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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Impenetrable

Voces del Impenetrable

Diego Leuco y Sofi Martínez se cruzaron al aire y él terminó admitiendo que la extraña más veces sí que no

En un segmento de preguntas cruzadas, los expareja dejaron ver cómo quedó la convivencia digital después de la ruptura y los recuerdos materiales que ninguno devolvió.

MP
Milagros ParedesCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
Diego Leuco y Sofi Martínez se cruzaron al aire y él terminó admitiendo que la extraña más veces sí que no

Volví a encontrarme con esa incomodidad linda que tiene la tele cuando deja de ser un decorado y se convierte en un confesionario a puertas abiertas, y este cruce entre Diego Leuco y Sofi Martínez tiene exactamente esa textura, la de dos periodistas que se conocen de memoria y que todavía están aprendiendo a olvidarse de a ratos, sentados uno al lado del otro mientras un conductor los interroga sobre lo que fueron y lo que les quedó dando vueltas, y en ese pasamanos de respuestas se cuelan verdades que en cualquier otra entrevista sonarían impostadas pero que acá, en este contexto tan puntual, terminan sonando genuinas como pocas veces se escucha en la pantalla chica.

La dinámica fue simple y a la vez bastante filosa: un cuestionario cruzado sobre la propia relación, con preguntas sobre la duración del vínculo, el comportamiento de cada uno en redes sociales después de la separación y los objetos personales que quedaron pendientes entre uno y otro, y las respuestas fueron saliendo con esa mezcla tan particular de humor y sinceridad que suele aparecer cuando dos personas que se quisieron mucho se reencuentran en un set y se dan permiso para mostrarse como son, sin la solemnidad que a veces se les pega a estos temas cuando los agarra un noticiero tradicional.

El silencio en redes y los mensajes borrados

Uno de los tramos más comentados del segmento pasó por el vínculo digital post ruptura, porque Martínez fue muy directa al contar que el mismo día que se separaron decidió silenciarlo en todas sus plataformas y que esa decisión se mantiene hasta hoy, sin alterar nada más, y lo justificó con una frase que se hizo carne en redes: era mejor silenciarte que eliminarte, como si esa diferencia técnica entre el silencio y la baja definitiva fuera también una diferencia emocional enorme, y Leuco, del otro lado, reconoció con gesto entre resignado y genuinamente incómodo que esa decisión todavía lo molesta, que sigue lidiando con un bloqueo que no eligió, una situación que pinta de cuerpo entero cómo quedan muchas separaciones hoy, con la cuenta de Instagram como un campo minado donde cada like, cada historia y cada aparición en recuerdos del teléfono se vuelven decisiones cargadas de significado que las dos partes tienen que tomar por separado.

Lo más llamativo de ese tramo, y lo que terminó funcionando como una pequeña radiografía de la cultura sentimental de nuestra época, fue cuando Martínez contó que no borró las fotos compartidas pero que ajustó la configuración del teléfono para que la cara de su expareja no aparezca en los recuerdos automáticos del dispositivo, o sea que conviven con la memoria pero sin que el algoritmo les tire pedazos de lo que fueron en la cara cada vez que abren la galería, una solución intermedia muy de estos tiempos que muestra hasta qué punto las plataformas y la tecnología terminan condicionando la forma en que procesamos un duelo amoroso, y Leuco completó el cuadro confesando que él, del otro lado, le escribió mensajes que después borró sin enviar, una confesión que él mismo justificó con un yo soy de escribir largo y que ella recibió entre risas, como si la extensión de los textos fuera también una pista sobre la manera que tiene cada uno de habitar los vínculos.

La pregunta del millón y la respuesta que no esquivó

El momento más esperado del cruce llegó cuando el conductor le preguntó a Leuco si todavía la extrañaba en el plano sentimental, y ahí se vio esa cosa tan humana que pasa cuando alguien intenta esquivar la respuesta y no le sale, porque Leuco arrancó tibio, medio tanteando el terreno, y terminó siendo preciso como un bisturí cuando dijo muchas veces sí, más veces sí que no, una frase que condensó todo lo que había venido diciendo antes sobre los mensajes borrados, sobre la energía distinta que se siente cuando el otro no está y sobre la incomodidad de los silencios que uno no eligió, y al mismo tiempo dejó en claro que la honestidad en la tele, cuando aparece, aparece así de desnuda, sin demasiados adornos ni demasiados guiños a la prudencia informativa que suele reinar en otros formatos.

El día que elegirían borrar si pudieran

El segmento cerró con una pregunta que funciona casi como un recurso de cierre obligado en estos cruces, qué día borrarían de la historia compartida si tuvieran la posibilidad, y Leuco eligió el de la separación con una justificación que dice mucho y dice poco al mismo tiempo, no hubo días tristes en nuestra relación pero eliminaría ese, una forma muy peculiar de querer borrar el punto final sin renegar del recorrido, y Martínez acompañó la respuesta con su silencio cómplice, porque cuando alguien dice eso delante de la persona con la que compartió ocho años y casi todo lo importante de la última etapa de su vida adulta, sobran las palabras y los gestos de ella terminaron hablando más que cualquier frase.

“Muchas veces, sí. Más veces sí que no.”Diego Leuco

A mí, como espectadora que vio este cruce con la pantalla encendida a la noche, lo que me queda dando vueltas es esa pregunta que dejé planteada arriba y que todavía no me saco de la cabeza: si estos reencuentros televisivos entre exparejas son una forma sana de cerrar etapas o si en realidad abren más preguntas de las que responden, porque por un lado está el efecto terapéutico de poder mirarse a la cara, decirse cosas pendientes y seguir adelante con la frente alta en un ámbito tan público como la televisión, y por el otro está el riesgo de que se vuelva un género en sí mismo, un recurso fácil para generar ruido en redes a costa de historias que tal vez merecían un cierre más íntimo, y la diferencia, me parece, pasa por la honestidad de los protagonistas: cuando Leuco y Martínez se cruzan así, sin la solemnidad impostada y con permiso para reírse de sus propios desencuentros, lo que termina pasando es que se visibiliza una forma de separarse que no es ni enemiga ni edulcorada, sino adulta, concreta y bastante más parecida a la vida real de la que vemos normalmente en las tandas publicitarias de los mismos canales donde se emite este tipo de programas.

MP
Milagros ParedesCultura y espectáculos

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