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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Impenetrable

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Central levantó la copa entre silbidos, VAR caliente y un final a las piñas

El Canalla se impuso en Santiago del Estero con un penal revisado por el VAR, el golazo de Julián Fernández sobre la hora y un cierre que dejó a Estudiantes reclamando todo y a la policía trabajando de más.

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Walter BenítezDeportes · · 2 min de lectura
Central levantó la copa entre silbidos, VAR caliente y un final a las piñas

Digan lo que digan, el calor en Santiago del Estero no fue lo único que quemó esta final. Central se subió al techo del fútbol argentino con la Supercopa Internacional, pero el camino al título fue una novela con VAR, reproches y piñas dentro y fuera de la cancha. Hablo desde la platea, con la garganta seca y la bronca del rival todavía resonando en los pasillos.

El penal que cambió la historia

Hasta los 45 del primer tiempo la final era un toma y daca. Darío Herrera dejó seguir un topetazo entre González Pirez y Copetti, la jugada siguió, pero Baliño lo llamó desde el VAR. El árbitro fue al monitor, miró dos veces, tres, y señaló el punto. Copetti protestó que la falta había sido afuera. Fideo no perdonó y puso el 2-1 que a la postre sería decisivo. Mirá vos, una decisión tecnológica en un país donde a veces cuesta que prenda el Wifi en la cancha.

“Es un toque adentro del área y hoy el VAR te lleva a eso. A mí me hizo un penal igual Dembelé en la final del Mundial.”Ángel Di María

El cierre que nadie quería ver

Cuando Julián Fernández selló el 3-1 sobre el cierre, la final se desmadró. Agarrones, empujones, insultos y Herrera sacando tarjetas como si fueran caramelos en el Día del Niño. Minutos después, en la boca del vestuario, se repitió la escena, pero con golpes más gruesos. Estudiantes se fue, volvió con Verón a la cabeza y el clima recién se aplacó cuando la Policía metió gente de por medio. Una lástima, porque hasta el gol del pibe Fernández la fiesta estaba siendo redonda para Central.

  • Di María convirtió el penal del 2-1 con su jerarquía habitual y se disfrazó de Messi para sentenciar la historia.
  • Julián Fernández selló el 3-1 en el último minuto y desató la violencia dentro del campo.
  • Almirón se abrazó al plantel y bancó la decisión del árbitro: “Lo tiene bien merecido el grupo, fue durísimo”.
  • Estudiantes se retiró del campo, volvió con Verón y exigió explicaciones que nunca llegaron.

Me quedo con una imagen: Fideo levantando la copa con sus hijos en la tribuna, mientras del otro lado Verón se comía el aire con la mirada. Esa es la foto de la final, la de un título con apellido canalla y con la firma indeleble del 10. La que viene, Central tendrá que mostrar si esto fue un golpe de suerte o el arranque de algo más serio. Juega en el Gigante, con su gente, y con el fantasma de siempre: sostener lo conquistado.

WB
Walter BenítezDeportes

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