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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Impenetrable

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Cuando la palabra se escapa: la científica que se hace rogar y qué hacer mientras llega

La neuropsicóloga Camila Sánchez Salinas explica por qué a veces sabemos exactamente lo que queremos decir y, sin embargo, el término justo no aparece. Una guía para distinguir una pausa común de una dificultad que merece consulta, con recursos prácticos para retomar el hilo de la conversación.

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Silvana DuarteSalud y sociedad · · 5 min de lectura
Cuando la palabra se escapa: la científica que se hace rogar y qué hacer mientras llega

Imaginemos, por un instante, la sala de espera de un consultorio cualquiera de Buenos Aires: una mujer de alrededor de cincuenta años conversa con quien la acompaña y, de repente, frunce el ceño, mira hacia arriba como buscando en el techo el dato que se le acaba de esfumar y, con una sonrisa algo incómoda, termina diciendo aquello que quería transmitir con un rodeo de palabras. La escena, que podría protagonizar cualquiera de nosotros en una sobremesa familiar o en una reunión de trabajo, esconde un fenómeno que la neuropsicología conoce bien y que, lejos de ser una rareza, atraviesa a personas de todas las edades, aunque se vuelve más frecuente con el paso de los años. Yo misma lo he vivido en más de una ocasión, y créanme que la frustración de tener la idea clara y no encontrar su nombre exacto puede llegar a ser tan molesta como un zumbido insistente en el oído.

Para entender por qué ocurre ese pequeño cortocircuito y, sobre todo, para saber qué hacer cuando se presenta, conversé con Camila Sánchez Salinas, licenciada en Psicología y especialista en Neuropsicología Clínica, quien se tomó el tiempo de desmenuzar un mecanismo que, en realidad, tiene una lógica bastante ordenada: acceder a una palabra requiere, primero, activar su significado y, después, recuperar los sonidos que permiten pronunciarla. Cuando el segundo paso se demora o se interrumpe por un momento, aparece lo que en la literatura especializada se denomina fenómeno de punta de la lengua (esa sensación tan particular de estar a punto de decir algo y no poder, como si la palabra estuviera escondida detrás de una puerta que no termina de abrirse).

Estrategias que ayudan a recuperar el término

Antes de alarmarse, vale la pena conocer algunos recursos que la especialista recomienda poner en práctica cuando la palabra se hace rogar. Sánchez Salinas propone, en primer lugar, buscar un sinónimo o describir aquello que se quiere nombrar; también sugiere pensar en la letra inicial del término, en su utilidad o en sus características más salientes, porque cada una de esas pistas funciona como un camino diferente para acercarse al vocablo buscado.

  • Conversar sobre asuntos de interés y contar información con palabras propias, ya que estas actividades exigen recuperar conocimientos, ordenar ideas y sostener la atención en el intercambio.
  • Disminuir las distracciones del entorno para concentrarse mejor y no perder el hilo de lo que se estaba diciendo.
  • Darle tiempo al cerebro: a veces la palabra aparece minutos después, cuando uno deja de buscarla con tanta insistencia.
  • Estimular la fluidez verbal (es decir, la capacidad de producir palabras de manera ágil y adecuada) a través de la lectura, los juegos de palabras y la conversación cotidiana.

Ahora bien, no todas las pausas son iguales, y ahí radica una distinción clave que la neuropsicóloga enfatiza con especial cuidado. Existe una diferencia sustancial entre un episodio aislado, que puede ocurrirle a cualquiera en un momento de cansancio o de presión, y una dificultad que se repite y que, con el tiempo, empieza a complicar la comunicación de manera sostenida. En este último caso, conviene estar atentos a algunas señales de alerta que, según la especialista, merecen una consulta profesional: que encontrar palabras se vuelva un problema frecuente, que aparezcan confusiones al nombrar objetos de uso habitual o que cueste cada vez más seguir una conversación. También es importante prestar atención a los cambios notorios en el habla que advierte la propia persona o, incluso, quienes la rodean, porque muchas veces son los familiares o los amigos quienes notan la diferencia antes que uno mismo.

Cuando esas señales aparecen, una evaluación clínica y neuropsicológica (es decir, un estudio especializado que combina la observación médica con pruebas específicas del funcionamiento cognitivo, como la memoria, la atención y el lenguaje) puede contribuir a comprender qué está ocurriendo y a orientar tanto el diagnóstico como el eventual tratamiento. El criterio central, explica Sánchez Salinas, pasa por observar si las dificultades representan un cambio respecto de cómo se comunicaba la persona hasta ese momento y si efectivamente interfieren en su vida cotidiana, porque no se trata de comparar con los demás sino con uno mismo. Y vale la pena recordar algo que la especialista señala con claridad: el envejecimiento no modifica todas las capacidades del lenguaje por igual; puede llevar más tiempo recuperar ciertos términos, sí, pero la comprensión cotidiana suele conservarse, lo que significa que entender lo que nos dicen no se pierde al mismo ritmo que, a veces, se nos resisten las palabras al intentar responder.

“Acceder a una palabra requiere activar primero su significado y después recuperar los sonidos que permiten pronunciarla; en el fenómeno de punta de la lengua, ese segundo acceso puede demorarse o interrumpirse por un momento.”Camila Sánchez Salinas, licenciada en Psicología y especialista en Neuropsicología Clínica

Dónde atenderse y en qué horario

Para quienes sientan la necesidad de una evaluación, en la ciudad de Buenos Aires y en las principales localidades del conurbano bonaerense funcionan consultorios de neurología y de neuropsicología en hospitales públicos como el Hospital de Clínicas José de San Martín (Córdoba 2350, CABA, atención de lunes a viernes de 8 a 14 horas con turno previo) y el Hospital Italiano de Buenos Aires (Perón 4190, CABA, con servicio de neurología cognitiva disponible de lunes a viernes de 9 a 17 horas, solicitándolo a través de la central de turnos). También se puede consultar en centros privados de reconocida trayectoria, como INECO (Pacheco de Melo 1860, CABA, con turnos de lunes a viernes de 8 a 20 horas), donde trabajan equipos multidisciplinarios especializados en evaluación neuropsicológica. En el interior del país, las obras sociales y los hospitales regionales cuentan con servicios de neurología que pueden orientar la primera consulta. Ante cualquier duda, lo más recomendable es comenzar por el médico de cabecera, quien podrá indicar los estudios iniciales y derivar al especialista adecuado según la necesidad de cada persona.

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Silvana DuarteSalud y sociedad

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