Aplastante y con perlas: Argentina pasó por encima a un rival que llegó a los saltos
La Selección goleó 7-0 a Burkina Faso en el Monumental. Del otro lado había un plantel Sub-23, jugadores sin dormir y un vuelo cancelado a último momento. Mastantuono gritó su primer gol con la camiseta grande.

Hay que tener mala suerte, o muy buena, según se mire. Burkina Faso aterrizó en Ezeiza a las 15.30, cinco o seis horas antes de que la pelota empezara a rodar en el Monumental. Se bajaron de un avión que no era el que tenían contratado, con un plantel rehecho en tiempo récord, lleno de juveniles Sub-23, varios de los cuales ni siquiera formaban parte de la convocatoria original. Y del otro lado los esperaba esta Argentina, que cuando se pone a jugar así no perdona a nadie, ni siquiera a un rival que llegó a los saltos. La cosa terminó 7-0, y si me apuran, fue poco.
El partido se definió antes de que el Monumental se acomodara en la butaca. A los cuatro minutos, el Toro capturó un rebote después de que le atajaran un penal y abrió el marcador. Iban ocho cuando llegó un gol en contra de Moumouni Diallo, y a los 12 ya era 3-0 con la firma de Prestianni, que cada vez que se pone la celeste y blanca muestra cosas interesantes. Antes del descanso, Nico Paz y Julián Álvarez estiraron la diferencia a un 5-0 que sonaba a goleada de película.
El segundo tiempo tuvo premio para Mastantuono
En el complemento, cuando el trámite ya estaba liquidado, apareció la perlita que justifica cualquier amistoso: Franco Mastantuono se sacó la mufa de encima y gritó su primer gol con la Selección. Un desahogo enorme para un pibe que venía pidiendo pista. Después, Giuliano Simeone, el hijo del Cholo, cerró la cuenta con el 7-0 definitivo. Detalles que a Scaloni le deben haber gustado, más allá del resultado.
Cómo se armó (o se desarmó) el rival
Porque la historia del otro lado de la cancha es tan llamativa como el resultado. Burkina Faso tenía que haber llegado el 30 de septiembre en un vuelo chárter contratado por la organizadora Eurodata Sport. Una revisión de la aeronave detectó una falla técnica y se canceló todo. La empresa buscó una salida comercial: Costa de Marfil, conexión en París, unas 25 horas de viaje en clase turista. Varios convocados dijeron que no, que era un disparate hacer eso antes de un compromiso internacional. Y los que aceptaron terminaron viajando igual, pero con un itinerario pensado para turistas cansados, no para futbolista profesional.
Para completar la delegación hubo que tirar mano de los juveniles Sub-23. La selección grande, la que iba a enfrentar a Malí en la misma ventana, vio cómo ese partido se cancelaba y varios chicos tuvieron que irse hasta Casablanca para subirse al vuelo especial que finalmente los trajo a Buenos Aires. Mientras tanto, desde la Federación burkinesa, el Gobierno y la representación diplomática en Marruecos movían hilos para que el encuentro no se cayera. Al final, se jugó, pero con lo que había.
“Tratamos de respetar al rival y agradecerles que hayan venido igual, con todas las complicaciones que tuvieron.”Lionel Scaloni
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