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Hábitos que cuidan la memoria: lo que dejó el mayor estudio regional sobre prevención de la demencia

El ensayo LatAm-FINGERS siguió durante dos años a más de mil adultos mayores de once países y confirmó que una estrategia combinada de alimentación, movimiento, entrenamiento cognitivo, vínculos sociales y control cardiovascular puede mejorar el rendimiento cognitivo en la adultez mayor.

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Silvana DuarteSalud y sociedad · · 4 min de lectura
Hábitos que cuidan la memoria: lo que dejó el mayor estudio regional sobre prevención de la demencia

Imagino la sala de espera de un centro de salud un martes por la mañana: jubilados con sus turnos programados, alguno que otro hijo acompañando a su madre, todos con esa mezcla de paciencia y expectativa que aparece cuando uno va a controlarse la presión o a pedir un análisis de sangre. Esa escena, que parece rutinaria, fue el punto de partida de una conversación mucho más amplia que se dio estos días en Buenos Aires, donde especialistas de toda América Latina pusieron sobre la mesa algo que durante mucho tiempo pareció un anhelo más que una certeza: que la demencia no es solo una sentencia que llega con los años, sino una condición sobre la que se puede intervenir antes de que aparezca, y que esos cambios empiezan, justamente, en la consulta con el médico clínico y en la cocina de cada casa.

Una estrategia que combina cinco pilares

Lo que los investigadores presentaron en el encuentro es lo que en la jerga médica se conoce como intervención multifactorial, es decir, un programa que ataca varios factores de riesgo al mismo tiempo en lugar de uno solo. En el caso de la demencia, esos factores son la alimentación, el movimiento, la actividad mental, los vínculos sociales y el cuidado cardiovascular. La idea, me explicaron los especialistas, es que el cerebro no funciona en aislamiento: si los vasos sanguíneos están deteriorados por la hipertensión, la diabetes o el colesterol alto, las neuronas reciben menos oxígeno y nutrientes, y con el tiempo ese deterioro se traduce en olvidos cada vez más frecuentes, en desorientaciones y, en los casos más avanzados, en la pérdida de autonomía que asociamos con el Alzheimer y otras demencias. Por eso la estrategia preventiva incluye desde caminar treinta minutos por día hasta controlar la glucemia y dejar de fumar.

Lo que distingue a este enfoque de las recomendaciones sueltas que suelen escucharse en cualquier consulta es que se trata de un paquete integrado, con metas concretas y acompañamiento profesional, pensado para sostenerse en el tiempo y no para abandonarse a las dos semanas, como suele pasar con las promesas de Año Nuevo.

“La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales.”Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS

Los números del estudio regional

  • Participaron 1.065 personas de entre 60 y 77 años, distribuidas en 11 países de América Latina.
  • El seguimiento se extendió durante dos años, con evaluaciones cognitivas al inicio y al final.
  • Los participantes se dividieron en dos modalidades: una con actividades organizadas y contacto frecuente con equipos de salud, y otra con recomendaciones para incorporar los hábitos de manera más autónoma.
  • El grupo que recibió la intervención más estructurada registró una mejora estadísticamente significativa en la cognición global, es decir, en el rendimiento combinado de memoria, atención, lenguaje y razonamiento.
  • El 80% de los participantes tuvo una adhesión moderada o alta al programa, lo que sugiere que el enfoque resulta viable en la vida real y no solo en condiciones de laboratorio.
  • El 84,9% completó la evaluación final, una cifra alta para un ensayo de esta duración y complejidad, que habla del compromiso de los voluntarios y de los equipos de investigación.

Lo que más me llamó la atención al conversar con los investigadores es que nadie presenta estos resultados como una promesa de que una vida saludable garantiza que la demencia no vaya a aparecer. Sería deshonesto prometer eso, y sería además injusto con los lectores que conviven con un padre, una madre o un abuelo que pese a haber llevado una vida ordenada igual desarrolló la enfermedad. Lo que la evidencia muestra es otra cosa, más modesta pero a la vez más poderosa: que en poblaciones grandes y diversas como la nuestra, una intervención diseñada con seriedad y adaptada a cada contexto puede enlentecer el declive cognitivo, mejorar el rendimiento en pruebas de memoria y, sobre todo, demostrar que el sistema de salud tiene herramientas concretas para actuar antes de que los síntomas se vuelvan evidentes. En un país donde la población envejece y donde las listas de espera en neurología se cuentan por meses, esa posibilidad de prevenir es, créanme, una buena noticia.

En lo personal, como alguien que conversa a diario con lectores que me preguntan qué pueden hacer por un familiar con olvidos cada vez más notorios, rescato de este encuentro una certeza que me parece enorme: la prevención no es un eslogan, es un programa de cinco patas que empieza por pedir un turno con el médico de cabecera para controlar la presión, la glucosa y el colesterol, y sigue por una caminata diaria, una alimentación más variada, un crucigrama o un curso de algo nuevo, y una llamada a ese amigo que hace meses que no vemos. Para quienes quieran profundizar, en FLENI y en los centros de memoria de los hospitales públicos de la Ciudad y de la provincia de Buenos Aires funcionan consultorios especializados en evaluación cognitiva, generalmente de lunes a viernes en horario matutino, donde se puede consultar si los olvidos forman parte del envejecimiento normal o si conviene iniciar un estudio más completo. La cita, me dicen los especialistas, es siempre el primer paso.

SD
Silvana DuarteSalud y sociedad

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