Cerrar el paso a los roedores: lo que sirve y lo que solo parece servir
Un responsable técnico de una empresa de control de plagas explica por qué tapar un agujero con espuma no alcanza, qué errores en las viviendas facilitan las infestaciones y cómo limpiar excrementos sin levantar polvo contaminado, un riesgo que la mayoría de las personas ignora por completo.

Me crucé con esta cuestión hace unos días, hablando con vecinos de un barrio del conurbano bonaerense que ya no sabían qué hacer con las ratas que se metían por los caños y aparecían en las cocinas. La conversación me llevó hasta un responsable técnico de una empresa de control de plagas, y lo que me contó me dejó pensando que, en materia de roedores, gran parte de lo que se cree saber no resiste ni el primer zócalo de la casa.
La espuma de poliuretano es, según me explicó, el sellador más usado para tapar agujeros en paredes y zócalos. El problema es que tiene una limitación concreta: los roedores pueden roerla. Para que el cierre sea efectivo, el material tiene que combinarse con malla metálica o lana de acero antes de aplicar la masilla. Sin esa barrera física previa, el trabajo queda a medias y el animal termina abriendo paso igual.
Los puntos de ingreso que casi nunca se miran
Además de los agujeros visibles, hay accesos que suelen ignorarse. Los burletes deteriorados bajo las puertas, la vegetación pegada a la fachada, las cajas de cartón apiladas en depósitos y las pequeñas fugas de agua son entradas perfectas. También cuenta como atractivo el alimento de mascotas que queda al alcance durante la noche. Una vivienda puede verse ordenada y limpia y, aun así, tener una infestación si alguno de esos accesos queda abierto.
- Burletes gastados debajo de las puertas.
- Vegetación apoyada contra la fachada.
- Cajas de cartón apiladas en depósitos o garajes.
- Pérdidas pequeñas de agua en cañerías o grifos.
- Comida de mascotas dejada fuera durante la noche.
Por qué los remedios caseros no resuelven el problema
Sobre lo que circula en redes sociales, la respuesta fue tajante. La menta y el vinagre no repelen de forma sostenida. Los dispositivos de ultrasonido no atraviesan paredes ni muebles, y los roedores pueden acostumbrarse al estímulo sonoro con el tiempo. Las trampas de resorte pueden capturar un ejemplar aislado, pero no controlan una infestación. Las trampas adhesivas, en tanto, generan sufrimiento innecesario sin resolver el foco. Nada de eso reemplaza localizar y cerrar los puntos de entrada.
Cómo limpiar excrementos sin enfermarse sin saberlo
Cuando ya hay rastros, la limpieza tiene un procedimiento específico que la mayoría de las personas no conoce. El primer paso es ventilar el ambiente durante al menos treinta minutos antes de ingresar. Después hay que colocarse guantes y protección para vías respiratorias, humedecer los excrementos con un desinfectante apropiado, esperar que el producto actúe y retirarlos con papel, sin contacto directo. Lo que no debe hacerse bajo ningún concepto es barrer en seco ni usar aspiradora: ambas acciones levantan polvo con partículas potencialmente infecciosas que se inhalan sin notarlo.
Los roedores pueden transmitir enfermedades a través de la orina, los excrementos y las mordeduras, y además introducen parásitos como pulgas, garrapatas y ácaros. Si los rastros se repiten o se sospecha que el foco está en la red de alcantarillado, lo recomendable es recurrir a un servicio profesional de control de plagas. Lo que la comunidad viene pidiendo, y que repiten cada vez que el tema vuelve a las reuniones barriales, es sencillo: campañas de información puerta a puerta y presencia municipal sostenida en los barrios donde la presencia de roedores se volvió parte del paisaje cotidiano, sobre todo en las zonas cercanas a arroyos y basurales a cielo abierto del Área Metropolitana de Buenos Aires.
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