Argentina se anota en la carrera por los centros de datos para inteligencia artificial y quiere quedarse con una parada estratégica en la región
Disponibilidad de tierras, clima templado, lejanía de zonas de conflicto y una megavatio más barato que en los principales mercados vuelven a poner al país en el radar de los capitales que mueven la economía digital. Inversores y especialistas coinciden en las ventajas, pero marcan una condición sin la cual nada de eso se concreta.

Desde la Redacción – Cuando Noelia Miranda, directora de secure power para Argentina, Paraguay y Uruguay de Schneider Electric, repasa la historia reciente del país en materia de centros de datos, no puede evitar hacer un gesto de fastidio: la Argentina, dice, quedó bastante rezagada en un mercado que hoy mueve miles de millones de dólares y que alimenta buena parte del crecimiento de la inteligencia artificial en el mundo. Pero a esa lectura crítica le agrega, casi en la misma frase, una mirada optimista que recorre cada vez más despachos de empresas tecnológicas y fondos de inversión: la posibilidad de posicionarse como uno de los hubs más importantes del mundo sigue intacta, y hay condiciones internas que empiezan a hacerla atractiva otra vez.
Miranda conversó con este portal en el marco del Data Center Summit 2025 que se realizó en Buenos Aires, y dejó una definición que condensa el ánimo de buena parte del sector: nuestro país es tierra fértil para seguir creciendo en el terreno de los centros de datos. La frase no es retórica: enumera, una por una, las cartas que la Argentina tiene en la mano. La disponibilidad de terrenos extensos en regiones poco pobladas, un clima que ayuda a manejar la temperatura de los servidores, y la distancia geográfica de zonas calientes del mapa bélico internacional son, según la ejecutiva, ventajas concretas frente a mercados saturados como Estados Unidos y Europa, donde el espacio escasea, los permisos se eternizan y la demanda de capacidad ya supera la oferta.
Energía barata y estable, la diferencia de 500 millones al año
El dato más fuerte de la jornada lo dio Gerardo Manhard, director de consultoría en energía e infraestructura de la firma Dreicon: el megavatio en Vaca Muerta se paga a 50 dólares, mientras que en los principales mercados internacionales ronda los 100 dólares. Para un centro de datos de gran porte, esa diferencia no es menor. Estamos hablando de 500 millones de dólares de diferencia en el año, poniendo un centro de datos, explicó Manhard, una cifra que cambia de manera radical los números de cualquier proyecto y que seduce a los inversores que miran a la Argentina desde hace años con curiosidad pero todavía con cautela.
Las cifras que vienen y el desafío de la refrigeración líquida
- Entre 2025 y 2030, el 60 por ciento de los nuevos despliegues de centros de datos en el mundo estarán orientados a inteligencia artificial, según estimaciones presentadas por Julián Martín Gurgone, arquitecto de centros de datos de Schneider Electric.
- El 75 por ciento de esas cargas de trabajo requerirá refrigeración líquida, un esquema distinto al tradicional por aire que obliga a replantear la infraestructura desde el inicio del proyecto.
- Los desarrollos de gran escala demandan inversiones de hasta mil millones de dólares y plazos largos de maduración, lo que vuelve indispensable la previsibilidad para los capitales.
Gurgone, justamente, fue uno de los encargados de marcar el ritmo que viene. Para él, el punto de inflexión ya empezó y la Argentina puede subirse a esa ola si planifica con tiempo el recambio tecnológico. La refrigeración líquida no es un detalle menor: es una de las piezas centrales del tipo de centros de datos que alimentan modelos de inteligencia artificial, y exige obras civiles, tendido eléctrico y sistemas hidráulicos pensados desde el primer plano, algo que, en palabras del propio Gurgone, demanda planificación anticipada y equipos multidisciplinarios trabajando en paralelo.
El desembarco de Green Capital en Chubut y la pregunta por la estabilidad
La teoría empieza a verse en proyectos concretos. Jorge Vilariño, representante en Argentina de la empresa polaca Green Capital, confirmó que la firma anunció un megacentro de datos en Chubut dedicado a inteligencia artificial, y explicó que la baja densidad poblacional de varias provincias patagónicas facilita los permisos de construcción y reduce los conflictos de convivencia con comunidades locales, una preocupación creciente en otros puntos del planeta donde los municipios empezaron a poner topes al consumo energético de estas instalaciones.
Vilariño aclaró, sin embargo, que la decisión final de cada inversor depende de un factor que ninguna ventaja geográfica o energética puede reemplazar: la estabilidad jurídica y macroeconómica del país. En ese punto coincidieron todos los protagonistas de la jornada. Miranda fue la más tajante: esa misma inestabilidad que alejó inversiones en el pasado es hoy el factor que, de revertirse, puede volver competitivo al país. Lo dijo con un tono que mezcla la advertencia con la expectativa, y resume una idea que atraviesa a todo el ecosistema tecnológico local: si la Argentina logra encadenar reglas claras, tipo de cambio ordenado y contratos cumplidos, tiene argumentos de peso para pelearle el podio regional a Chile, Brasil y hasta a los países nórdicos, que durante años fueron sinónimo de.
Como cada uno de los referentes consultados, la oportunidad existe y el reloj corre: las decisiones de inversión en infraestructura de inteligencia artificial se toman con varios años de anticipación, y los ojos de buena parte de la industria están puestos, otra vez, en la Argentina. La pelota, coincidieron, sigue en la cancha de quienes tienen que garantizar las condiciones mínimas para que esos proyectos se hagan y, sobre todo, se queden.
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