Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Voces del Impenetrable

Voces del Impenetrable

El susurro de un mechero y el llanto verdadero de Drew Barrymore en la apertura de Scream

A 30 años del estreno de la película de Wes Craven, la escena inicial que mató a su estrella antes de los quince minutos sigue ocultando un truco de dirección que mezcló crueldad animal, acting y marketing.

MP
Milagros ParedesCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
El susurro de un mechero y el llanto verdadero de Drew Barrymore en la apertura de Scream

A veces, antes de que arranque la música y los créditos, una película te deja una marca que no se va. A mí me pasó la primera vez que vi la apertura de Scream en el living de casa, con el volumen del televisor tan bajo que igual se escuchaba ese teléfono sonando y la voz de Drew Barrymore cada vez más rota del otro lado de la línea. Lo que descubrí hace poco cambia la escena para siempre: las lágrimas de Casey en esa secuencia no fueron actuadas. Fueron arrancadas por un truco tan simple como perturbador, que une una noticia policial sobre crueldad animal, la intuición de Wes Craven y una decisión de marketing que volvió a escribir las reglas del slasher.

Lo cuento como me lo contaron, porque esta vez me toca ser la cronista y no la espectadora. La noche previa al rodaje de la escena inicial, Drew Barrymore leyó en su casa una nota sobre un dueño que había quemado vivo a su perro. La imagen, el detalle, la impunidad del hecho, se le quedaron grabadas. Al día siguiente, cuando llegó al set y se lo mencionó a Craven como al pasar, el director encontró ahí mismo la llave emocional que estaba buscando para una escena en la que, técnicamente, no había demasiado espacio para el duelo.

Un mechero encendido dentro del set

Porque el personaje recibe el llamado, contesta, entra en un juego macabro sobre películas de terror y termina degollado antes de los quince minutos. No hay tiempo para que la audiencia se encariñe. Entonces, ¿cómo se construye el lazo entre el público y Casey si la matan tan rápido? Con el cuerpo, con la voz y con un llanto que sea de verdad. Lo que hizo Craven fue, durante la filmación, susurrarle al oído a Barrymore la frase Estoy encendiendo el mechero para que volviera a esa imagen que la había perturbado la noche anterior. La estrategia aparece relatada en el libro que repasa la producción de la película, donde Julie Plec, por entonces asistente de dirección del propio Craven, recuerda lo que se escuchaba desde afuera del set cerrado: Se oía a Drew gritar y aullar, y yo pensaba ¿pero qué coño está pasando ahí dentro? Y era Wes, que la estaba animando.

Eso que se oía desde afuera era el sonido de una actriz llorando de verdad, no la representación de un personaje asustado. La diferencia se nota, y se nota mucho. Es el tipo de detalle que después uno recuerda mientras escucha chamamé en una peña, con algún clásico de Julio Sosa de speaker, y se da cuenta de que el cine de terror también tiene sus modos de pedir prestado al dolor de verdad. Pienso en eso, en cómo un director se sirve de una emoción genuina para que el plano funcione, y me parece una decisión tan humana como cinematográfica. No la voy a adornar con frases que el material no me dé.

La otra capa del golpe: marketing y expectativa

Pero el llanto real es solo una de las dos capas que hacen de esta apertura una de las escenas más estudiadas del género. La otra fue una operación de prensa calculada al milímetro. Barrymore apareció como figura central en todos los materiales promocionales de Scream: afiches, tráiler, notas en diarios. El público fue inducido a pensar que ella era la protagonista. Richard Potter, director de desarrollo de Dimension Films, lo planteó con una frase que todavía sirve como manual de campaña: Vas a ver el tráiler y los anuncios, y vas a estar seguro de que ella es la protagonista. Es imposible que muera. Cuando muera al final de esa secuencia, pensarás cualquiera podría morir.

Mirado en perspectiva, treinta años después del estreno, lo que Craven logró en esa secuencia sigue funcionando como clase de manual: cómo construir tensión y sorpresa al mismo tiempo, sin que una mate a la otra. El llanto verdadero de Barrymore le puso piel a un personaje que apenas tenía tiempo de existir. La campaña de prensa le puso al público una venda en los ojos para que el golpe fuera doble: la pérdida de Casey y, con ella, la sospecha de que nadie en el zoolan está a salvo. Personalmente, me reconcilio un poco más con el género cada vez que aparece una historia así, donde la oscuridad de la pantalla convive con decisiones muy pensadas para sostener.

MP
Milagros ParedesCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo