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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Impenetrable

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Bryan, el último mensajero de Raccoon City: cómo se hizo la nueva Resident Evil que une a Zach Cregger y Austin Abrams

Con apenas 95 minutos de metraje y un protagonista que no estaba preparado para lo que le esperaba, la adaptación que reimagina los videojuegos pone el foco en un repartidor común y en el virus T. Hablamos de carrera en la nieve, de lluvia que se congelaba en el vestuario y de un final que deja la puerta abierta a más.

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Milagros ParedesCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Bryan, el último mensajero de Raccoon City: cómo se hizo la nueva Resident Evil que une a Zach Cregger y Austin Abrams

El olor a tierra mojada y a algo dulzón, medio químico, me envolvió apenas arrancó la proyección de la nueva Resident Evil, la película de Zach Cregger que tiene a Austin Abrams como Bryan, ese mensajero que termina aceptando un encargo al hospital de Raccoon City para volver rápido a casa con su novia, que está embarazada. La duración, según me apuraron a chequear mientras acomodaba el anotador, ronda los 95 minutos, un corte bastante corto para una producción de estas características, pero alcanza y sobra para meterse de lleno en esta historia de orígenes del virus T, esa misma cepa que en los videojuegos terminó provocando el apocalipsis zombi que todos recordamos.

Yo reconozzco que fui a la sala con la guardia alta, porque las adaptaciones de Resident Evil ya tuvieron sus luces y sus sombras en la pantalla grande, y porque venía enganchada con Weapons, la película anterior de Cregger, en la que Abrams ya se había lucido. Así que cuando confirmé que el director y el actor volvían a juntarse para esta entrega, lo tomé casi como una promesa de que algo interesante iba a pasar. Y pasó.

Un protagonista común, en la nieve y con frío de verdad

Una de las cosas que más me llamó la atención, y que el propio Abrams destacó en las notas de prensa que me llegaron, es la decisión de no convertir a Bryan en un héroe de acción clásico. Es un pibe común, un repartidor que acepta un último trabajo para conseguir plata y volver con su chica, y termina chocando de frente con criaturas que están a años luz de lo que él sabe manejar. Esa fragilidad, según contó el actor, fue algo que buscó sostener durante las persecuciones y los enfrentamientos, sin impostar una heroicidad que el personaje no tenía.

Las escenas de carrera se filmaron sobre nieve, en exteriores de Praga, con jornadas de temperaturas bajo cero que el rodaje sintió en el cuerpo. Abrams recordó que la lluvia, en algunos momentos, se congelaba directamente sobre el vestuario, así que la incomodidad que se ve en pantalla no es puro acting: es literal, real, del cuerpo paspado por el frío. A eso se le sumó un trabajo físico extra, porque Bryan va mutando a medida que avanza la infección, y eso le exigió cambiar el registro de a poco.

“Me daba hasta vergüenza hacer de monstruo, pero Cregger me pedía que me entregue con los rugidos. Es incómodo, pero hay que meterse de lleno en lo que uno imagina mientras filma.”Austin Abrams

Cómo sigue la historia a partir de acá

A partir de acá, ojo, los que no vieron la película: hay spoilers del argumento y del final. Durante su trayecto, Bryan atropella sin querer a una mujer que empieza a convertirse en zombi, después tiene que escapar de un policía y termina encontrando refugio en una granja. El paquete que llevaba, detalle que me parece clave, transporta un antídoto para el virus T, una posibilidad concreta de frenar la infección, aunque él ya había recibido una mordedura, así que el reloj biológico le jugaba en contra desde el vamos.

La transformación termina completándose y Bryan se convierte en una criatura grande, bastante imponente, y para esas escenas Cregger le pedía al actor que intensifique los rugidos, que se corra de su zona de confort y se comprometa con lo que imaginaba durante la filmación. Yo, mientras miraba, pensaba en lo difícil que debe ser soltar el ego para terminar rugiendo en una producción de este calibre, pero el resultado está a la vista.

Un final que no es feliz, pero que abre el juego

Lo que más me sorprendió, y se lo rescato a Abrams porque lo dijo con todas las letras, es la decisión de matar al protagonista y dejar trunco su intento de salvar a su novia y al bebé que viene en camino. En su lectura, esa frustración no es un capricho del guionista, sino una forma de contar cómo el virus T siguió expandiéndose igual, pese a que había una oportunidad concreta de frenarlo. Por eso él define a la película como una historia de orígenes, una introducción al desastre y no la foto del desastre en plenitud.

Me quedé dando vueltas en la butaca un rato largo después de que se apagó la pantalla, y la sensación que me llevo es la de haber visto una propuesta que toma muy en serio el material que adapta, sin caer en la parodia ni en la pochoclada facilista. Si te gustan los videojuegos clásicos, los zombis con mala leche y un director que sabe clavar clavos en la butaca, esta Resident Evil tiene bastante para dar. Y si venías enganchada con Weapons, como yo, te vas a sentir como en casa.

MP
Milagros ParedesCultura y espectáculos

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