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Cortisol bajo la lupa: qué hace realmente esta hormona en el cuerpo y por qué no hay que demonizarla

Endocrinólogos consultados aclaran que se trata de una sustancia clave para la vida y que los famosos cócteles y diagnósticos virales en redes carecen de respaldo científico.

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Silvana DuarteSalud y sociedad · · 6 min de lectura
Cortisol bajo la lupa: qué hace realmente esta hormona en el cuerpo y por qué no hay que demonizarla

La sala de espera del consultorio endocrinológico tenía esa quietud de las primeras horas de la mañana, cuando todavía no suena el teléfono y la cafetera del pasillo empieza a perfumar el ambiente. Entre las revistas atrasadas y el ruido lejano del ascensor, una paciente le confesaba a otra, en voz baja, que estaba convencida de tener "el cortisol por las nubes" porque había leído en una red social que su cansancio crónico y la panza abultada tenían un culpable claro y, sobre todo, eliminable con un batido casero. La escena se repite en consultorios de todo el país, y es el punto de partida para entender por qué especialistas de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo insisten en salir a marcar la cancha: el cortisol no es un enemigo, es una hormona indispensable que el cuerpo necesita para funcionar, y demonizarla puede ser tan peligroso como pasar por alto una enfermedad real.

Qué es el cortisol y por qué el cuerpo lo necesita

El cortisol es una hormona esteroide producida por las glándulas suprarrenales, esos pequeños órganos con forma de gorro que se apoyan sobre los riñones. Su presencia resulta vital para múltiples funciones del organismo: participa en el metabolismo de los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas; ayuda a mantener estables los valores de la presión arterial; regula la respuesta inflamatoria y la actividad del sistema inmunitario; y además modula el ciclo de sueño y vigilia, por eso alcanza su pico más alto entre la madrugada y la mañana temprana, para luego descender a lo largo de la tarde y la noche. Ese reloj interno se conoce como ritmo circadiano (es decir, el ciclo biológico de aproximadamente veinticuatro horas por el que se rigen las funciones corporales), y su correcto funcionamiento es la mejor señal de que el eje hormonal está en orden.

Ante una situación de estrés, ya sea un examen, un accidente doméstico o una discusión fuerte, el organismo responde con un aumento transitorio de cortisol. Eso es esperable y, lejos de ser una enfermedad, forma parte de la adaptación fisiológica (los mecanismos automáticos que tiene el cuerpo para resguardarse frente a una amenaza). La presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo, María Susana Mallea Gil, lo graficó con un ejemplo muy doméstico: si alguien se mide el cortisol justo antes de rendir una evaluación importante, es probable que el resultado figure más alto de lo habitual, y eso no debería preocuparlo mientras el médico tratante interprete el estudio en contexto.

El problema clínico real aparece cuando esa exposición elevada se vuelve crónica y se rompe el ritmo circadiano: es lo que en medicina se conoce como síndrome de Cushing (un trastorno hormonal causado por niveles excesivos y sostenidos de cortisol, ya sea por un tumor en las glándulas suprarrenales, en la hipófisis o por el uso prolongado de algunos medicamentos). En esos casos, el cortisol puede estar tan alto por la tarde o por la noche como por la mañana, lo que da lugar a manifestaciones como acumulación de grasa en el tronco y el rostro, hipertensión, diabetes, debilitamiento óseo, cambios de ánimo y hematomas fáciles. Pero estas situaciones son infrecuentes, requieren diagnóstico médico mediante estudios específicos y no tienen relación con las variaciones normales del día a día ni con el estrés cotidiano.

Por qué los mitos sobre el cortisol ganan terreno en las redes

Los hashtags asociados a "niveles de cortisol" y a "cómo reducir el cortisol" acumulan millones de visualizaciones en plataformas digitales. Los contenidos prometen identificar la llamada "cara de cortisol" (un rostro más redondeado y abotagado), eliminar la grasa abdominal sin esfuerzo, calmar la ansiedad con un smoothie verde o curar el cansancio crónico con un polvo disuelto en agua. Para la doctora Mallea Gil, la lectura es otra: "Mucho de lo que se dice sobre el cortisol en las redes no tiene sustento desde el punto de vista endocrinológico", resumió.

Uno de los productos virales más instalados es el conocido como "cortisol cocktail", un preparado que suele incluir jugo de naranja, sal marina, crema de coco y, en algunas versiones, suplementos como magnesio o zinc. Aunque la mayoría de sus ingredientes puede consumirse sin mayores riesgos en personas sanas, no existe evidencia científica que avale que modifique de manera directa la función de las glándulas suprarrenales ni los niveles sanguíneos de la hormona. La endocrinóloga Jodi Nagelberg, de la Universidad de California, lo calificó como "una exageración", y agregó que cualquier mejoría percibida suele responder al placebo, a la hidratación o a un mejor descanso, no a la bebida en sí. Algo similar ocurre con el "cortisol detox": la idea de que se puede desintoxicar el cuerpo de esta hormona no tiene base clínica, porque el organismo la metaboliza y la elimina de forma natural a través del hígado y los riñones, sin necesidad de suplementos ni dietas especiales.

  • El cortisol no es una sustancia tóxica: es una hormona esencial para la vida, y sus fluctuaciones diarias dentro de ciertos rangos son absolutamente normales.
  • Los cócteles, polvos y batidos que prometen reducirlo carecen de respaldo científico serio y, en algunos casos, pueden contener dosis altas de azúcar o sodio que resultan contraproducentes para personas hipertensas, diabéticas o con insuficiencia renal.
  • El cansancio persistente, la ganancia de peso inexplicada, los cambios de humor marcados o los problemas de sueño pueden tener causas reales, y ameritan una consulta médica completa, no un autodiagnóstico a partir de un video corto.
  • El síndrome de Cushing es una enfermedad real pero infrecuente, y solo puede diagnosticarse con estudios específicos interpretados por un especialista en endocrinología.

Cuándo consultar y dónde atenderse en Argentina

Como me señaló la doctora Mallea Gil al cierre de la entrevista, lo más razonable antes de lanzarse a cualquier protocolo casero es pedir un turno con un endocrinólogo o con un clínico de confianza y, llegado el caso, realizarse los estudios de laboratorio que el profesional indique. En la Ciudad de Buenos Aires, los hospitales públicos como el Durand, el de Clínicas y el Pirovano cuentan con servicios de endocrinología que atienden de lunes a viernes, en general entre las 8 y las 14 horas, con derivación previa del centro de salud. Las obras sociales y las prepagas también cubren la consulta con endocrinólogos en sus cartillas propias, y en provincias como Córdoba, Santa Fe y Mendoza la Guardia de los hospitales de cabecera suele ser una puerta de entrada válida cuando los síntomas aparecen de forma aguda. Mi recomendación, como paciente y como cronista, es siempre la misma: volver a la consulta cara a cara con un profesional, donde la escena se parece más a una charla serena que a un filtro de redes.

SD
Silvana DuarteSalud y sociedad

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