en Rumania en 2023, el guitarrista estadounidense regresó a La Trastienda con dos músicos españoles y un repertorio que mezcló a Chick Corea, The Beatles, Piazzolla y Paco de Lucía en una misma sentada de más de dos horas.

Lo primero que sentí cuando crucé la puerta de La Trastienda fue ese olor a madera vieja y a cerveza que tienen los clubes cuando se llenan, una mezcla que acá, en Buenos Aires, siempre me hace pensar en los bailes de mi abuela en algún patio del Litoral. Después llegó el sonido: la guitarra criolla de Al Di Meola abriéndose paso entre el murmullo de la gente, afinando, probando, como quien acomoda las cuentas de un rosario antes de empezar a rezar. Y a mí, que vine a cubrir la noche, me pasó algo que no esperaba: terminé bailando adentro de la cabeza con cada uno de los temas, porque el estadounidense, a sus 72 años, volvió a la Argentina como si volviera a casa, y eso se nota desde la primera nota.
El guitarrista subió al escenario acompañado por el español Isaac Romagosa y el percusionista Sergio Martínez, cuyo cajón flamenco fue el ancla rítmica de toda la velada. El formato acústico, con algunas distorsiones puntuales que aparecían justo cuando la música lo pedía, definió un show íntimo que se estiró durante dos horas y diez minutos prácticamente sin pausas. La Trastienda estaba a sala llena, con público de todas las edades parado casi al borde del escenario, y Di Meola lo dijo bien claro al micrófono, en un español con tonada que todavía arrastra alguna erre: "Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer", tirándole un mimo al corazón de todos los que el martes a la noche habíamos pagado una entrada para ir a verlo.
Una paleta sonora con acento andaluz
La elección de los músicos no fue un detalle menor. Di Meola buscó para esta gira guitarristas y percusionistas con raíces en el flamenco, y eso le cambió el color a todo el concierto. Sonaron fandangos, soleás y rítmicas afrolatinas que convivieron con fragmentos de jazz de fusión, con evocaciones mediterráneas y con varios momentos de improvisación colectiva que estiraron los temas mucho más allá de su forma de estudio. En algunos pasajes se notaba que el diálogo entre las dos guitarras y el cajón era realmente de conversación, no de acompañamiento, y eso fue lo que más disfruté yo, que fui a la sala con la expectativa de encontrarme con un virtuoso y me terminé encontrando con un músico que sigue teniendo muchas ganas de jugar.
Medio siglo de carrera en un solo programa
- Pasajes de su época con Return to Forever, el proyecto que compartió con Chick Corea.
- Versiones de The Beatles, con "In My Life" como uno de los momentos más delicados de la noche.
- Una lectura de "Café 1930", de Astor Piazzolla, donde el cajón de Martínez le dio al tango una respiración casi española.
- Un cover de "The Sound of Silence", de Simon y Garfunkel, que arrancó con un arreglo acústico inesperado.
- "Ava's Dance in the Moonlight", una pieza que Di Meola dedicó a su hija, y que sonó como una carta de amor tocada con los dedos.
- Temas propios como "Misterio", "Infinite Desire" y "Eden", que repasaron distintas etapas de su disco "Elegant Gypsy" en adelante.
“Volví a nacer”Al Di Meola, desde el escenario de La Trastienda
El tramo final fue el más eléctrico de la noche. Ya sobre el cierre, Di Meola invitó al público a arrimarse al escenario, y la gente se fue acomodando como pudo adelante, con los teléfonos en alto filmando mientras él atacaba "Mediterranean Sundance", esa pieza que desde hace décadas quedó asociada al nombre de Paco de Lucía. Las palmas del público se mezclaron con el cajón y con las dos guitarras, y durante un par de minutos La Trastienda pareció un tablao andaluz caído en pleno centro de Buenos Aires, con el Borges y el Güemes a pocas cuadras y los colectivos pasando por San Telmo con las puertas abiertas. Yo me quedé pensando, mientras la gente aplaudía de pie, que muy pocas veces se ve a un músico de 72 años recuperar el escenario con tanta hambre después de un susto tan grande como el que él se llevó en Bucarest, durante la gira de 2023 que nunca terminó de pasar por la Argentina.
Lo que no salió tan bien
También hubo asperezas, y corresponde contarlas. En un tramo de la noche Di Meola llamó a su ingeniero de sonido al escenario para resolver un problema con el audio, y algunas de las improvisaciones se estiraron hasta que la tensión se fue perdiendo de a poco. Son detalles que no arruinaron el conjunto, pero que muestran que el show se sostuvo más por el magnetismo del guitarrista y de sus músicos que por una producción aceitada hasta el último detalle. La pregunta que me quedó dando vueltas, y que les dejo a ustedes para cerrar la crónica, es qué repertorio o qué colaboración de las muchas que Di Meola tiene en su historia me gustaría volver a verlo tocar en su próxima visita: si una recuperación entera del disco con Paco de Lucía, si un mano a mano con algún guitarrista argentino, o si aquel jazz de fusión de los tiempos de Return to Forever que a mí, personalmente, me sigue sonando como una de las cosas más bonitas que se grabaron en los estudios de Nueva York en los años setenta.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Disney anuncia otro remake más y asume su falta de ideas: En marcha un live-action de 'Enredados' y ya hay director

El día que dieron por muerto a Zac Efron y la historia de un accidente que realmente tuvo

Regresa la icónica serie Malcolm con imágenes que emocionan a fans
