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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Azcuénaga, el pueblo bonaerense de 350 habitantes que apuesta por la gastronomía y las construcciones centenarias

A cien kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, esta localidad reúne diez restaurantes, cuatro opciones de alojamiento y una panadería con horno a leña, en un circuito que combina casco histórico y caminos rurales.

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Leandro GómezAmbiente y agua · · 2 min de lectura
Azcuénaga, el pueblo bonaerense de 350 habitantes que apuesta por la gastronomía y las construcciones centenarias

A unos 100 kilómetros al noroeste de la ciudad de Buenos Aires, el pueblo de Azcuénaga, con apenas 350 habitantes, se presenta como un destino cercano para una escapada de fin de semana, organizado alrededor de la gastronomía y de un patrimonio edilicio que incluye la panadería La Moderna, fundada en 1917, y la capilla Nuestra Señora del Rosario, inaugurada en 1907.

Diez restaurantes con reserva, sobre todo los domingos

Para ordenar una visita, el primer paso suele ser reservar mesa. La mayoría de los diez restaurantes del pueblo abre los fines de semana y la demanda se concentra especialmente los domingos, lo que hace prácticamente indispensable llamar con anticipación. Entre semana, la alternativa es el buffet del Club Recreativo Apolo, a cargo de Marcelo Santander y Marcela Ronco, donde se sirven ravioles caseros y milanesas.

  • Almacén C&T: carnes y picadas en la antigua Casa Terren, abierta en 1912 y recuperada por la familia Coarasa.
  • La Porteña: pastas y osobuco con risotto de calabaza.
  • Lo de Grace: parrilla y pasta libre en una edificación rodeada de campo.
  • Cucina de Santo: pastas y mariscos.
  • Le Four: propuesta francesa de la cocinera Vanesa Plaza, con platos como cordero con ciruelas.
  • La Posta y Silvestre, que completan parte del circuito.
  • Buffet del Club Recreativo Apolo, la opción entre semana.

En el recorrido se cruzan también construcciones que forman parte del patrimonio local. La panadería La Moderna, donde Laura González y sus hijas elaboran galleta de campo en un horno a leña, funciona desde 1917 y se convirtió en una de las paradas clásicas. A pocas cuadras se levanta la capilla Nuestra Señora del Rosario, que Ramona Lescano abre al público los fines de semana.

Dónde dormir: fonda, hostería, cabañas y casa rural

Para quienes decidan quedarse, el pueblo ofrece cuatro alternativas de alojamiento. La Piamonte incorporó habitaciones en el edificio que ocupaba la Fonda de Sforzini de 1903, ubicada frente a la antigua estación ferroviaria. La Magnolia funciona en una casona de perfil rural; Rancho Aparte dispone de cabañas con pileta, y El Nido se suma como otra opción para pasar la noche. Más alejados del casco se encuentran Los Vagones de Areco.

El paseo a pie permite conocer las construcciones antiguas y, después de unas pocas manzanas, llegar al campo. Por los caminos rurales circulan bicicletas y motos, aunque las condiciones dependen del clima: luego de lluvias aparece el barro, mientras que con tiempo seco el piso se vuelve firme. En los alrededores se observan liebres, vizcachas y lechuzas, parte de la fauna que rodea al pueblo.

LG
Leandro GómezAmbiente y agua

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