Cómo actúan los medicamentos para la obesidad y por qué el seguimiento médico resulta inseparable del tratamiento
La semaglutida y la tirzepatida intervienen sobre señales del intestino vinculadas al hambre y la saciedad. Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la UBA, détailleó que su uso debe acompañarse con alimentación, actividad física, descanso y controles profesionales sostenidos en el tiempo.

Les cuento de entrada que cuando uno se cruza con Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la UBA, se entiende rápido por qué la conversación sobre los medicamentos para la obesidad nunca puede reducirse a una receta ni a un frasco: arranca en el consultorio, con una evaluación médica seria, y se proyecta durante meses, con controles periódicos que permiten ajustar la dosis y observar cómo responde cada cuerpo. La especialista lo dice con la claridad de quien recibe pacientes todos los días: la dosis y el ritmo de descenso de peso no son iguales para todas las personas, y el objetivo clínico no se limita a marcar menos kilos en una balanza, sino que apunta a reducir la grasa corporal preservando al mismo tiempo la masa muscular, algo que en la práctica cambia por completo la manera de leer los resultados.
Qué hacen estos fármacos en el organismo
La semaglutida y la tirzepatida, explicó Quevedo, reproducen señales que el intestino genera naturalmente y que se comunican con el cerebro, el estómago y el páncreas. La primera actúa sobre un único receptor; la segunda interviene sobre dos vías complementarias. En los dos casos, sus efectos se vinculan con la regulación del apetito, la sensación de saciedad y el control de la diabetes, lo que ayuda a entender por qué tantas personas que llegan a la consulta relatan hambre intensa, dificultad para sentirse satisfechas y una tendencia a comer entre comidas que excede cualquier explicación basada en la voluntad individual. Para la médica, esos relatos forman parte de una enfermedad multifactorial y deben leerse en ese contexto.
El seguimiento, agregó, no es un trámite burocrático: es la herramienta que permite observar la respuesta al medicamento, registrar los posibles efectos y vigilar los cambios en la composición corporal. Las dosis se aumentan de manera gradual, mediante un proceso que los profesionales llaman titulación, y al mismo tiempo se evalúa si la persona incorporó ejercicio y de qué tipo, porque el trabajo de fuerza y la actividad cardiovascular pueden modificar la evolución del tratamiento de manera significativa.
Por qué bajar de peso no alcanza: la estrategia integral
Quevedo también advierte sobre un punto clave: después de adelgazar, el organismo puede activar mecanismos que favorecen la recuperación del peso perdido. En ese escenario, los medicamentos cumplen un papel central para sostener el descenso durante el período de uso indicado por los profesionales, y al suspenderlos puede aparecer una recurrencia, sobre todo si no existe una estrategia integral que acompañe el tratamiento.
- Alimentación adecuada y sostenida en el tiempo.
- Hidratación suficiente y descanso reparador.
- Actividad física regular, con trabajo de fuerza y componente cardiovascular.
- Apoyo profesional continuo, médico y nutricional.
- Consideración del entorno familiar y laboral, porque los hábitos también se construyen afuera del consultorio.
La especialista fue tajante al recordar que los hábitos no se modifican en abstracto: dependen del entorno familiar y laboral, condiciones que el equipo de salud debe contemplar al organizar los cambios cotidianos, porque de lo contrario se le pide a la persona algo que su vida cotidiana no le permite sostener. Los resultados, además, se evalúan a lo largo del tiempo, ya que la respuesta al tratamiento y la composición corporal se miden en meses y no en semanas.
“Las dosis y el ritmo de descenso se ajustan a cada persona, y el objetivo es reducir grasa corporal preservando la masa muscular; los resultados se evalúan a lo largo del tiempo, con controles profesionales sostenidos.”Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la UBA
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