Saltar al contenido
Domingo, 18 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Voces del Impenetrable

Voces del Impenetrable

Helmut Ditsch, el pintor de los glaciares, se pasa al cine con una película que le cuesta ocho años y dos despedidas

El artista argentino más caro de la historia llega al Festival de Mar del Plata con su ópera prima, financiada con la venta de sus propios cuadros y dedicada a su madre y a su esposa, las dos mujeres que perdió por cáncer de mama. Estreno mundial el 6 y 7 de noviembre.

MP
Milagros ParedesCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Helmut Ditsch, el pintor de los glaciares, se pasa al cine con una película que le cuesta ocho años y dos despedidas

Lo primero que uno siente al entrar al mundo de Helmut Ditsch es un silencio raro, como el de un glaciar cuando todavía no se quebró. Esa quietud enorme, blanca, que parece eternizarse, es la misma que se escucha del otro lado de la pantalla cuando el pintor argentino más cotizado de la historia decide contar, por primera vez, su propia historia. Lo hace a los 73 años, con una película que tardó casi una década en terminar y que va a verse por primera vez en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, en su edición número 41, el 6 y 7 de noviembre. La película se llama Helmut. El hielo y la eternidad transitoria, y no es casualidad que el hielo aparezca en el título: Ditsch es, desde hace décadas, el artista de los óleos monumentales de glaciares y cordilleras que se vendieron a precios sin precedentes en las subastas europeas.

Pero esta nota no va de plata, va de duelo. Va de dos mujeres que se le fueron y de un hombre que, cuando murió la segunda, dejó los pinceles guardados y se fue a caminar el mundo. La madre, Inge, se fue a los 33 años. La esposa, Marion, alrededor de los 35. Las dos por cáncer de mama. Cuando Marion murió en 2009, Ditsch tomó una mochila y se lanzó a recorrer unos 11 mil kilómetros por los Alpes y los Andes, buscando un lugar donde dejar las cenizas que ella le había pedido que esparciera. Recorrió cinco países, durmió en refugios, se perdió, volvió a empezar. Cuando por fin creyó encontrar el sitio, sintió que algo no cerraba. Ese lugar, pensó, tenía que ser una obra de arte. Y de esa intuición nació la película.

Una película autofinanciada, rodada en cinco países

El rodaje se extendió por ocho años y pasó por Malta, Cerdeña, Viena, los Alpes, Tenerife y el salar de Uyuni. El presupuesto arrancó en tres millones de euros y terminó cerca de los seis, todos puestos con el dinero que salía de la venta de los propios cuadros de Ditsch. El primer cuadro de gran formato que pintó después de la muerte de Marion fue hecho para el filme y quedó filmado, cuadro por cuadro, desde el lienzo en blanco hasta la última pincelada. Esa secuencia, dicen los que vieron material de la película, es de las cosas más bellas que se van a ver este año en cine argentino.

Para los papeles centrales, Ditsch buscó durante años a las actrices que pudieran encarnar a Inge y a Marion. La elegida fue la francesa Jeanne Goursaud, que tiene los rasgos físicos que el pintor asocia con las dos mujeres de su vida. El alter ego joven del protagonista lo interpreta Joaquín Berthold. Y como codirectora quedó Suzy Prauss, una pintora amiga de Ditsch, a quien él mismo llamó porque entendía que una historia centrada en dos mujeres no podía ser contada sin una mirada femenina en la dirección.

El debutante que no quería debutar

  • Ditsch no iba a ser el protagonista. Pensó en otro actor para el papel, pero un colega de la industria le señaló que nadie más podía hacer ese papel y le recomendó ponerse él mismo detrás y delante de cámara.
  • El filme se financió íntegramente con la venta de obras del propio artista, sin aportes de productoras ni subsidios públicos.
  • La película tiene su estreno mundial en Mar del Plata, en la sección oficial de la 41.ª edición del festival de categoría A.
  • Ditsch vuelve a pintar para la película: el primer cuadro de gran formato posterior a 2009 fue hecho especialmente para el rodaje.

Antes de cerrar la nota, me quedo pensando en algo que me dijo una vez un viejo luthier del Litoral, mientras tallaba un puente de guitarra con las manos llenas de aserrín: las obras grandes siempre nacen de una herida que no se cierra. Me parece que es lo que pasa acá. La película de Ditsch no es un capricho de pintor famoso con ganas de probarse en otro arte. Es, más bien, la consecuencia directa de dos pérdidas que todavía le pesan, contada por alguien que aprendió a mirar el mundo como si fuera un cuadro enorme y que ahora, en vez de pintar la nieve, decide caminarla, filmarla y dejarla en una sala de cine para que otros también la sientan. Si andan por Mar del Plata esos días, vale la pena sentarse en la butaca y dejarse llevar por este hielo que, contra lo que dice el título, no es para nada transitorio.

“Ese lugar tenía que ser una obra de arte. Por eso no podía ser cualquier sitio, y por eso tampoco podía ser solo un cuadro: tenía que ser una película.”Helmut Ditsch
MP
Milagros ParedesCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo