El Calamar se quedó con las manos vacías: Platense ganó, pero la serie se le escurrió entre los dedos
El equipo de Palermo ganaba 2-0 y estaba adentro. Un gol de Canobbio en el arranque del complemento le aguó la fiesta al Calamar y mandó a Fluminense a semifinales. La diferencia acumulada de la ida fue demasiado.

Lo dije siempre: en estas series el arco propio no perdona. Platense hizo todo bien durante cuarenta y pico de minutos, se puso 2-0 arriba, igualó la eliminatoria y se dio el gusto de complicarle la noche al Fluminense. Pero el fútbol, queridas y queridos, tiene esa costumbre bárbara de recordarte que la mochila de la ida pesa, y mucho.
El Calamar llegó a Vicente López con la obligación de revertir un 2-0 en contra. Necesitaba dos goles para mandar la historia a los penales. Y vaya si los consiguió en la primera parte: el Mainero rompió el cero a los 29 con una jugada de manual y el Sepúlveda, de testa, puso el segundo cuando el reloj ya marcaba 47 y el árbitro silbaba el entretiempo. Hasta ahí, soñábamos todos.
El baldazo de agua fría llegó en el amanecer del segundo tiempo
A los 11 del complemento, Canobbio mandó el frentazo al fondo de la red y le metió un baldazo de agua fría al pueblo de Vicente López. De un plumazo, al Calamar le apareció un gol más en el debe. Y ahí se vio lo de siempre: el equipo de Palermo se fue con todo, tiró centros, tiró paredes, tiró corazón, pero la noche no estaba para más.
Thiago Silva, Fabio y la mala suerte se pusieron de acuerdo. Ni el ingreso del Zapiola, ni los centros del Pallero, ni las corridas del Mainero pudieron torcer el destino. Fluminense se replegó, metió el camión adelante y se llevó el premio mayor pese a perder el partido.
- Platense ganó 2-1 con goles de Mainero (29m) y Sepúlveda (47m).
- Fluminense clasificó por el 3-2 global de la serie.
- Canobbio descontó a los 11 del segundo tiempo y le ahogó el sueño al Calamar.
- Palermo metió a Zapiola en el complemento para buscar el tercero que nunca llegó.
Me da bronca, la verdad. Este Platense se comió la trampa de los grandes, plantó cara contra un Fluminense plagado de figuras y se quedó a un gol de la hazaña. Pero también es justo decirlo: la diferencia la construyeron ellos en la ida, y acá pagaron la cuenta.
La eliminación duele, pero la imagen no. El Calamar se va de la Copa Libertadores con la frente alta, y eso, en un club que vivió tantas noches bravas, no es poco. La que viene, muchachos, en casa. Y ahí hay que ganar otra vez.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo



