"Aunque sé que es falso, me da vergüenza": el caso de Lomas de Zamora que expone la herida invisible de las imágenes manipuladas con inteligencia artificial
Cuatro adolescentes son investigados en un colegio secundario del sur del conurbano bonaerense por crear y distribuir material sexual falso de sus compañeras. Las víctimas relataron asco, miedo y un profundo desamparo institucional, y la causa reabre el debate sobre el daño psicológico que producen estas imágenes aun cuando la víctima sepa que no son reales.

"Aunque sé que es falso, me dio vergüenza." La frase la dijo Camila, una de las alumnas de quinto año del colegio secundario de Lomas de Zamora, y condensa con una crudeza que todavía duele la paradoja central de este tipo de violencia: que la falsedad técnica de una imagen no neutraliza, ni por asomo, el daño emocional que provoca en quien aparece en ella. Yo sigo de cerca hace tiempo los casos de vulneración de derechos en comunidades educativas del sur del conurbano bonaerense, y pocas veces una causa me golpeó con tanta fuerza como esta, porque lo que está en juego no es sólo la legalidad de unas fotos trucadas, sino la vida cotidiana de pibas que sienten que su intimidad fue arrancada del celular y puesta a circular sin que nadie les pidiera permiso.
Lo que pasó en el colegio y cómo se enteraron las familias
El caso ocurrió en un establecimiento secundario del partido de Lomas de Zamora, donde cuatro menores fueron investigados por la presunta producción y distribución de imágenes sexuales falsas generadas con inteligencia artificial a partir de fotografías tomadas de los perfiles públicos de redes sociales de varias compañeras. La Justicia caratuló la causa como producción y distribución de material de abuso sexual infantil (MASI), una figura que contempla justamente la manipulación digital de imágenes de menores, y ordenó allanamientos en los domicilios de los acusados, todos ellos alumnos de la misma institución.
Las víctimas, en su mayoría adolescentes de entre quince y diecisiete años, describieron ante los profesionales que las entrevistaron sentimientos de asco, vergüenza y miedo ante la posibilidad real de no saber hasta dónde habían llegado esas imágenes. Una de ellas contó que tardó varios días en contarles a sus padres porque, según sus propias palabras, no quería que la vieran de esa manera, ni siquiera bajo la forma de un retrato que sabía manipulado. Otra, en cambio, se quebró cuando le preguntaron por el alcance de la circulación: "Creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo", dijo, y esa frase me parece la más alarmante de todo el expediente, porque describe un vértigo que ninguna de ellas había imaginado cuando subió una foto a su perfil.
La respuesta del colegio y de la Justicia
- Las alumnas afectadas concurrieron al colegio apenas descubrieron lo que estaba pasando, pero sintieron que la respuesta institucional fue tardía y, en los hechos, insuficiente.
- Recién después de varias reuniones con las familias, las autoridades organizaron jornadas de diálogo con tutores, docentes y equipos de orientación, y dispusieron que los menores investigados pasen a la modalidad virtual para evitar el contacto cotidiano con sus supuestas víctimas.
- La Justicia ordenó el cese de hostigamiento y solicitó medidas restrictivas para impedir el contacto entre las partes, además de los allanamientos ya mencionados.
- La causa se tramita como producción y distribución de material de abuso sexual infantil (MASI), una calificación que contempla la manipulación digital de imágenes de menores.
La protesta de las alumnas y lo que dicen otras escuelas
La situación derivó en una protesta que las propias alumnas organizaron frente al establecimiento, con participación de estudiantes de distintos años y de muchas familias. Los videos de la manifestación se difundieron con rapidez por redes sociales y, lo que resulta más significativo, fueron seguidos de testimonios de jóvenes de otros colegios del distrito y de municipios vecinos que relataron haber vivido situaciones parecidas, lo que confirma que no se trata de un hecho aislado sino de un patrón que se repite en distintas escuelas secundarias del Área Metropolitana de Buenos Aires.
Lo que las víctimas pidieron y a quién se lo pidieron
Las adolescentes y sus familias le pidieron al colegio que se haga cargo de lo que consideran un vacío institucional, reclamaron protocolos claros y rápidos para actuar frente a este tipo de hechos, y reclamaron también a la Justicia de Lomas de Zamora que avance con celeridad en la investigación para determinar hasta dónde circuló el material y quiénes fueron los responsables de producirlo y compartirlo. En definitiva, lo que la comunidad educativa de Lomas de Zamora le está pidiendo al sistema judicial y al sistema escolar es que entiendan, de una vez, que una imagen falsa no es una broma: es una herida que tarda mucho en cerrarse.
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