El 1 a 0 que le dibuja una sonrisa a la Pulga: Otamendi le firmó la despedida
Messi no pudo meterla, pero la armó. En una Bombonera vestida de Monumental, el capitán se despidió con la gente arriba y la historia todavía abierta.

Digan lo que quieran del calor de esta tarde en Núñez, pero el que de verdad hizo hervir el Monumental fue otro: el árbitro, que a los diez minutos decidió parar la pelota para que la gente pudiera aplaudir a Messi como se merece. Y la gente, claro, obedeció. Lo aplaudió como si no hubiera mañana, mientras se caían las bengalas arriba y el diez levantaba los brazos con esa cara de nene que le queda cuando no sabe si reír o llorar.
Después de eso, el partido se jugó. Y vaya si se jugó. Porque la Selección, en un primer tiempo que dejó más dudas que certezas, chocó contra un arquero de Benín llamado Dandjinou que salió como si tuviera el contrato firmado para figura. Le sacó un tiro libre a Messi, le ganó un mano a mano al Araña, y se comió el partido entero mientras la Pulga se paseaba por la izquierda repartiendo centros que no terminaban en la red por milímetros.
El gol que llegó cuando tenía que llegar
Para el segundo tiempo, la cosa cambió. A los pocos minutos, Messi agarró la pelota por izquierda, se sacó a uno de encima y la metió al área. En el medio, como en los viejos tiempos, apareció el General Otamendi, que la bajó con categoría de centrodelantero y la mandó a guardar con la derecha. Cero complejos. El defensor que muchos criticaron durante años se transformó en el artillero de la despedida de su amigo, y la imagen de los dos abrazándose quedó flotando en la noche porteña.
Antes de ese gol, el encuentro había tenido de todo. Argentina tuvo sus chances, pero también las pasó mal. Dibu Martínez tuvo que aparecer cuando Benin se animó: Olaïtan y Ouorou probaron desde lejos, Tosin se perdió un gol cantado tras una corrida de Aloko, y el arco argentino mostró algunas grietas que en un partido oficial serían un dolor de cabeza. Por suerte, era una despedida, y las despedidas suelen ser amables.
- Otamendi, el defensor con alma de nueve, estampó el 1 a 0 parcial con una definición de manual tras el centro de Messi.
- Messi se retiró a los diez minutos del primer tiempo en medio de una ovación popular que cortó el partido, con fuegos artificiales incluidos.
- El arquero Dandjinou fue la figura del primer tiempo: le ahogó el grito al diez, al Araña y hasta al equipo entero.
- Benín no vino a pasear: complicó con velocidad, generó tres situaciones claras y le dio un susto a Dibu Martínez.
- En la previa, los hijos de Messi acompañaron al capitán al campo, con camiseta gigante, luces y la presencia de campeones del mundo de varias camadas.
- En el entretiempo, Gaspar Benegas le puso música a la tarde, mientras la gente se preguntaba si Messi se sacará la foto con la Copa antes de irse.
Lo que viene y lo que ya se fue
A esta hora de la noche, uno mira hacia atrás y piensa en lo que vio: un equipo que no la pasó bien, un arquero rival que se llevó los flashes, un Diez que no pudo meterla pero la inventó igual, y un Otamendi que se vistió de héroe sin pedir permiso. La Pulga se despidió como merecía: con la gente de pie, sus hijos en la cancha, los campeones del mundo rodeándolo y un gol de los suyos en el marcador. Y la sonrisa del General, abrazando al capitán, fue la postal que se llevó todo el país.
Ahora sí, con la frente alta y el corazón un poco roto, Argentina se va a la ventana de octubre con la sensación del deber cumplido. La que viene, otra cancha y otra historia, pero esta despedida ya quedó guardada para siempre. Monumental, testigo mudo de la última función del mejor de todos los tiempos con la celeste y blanca.
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