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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Impenetrable

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El precio del iPhone 18 Pro, una decisión que Apple va a pagar en ventas

La misma fiebre por la inteligencia artificial que recalentó la cotización de los chips de memoria terminó golpeando el bolsillo del consumidor y enfriando la demanda del flagship de la manzana. La compañía pidió a proveedores reducir hasta un quinto de los pedidos previstos para octubre. Una muestra de cómo una política industrial ajena a Occidente puede terminar condicionando el consumo en cualquier barrio del mundo.

RC
Rubén CoriaPolítica provincial y municipal · · 3 min de lectura
El precio del iPhone 18 Pro, una decisión que Apple va a pagar en ventas

Hace ya varios años, cada vez que un gobierno anunciaba un plan para atraer inversiones al sector tecnológico, se repetía la misma promesa: generar empleo de calidad, sumar valor agregado y, sobre todo, derramar mejoras concretas al consumidor. Una vez más, la promesa quedó en el camino. Esta vez lo que está en juego no es un anuncio macroeconómico, sino un bien tan cotidiano como un teléfono celular. La carrera por construir centros de datos para inteligencia artificial disparó más del 400% el precio de los chips de memoria en apenas dos años y terminó recalentando toda la cadena del sector.

Apple, que hasta hace poco podía absorber sin sobresaltos los aumentos de sus proveedores porque repartía costos en volúmenes enormes, esta vez decidió hacer lo que cualquier empresa haría cuando se le encarece el insumo principal: trasladarlo al precio final. El iPhone 18 Pro arrancó en 1.199 dólares en Estados Unidos y la versión Pro Max en 1.299 dólares, exactamente cien dólares por encima de los modelos que vinieron a reemplazar. El presidente de la compañía, Tim Cook, describió el alza de la memoria como una inundación que ocurre cada cien años.

El problema: la demanda no acompañó

El encarecimiento iba a surtir efecto tarde o temprano. La duda era cuánto tiempo tardaría el consumidor en dar la señal de alerta. Apple la recibió más rápido de lo previsto. Según trascendió, la firma solicitó a varios de sus proveedores recortar los pedidos de componentes previstos para octubre entre un 15% y un 20% para los modelos Pro y Pro Max. Un ejecutivo de uno de esos proveedores confirmó las cifras, aunque sin dar más detalles. Desde Cupertino, en tanto, optaron por el silencio y no hicieron comentarios públicos sobre el ajuste.

Digámoslo claro: lo que está en juego no es una cuestión de marketing ni de calendario, sino de precio. Cuando un producto premium sube cien dólares de un año a otro en un mercado donde la diferencia entre comprarlo o postergarlo es cada vez más fina, la demanda termina cediendo. Y eso fue exactamente lo que pasó.

Un calendario que tampoco ayudó

  • En septiembre se presentaron sólo los modelos de gama alta (Pro y Pro Max).
  • Los modelos intermedios, el iPhone 18 estándar, una versión más económica y la segunda generación del iPhone Air, se lanzarán recién a inicios de 2027.
  • Esta vez toda la línea nueva no salió junta, como en años anteriores, lo que concentra la demanda en los segmentos más caros.
  • El fenómeno no es exclusivo de Apple: otros fabricantes ya habían recortado hasta un 30% sus metas de despacho para 2026 antes de mitad de año.

Un detalle técnico clave para no malinterpretar la cifra: un recorte de pedidos de piezas no equivale automáticamente a menos ventas finales, porque los fabricantes ajustan inventarios en distintas etapas. La fotografía más nítida llegará a comienzos de noviembre, cuando se conozcan los resultados del trimestre cerrado en septiembre. Mientras tanto, la lectura política del asunto es bastante directa: la carrera global por la inteligencia artificial está encareciendo insumos críticos, está forzando subas de precio en productos de consumo masivo y ya está empezando a golpear el bolsillo de la gente común, la misma que ninguna promesa solemne había alcanzado a proteger.

Lo que debería hacer el directorio de Apple es asumir que el consumidor de a pie ya envió un mensaje claro, devolver algo de flexibilidad en el precio y, sobre todo, dejar de presentar cada movimiento como si fuera una catástrofe natural inevitable. Y en lo que toca a los gobiernos nacional y provinciales, lo que deberían hacer es tratar de entender, de una vez por todas, cómo funciona el mercado mundial de semiconductores, antes de seguir anunciando planes que no modifican en absoluto la vida cotidiana de la gente.

RC
Rubén CoriaPolítica provincial y municipal

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