Cerebro izquierdo o cerebro derecho: por qué esa idea sigue circulando y qué dice hoy la ciencia
La clasificación de personas como racionales o creativas según el hemisferio dominante carece de evidencia. Un estudio con más de mil participantes y la lectura de especialistas vuelven a poner el tema sobre la mesa.

Lo escuché en una sobremesa de pueblo, en una escuela y hasta en una charla de café: fulano es de cerebro izquierdo, mengano es de cerebro derecho. La frase aparece con la misma naturalidad con que se comenta el partido del domingo, y casi siempre viene acompañada de una conclusión sobre el carácter: si sos analítico, te tocó el izquierdo; si sos creativo, el derecho. Llevo años cubriendo temas de salud y comunidades, y cada vez que vuelvo a mi paraje, en la zona rural del norte argentino, alguien me lo repite como si fuera una verdad revelada. Por eso me detuve a leer con cuidado lo que dicen hoy las investigaciones y los especialistas, porque la diferencia entre un mito y un dato cambia la manera en que miramos a nuestros hijos, a nuestros alumnos y a nosotros mismos.
Lo que sí es cierto y lo que no
Lo que sí es cierto y lo no
El punto de partida del mito es un dato real: los dos hemisferios cerebrales no hacen exactamente lo mismo. El izquierdo interviene de manera destacada en el lenguaje y controla los movimientos del lado derecho del cuerpo; el derecho participa en el procesamiento visual y espacial y gobierna el lado izquierdo. Esa distribución existe y está probada. Lo que no tiene base científica es la conclusión que se construyó encima: que esa especialización local defina la personalidad, el talento o la forma de aprender de cada persona.
La psicóloga Grace Tworek, de Cleveland Clinic, lo explicó con una frase que me parece de las más claras que leí en mucho tiempo: las fortalezas individuales no prueban que una mitad del cerebro gobierne la personalidad. Es decir, que a alguien se le dé bien la matemática o la música no significa que tenga un hemisferio dominante; significa que esa persona entrenó habilidades concretas, y nada más.
- Un estudio publicado en PLOS ONE analizó la conectividad cerebral en reposo de 1.011 personas de entre 7 y 29 años.
- Los autores identificaron regiones con lateralización, como áreas vinculadas al lenguaje en el hemisferio izquierdo y redes de atención en el derecho.
- No encontraron evidencia de que esas conexiones se agrupen en un patrón que favorezca de manera consistente a un hemisferio sobre el otro en cada individuo.
- Ambos hemisferios se comunican permanentemente a través del cuerpo calloso, un conjunto de fibras nerviosas que intercambia información entre las dos mitades.
- Esa coordinación permanente es la que hace posible tareas cotidianas como una conversación, que exige al mismo tiempo procesar palabras, interpretar el tono, leer gestos y manejar el contexto emocional.
De dónde salió el mito y por qué se instaló
De dónde salió el mito y por qué se instaló
La idea tuvo un origen concreto y, hasta cierto punto, razonable. En el siglo pasado se estudiaron pacientes a quienes se les seccionó el cuerpo calloso para controlar crisis epilépticas graves. Esas cirugías, que hoy son excepcionales, permitieron observar diferencias entre hemisferios en condiciones muy particulares. El problema fue que esos hallazgos, nacidos de cerebros con lesiones, se extrapolaron sin más al funcionamiento de cualquier persona sana, y de ahí saltaron a cuestionarios de internet, a propuestas educativas y a la conversación de todos los días.
La propia Unesco encendió una alerta sobre el tema: trasladar estas ideas al aula puede condicionar las expectativas sobre los alumnos. Etiquetarse como poco creativo por creerse analítico, o como desorganizado por asumirse artístico, puede terminar desincentivando la práctica de habilidades que, como cualquier otra, se desarrollan con esfuerzo, con tiempo y con orientación adecuada. En las comunidades a las que vuelvo cada año veo de cerca cómo esos rótulos pesan en los más jóvenes, que muchas veces ya llegan a la escuela con la frase de que ellos son de un tipo u otro, como si fuera un destino escrito en la cabeza.
“Las fortalezas individuales no prueban que una mitad del cerebro gobierne la personalidad.”Grace Tworek, psicóloga de Cleveland Clinic
La especialización hemisférica, entonces, es una propiedad local de ciertas redes neuronales, no un rasgo global que permita clasificar a las personas. Cuando en una reunión barrial alguien me vuelva a decir que su hijo es de cerebro derecho porque le gusta dibujar, voy a poder contarle con respaldo qué dice hoy la ciencia: que ambos hemisferios trabajan juntos, que las habilidades se construyen y que la creatividad, la lógica y la memoria no viven en un lado de la cabeza, sino en la persona entera, con su historia, su comunidad y su esfuerzo. Esa es la discusión que la ciencia nos pide dar, y que como sociedad todavía tenemos pendiente.
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