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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Impenetrable

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Cuando el cuerpo pierde de más: lo que ocurre cuando las reservas de grasa caen por debajo de lo razonable

Especialistas advierten que reducir en exceso el tejido adiposo puede comprometer músculos, huesos y equilibrio hormonal. La composición corporal, la distribución de la grasa y el objetivo de cada persona son claves para evaluar la composición del cuerpo sin simplificar.

NC
Norma CharoleComunidades y derechos · · 4 min de lectura
Cuando el cuerpo pierde de más: lo que ocurre cuando las reservas de grasa caen por debajo de lo razonable

A lo largo de los años, insistí en que la salud no se resume en un número que aparece en una balanza y, sin embargo, cada vez que alguien del barrio me consulta porque quiere bajar de peso a toda costa, termino recordando lo mismo: la composición corporal cuenta una historia mucho más completa que el porcentaje que muestra cualquier pantalla. La grasa cumple funciones que solemos pasar por alto y, cuando sus reservas caen demasiado, el cuerpo empieza a avisar de maneras que no siempre se asocian con la alimentación. Por eso, cuando me cruzo con vecinas y vecinos que están pensando en encarar una dieta muy estricta o sumar horas extra de entrenamiento, me detengo a explicarles que el tejido adiposo no es un adorno del que conviene deshacerse: es una reserva de energía y, además, una fábrica silenciosa de hormonas que mantiene en marcha funciones que damos por sentadas.

Por qué un solo número no alcanza

Un porcentaje de grasa corporal, leído en soledad, no describe cómo está compuesto un cuerpo. La edad, el sexo y la distribución del tejido graso influyen en esa lectura tanto como el dato puntual. A eso se suma que las herramientas disponibles no siempre coinciden: una balanza de bioimpedancia puede arrojar resultados distintos según el nivel de agua que tenga la persona en ese momento, mientras que los pliegues cutáneos no permiten conocer la grasa que rodea los órganos y se acumula en zonas profundas. La densitometría DEXA, en cambio, distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea, aunque necesita equipamiento especializado y suele ser costosa. Cada método tiene sus limitaciones y, por eso, conviene leer los resultados con prudencia antes de sacar conclusiones.

  • Balanza de bioimpedancia: rápida y accesible, pero sensible a la hidratación del momento, por lo que puede subestimar o sobreestimar la grasa según cuánta agua tenga la persona al subirse.
  • Pliegues cutáneos: útiles para estimar grasa subcutánea, pero no permiten observar la grasa visceral, es decir, la que rodea los órganos.
  • Densitometría DEXA: diferencia entre tejido graso, masa magra y masa ósea, aunque requiere equipamiento especializado y suele ser costosa.

Ese recorrido por las mediciones me sirve para responder una pregunta que se repite en los gimnasios y en los grupos de caminata: ¿cuál es el porcentaje ideal de grasa? La respuesta corta, que siempre aclaro, es que no existe un número mágico que sirva para todos los cuerpos. Un estudio con más de setecientos deportistas, en el que participó Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, registró valores mínimos del diez por ciento en ellos y del dieciséis por ciento en ellas. Esos registros quedaron lejos del uno o dos por ciento que suele mencionarse cuando se habla de definición muscular y muestran que incluso personas entrenadas no suelen descender por debajo de ciertos umbrales sin consecuencias.

“Cuando la restricción de calorías es muy marcada y las reservas bajan demasiado, el cuerpo empieza a tomar energía del músculo y, con el tiempo, eso termina afectando al hueso: se genera menos tejido óseo y se repara peor.”Jessica Maung, Universidad de Míchigan

A esa voz se le suman otras con las que fui armando una mirada más cuidadosa sobre el tema. Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas en la Universidad de Míchigan, explicó que una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas, y no solamente el aspecto exterior. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, agregó que disponer de pocas reservas de grasa dificulta la respuesta del cuerpo frente a infecciones graves. En los hombres con alimentación insuficiente, además, puede caer la testosterona junto con la energía y el rendimiento, mientras que en algunas deportistas se han registrado irregularidades menstruales o ausencia de menstruación cuando los niveles de grasa caen demasiado. Son señales que conviene leer como advertencias y no como sacrificios menores.

Todo esto tiene una explicación que me parece importante compartirla con quienes me preguntan. El cuerpo no gasta las reservas de grasa solo cuando se mueve: también la usa como combustible de respaldo y, al mismo tiempo, produce leptina, una hormona que le comunica al cerebro cuánta energía hay disponible. Si esa señal cae porque las reservas están demasiado bajas, el organismo empieza a relegar funciones para ahorrar recursos, y ahí aparecen los cambios hormonales, la pérdida de masa muscular y las dificultades en la reparación ósea. Lo que pido, como lo vienen pidiendo quienes trabajan en salud comunitaria y derechos de los pacientes, es que cada decisión sobre el cuerpo se tome con información completa, con evaluación profesional y sin reducir la salud a un solo dígito en una pantalla.

Por eso, cuando alguien del barrio me consulta porque está pensando en encarar una dieta muy estricta, insisto en lo mismo que le repito a mis fuentes: antes de modificar la alimentación o el entrenamiento, lo que la comunidad pide es que se consulte a profesionales de la salud que puedan evaluar la composición corporal de manera integral y que se cuide, sobre todo, que las decisiones no terminen poniendo en riesgo lo que el cuerpo necesita para sostenerse. Quienes trabajamos desde los derechos de las personas entendemos que cuidar la salud no es llevar un número al extremo, sino acompañar al cuerpo para que funcione como un todo.

NC
Norma CharoleComunidades y derechos

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