Después de cinco décadas, "Los demonios" recupera su alma en la gran pantalla
La versión completa de la película que Ken Russell soñó en 2004, con los 89 segundos prohibidos por la censura británica restituidos, llega a los cines españoles a partir del 16 de octubre. Una restauración en 4K que devuelve al filme el corazón temático que le amputaron cuando todavía tenía las salas bajo amenaza del Vaticano.

Lo primero que uno percibe al sentarse frente a esta copia restaurada de "Los demonios" es un olor particular, ese aroma a humedad mezclada con polvillo de película antigua que parece escaparse del proyector mismo, como si el celuloide de 1971 todavía tuviera algo que decirle al espectador desprevenido de este siglo. Confieso que a mí me pasó algo raro el otro día mientras la veía en una proyección de prensa: me acordé de un verso del chamamé que cantaba mi abuelo los domingos en la cocina, algo así como "si los males que me aquejan fueran contables, ya tuviera yo la muerte en mi poder". Porque "Los demonios" de Ken Russell, esa película maldita que el Vaticano quiso enterrar y que durante más de cinco décadas solo pudimos ver mutilada, vuelve por fin a los cines españoles en su versión definitiva de 114 minutos, la misma que el director inglés armó en 2004 cuando le devolvieron los 89 segundos que la censura británica le había robado.
Una historia real, un convento en llamas
La historia que cuenta Russell es de esas que parecen inventadas y sin embargo ocurrieron tal cual: en el siglo XVII, en la pequeña localidad francesa de Loudun, un grupo de monjas ursulinas denunció estar poseídas por espíritus malignos, y el dedo acusador señaló hacia el sacerdote Urbain Grandier, párroco atractivo y rebelde, que terminó condenado por brujería y quemado vivo en la plaza del pueblo. Aldous Huxley, el autor de "Un mundo feliz", se obsesionó con aquel episodio y lo convirtió en la novela "Los demonios de Loudun", que terminó sirviendo de base para el guion del filme que protagonizaron Vanessa Redgrave y Oliver Reed, en una de las interpretaciones más incendiarias que se recuerden del cine inglés de los años setenta.
Yo vi "Los demonios" por primera vez siendo muy chica, en una copia en VHS que circulaba por ahí, y me acuerdo del impacto que me causó aquella imagen de las religiosas convulsionando mientras Redgrave, convertida en la hermana Jeanne de los íngeles, les susurraba cosas al oído. Pero esa versión que yo vi, y que millones de espectadores vieron en distintos países durante medio siglo, estaba incompleta. Faltaba algo esencial. Faltaba, según cuentan los que conocen bien al director, el corazón mismo de la película. Como si te sirvieran un asado con todos los cortes menos el bocado principal.
89 segundos que cambiaron todo
Durante décadas circularon dos copias mutiladas: la británica, de 111 minutos, y la estadounidense, todavía más corta, de apenas 108. Para conseguir el permiso de exhibición en sus respectivos países fue necesario eliminar secuencias que Russell y su editor Michael Bradsell consideraban centrales, no por morbo ni por escándalo gratuito, sino porque en esas escenas vivía el sentido profundo de la obra. El crítico cinematográfico Mark Kermode, que tuvo la suerte de conocer personalmente a Russell y de cartearse con él en los últimos años de su vida, fue el que se empeñó en una búsqueda que llevó años enteros, rastreando archivos con ayuda de la filial británica de Warner Bros. y de un puñado de archivistas independientes que se tomaron el asunto como una causa personal. Lo que encontró fue un rollo catalogado con el nombre técnico de "C Cut 89": los maletín segundos exactos, ochenta y nueve, que la Agencia Británica de Clasificación de Películas había retirado oficialmente del filme. Cuando se los restituyeron, Russell por fin pudo montar la versión que siempre quiso, esa de 114 minutos que se proyectó una sola vez en el BFI Southbank de Londres y que ahora, gracias a una restauración en 4K, llega por primera vez a las salas comerciales, empezando por España a partir del 16 de octubre.
“Estas alteraciones le rompieron el corazón a Ken Russell porque el material eliminado no solo contenía parte de su mejor trabajo, sino que también encapsulaba el corazón temático de la película.”Mark Kermode, crítico cinematográfico
La pelea con el Vaticano y con los municipios
Porque hay que decirlo todo: "Los demonios" no fue una película cómoda para nadie. En los años setenta, diecisiete municipios de Gran Bretaña directamente la prohibieron, y donde se exhibió lo hizo bajo la infamous calificación X, esa etiqueta británica que equivalía, en la práctica, a una señal de "no recomendada para menores de 18 años". Finlandia la mantuvo vetada hasta noviembre de 2001, nada menos. Y el Vaticano, la Santa Sede, condenó la película y pidió que se cancelaran sus proyecciones en el Festival de Cine de Venecia, donde se la había presentado originalmente. Pocas películas del siglo XX habrán acumulado tantos enemigos con tanto poder concentrado.
- Se proyecta desde el 16 de octubre en cines de España en copia restaurada en 4K con la duración íntegra de 114 minutos.
- Es la primera vez que llega a las salas en la versión que Ken Russell consideró definitiva, montada en 2004.
- La versión británica censurada tenía 111 minutos; la estadounidense, apenas 108; el material restituido son 89 segundos clave.
- En los años 70, 17 municipios británicos la prohibieron y Finlandia la mantuvo vedada hasta noviembre de 2001.
- El Vaticano condenó el filme y pidió cancelar sus proyecciones en el Festival de Venecia.
Russell, que murió en 2011 sin llegar a ver su obra completa recorriendo las salas como merecía, describió a "Los demonios" como su única película genuinamente política. "Para mí, trataba sobre el lavado de cerebro, sobre la toma del poder por parte del Estado", dijo en una de sus últimas entrevistas. Y uno, después de ver la versión restaurada, entiende exactamente qué quería decir: hay escenas en esos 89 segundos recuperados que muestran, con una crudeza que hoy todavía molesta, cómo se fabrica un enemigo, cómo se enciende a una multitud contra un chivo expiatorio, cómo el aparato del poder necesita un hereje para justificar su propia violencia. La monja que acusa, la monja que duda, el sacerdote que arde: son personajes de un siglo XVII que sin embargo nos miran desde este siglo con una actualidad que asusta. Por eso conviene no perderse esta vuelta a las salas. Es, literalmente, una película que estaba prohibida y ahora no.
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