Ben Ramsey se mete en la piel de una chica que vuelve a empezar después del cáncer
En «Sunny Dancer», la actriz de «The Last of Us» interpreta a una adolescente de 17 años que intenta retomar su vida tras una leucemia, en un campamento rural de Escocia donde conoce otros jóvenes que atravesaron la enfermedad. Dirige George Jaques, con Ruby Stokes, Daniel Quinn-Toye y Earl Cave como compañeros de elenco.

Volví a sentir ese olor a río, a madera húmeda y a pasto recién cortado que solo aparece en las colonias de verano del hemisferio norte, y ahí entendí que el arranque de «Sunny Dancer» me iba a agarrar de la solapa. La película que dirige George Jaques, rodada en ese paisaje rural de Escocia donde todo parece sacado de un cuento con neblina, tiene como protagonista absoluta a Bella Ramsey, a quien el público viene siguiendo desde «Game of Thrones» y, sobre todo, desde «The Last of Us». Acá se pone en la piel de Ivy, una chica de 17 años que lleva diez meses en remisión después de pelearla contra una leucemia, y que arriba a un campamento de cuatro semanas casi con la misma energía con la que uno llega a una guardia del hospital un domingo a las siete de la mañana: con cero ganas y la sensación de que el mundo ya está en otra.
El campamento como segundo acto de la vida
Como me dijo una vez una sobreviviente que conocí en una cobertura, «terminar el tratamiento es la primera parte del viaje; volver a vivir, la segunda». Esa frase vuelve a aparecer mientras la película avanza: Ivy no quiere compartir cuarto, no quiere hacer actividades grupales ni mucho menos quedarse despierta hasta tarde hablando de la enfermedad con desconocidos. Sus padres, empujados por el deseo de que su hija «sea normal otra vez», son quienes la mandan. Y ese será el punto de partida para una historia que, lejos de instalarse en el drama hospitalario, se corre rápido hacia otro lado: el de la amistad, el del primer amor y el de aprender a bancarse las ganas de los diecisiete.
Porque ahí, en ese campamento, Ivy termina compartiendo habitación con Ella, el personaje de Ruby Stokes, y conoce a Jake, interpretado por Daniel Quinn-Toye. Entre caminatas nocturnas por el bosque, guitarreadas al atardecer y fiestas con luces de colores cálidos, empiezan a aparecer esas oportunidades de los enlaces y de los romances que cualquier adolescente de su edad debería estar viviendo en lugar de estar enfrentándose a un tumor. La música ayuda: están en la banda sonora Este Haim y Zachary Dawes, más temas de Scissor Sisters y Goldfrapp que funcionan como una especie de columna vertebral emocional para los bailes y las juntadas nocturnas. La puesta, lejos del gris hospitalario, va del verde del bosque al ámbar de los faroles, y uno como espectador termina sintiéndose parte de esa especie de fiesta rara, medio clandestina, donde todos comparten algo que nadie afuera entiende del todo.
- Ivy (Bella Ramsey) llega con diez meses de remisión de una leucemia y se resiste a integrarse al grupo.
- Ella (Ruby Stokes) es su compañera de cuarto y una de las responsables de que empiece a bajar la guardia.
- Jake (Daniel Quinn-Toye) es el chico que le aparece en el momento justo y que pelea con sus propios ataques de pánico.
- Ralph (Earl Cave) recurre a tercer síntoma para sobrellevar lo que le tocó vivir, en este caso el humor negro.
- La historia del realizador está atravesada por lo personal: su madre tuvo cáncer de mama durante la adolescencia de él.
- El rodaje contó con jóvenes sobrevivientes de la enfermedad y con terapeutas disponibles para acompañar al elenco durante las escenas más pesadas.
En lo personal, mientras veía pasar esas imágenes, no pude dejar de pensar en lo difícil que es filmar una película así y, sobre todo, lo difícil que es volver a hablar del cáncer después del cáncer. Como suele decir un chamamé viejo que me cantaba mi abuela, «el que pasó por el agua sabe lo que es el río», y algo de eso sobrevuela toda la propuesta. Jaques, que además es embajador de Teenage Cancer Trust, contó que para él «Sunny Dancer» no es una película sobre la enfermedad: la leucemia atraviesa a los personajes, pero lo que organiza la historia son sus deseos, sus vínculos y la manera en que cada uno intenta recuperar una rutina que les fue robada. Y esa es la mejor definición que se me ocurrió mientras la miraba: no es una película de pacientes, sino de pibes que quieren volver a tener una vida común, con sus bailes, sus peleas tontas y sus primeros amores incluidos.
Una historia con marca personal
Hay un detalle que a mí, particularmente, me llegó mucho: que la conexión con el tema no le vino al director de un libro de autoayuda, sino de su propia biografía. Su madre tuvo cáncer de mama durante la adolescencia de él, y él mismo trabaja desde hace años con Teenage Cancer Trust, la entidad británica que acompaña a jóvenes con la enfermedad. Por eso, cuando uno mira la película, se nota que no hay golpes bajos ni escenas armadas para arrancar un lagrimón fácil: cada decisión estética parece alargar la mano hacia esos pibes que pasaron por lo mismo y que, encima, participaron del rodaje junto con terapeutas para cuidar al elenco. Eso, que parece un detalle de producción, termina siendo parte del alma del filme.
“No la considero una película sobre el cáncer: la enfermedad atraviesa a los personajes, pero lo que organiza el relato son sus deseos y sus relaciones.”George Jaques, director de «Sunny Dancer»
Al final del recorrido, lo que queda flotando es una pregunta que me parece honesto dejarles a ustedes: ¿qué historias del cine de adolescentes les interesan más? ¿Las que eligen el realismo social más crudo, las que se inclinan por la comedia romántica o las que, como «Sunny Dancer», se animan a mezclar las dos cosas con una problemática de fondo? La película todavía no tiene fecha de estreno en la Argentina confirmada, pero la llegada de Bella Ramsey a un papel así ya alcanza para tener la mirada puesta encima de un calendario que, esperemos, no se haga esperar.
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