Henry Cavill y Jake Gyllenhaal se cruzan en la nueva apuesta de Guy Ritchie, rodada entre volcanes y playas canarias
El director británico vuelve al género que mejor conoce con un thriller de persecuciones, conspiraciones y explosiones que tiene a Tenerife como escenario principal y a un elenco internacional encabezado por dos de las caras más codiciadas de Hollywood.

Lo primero que me golpeó, apenas empezaron a caer los primeros planos del trailer, fue ese olor a salitre mezclado con pólvora que tienen las películas cuando el mar no es decorado sino protagonista. Y en «En la zona gris», la nueva película de Guy Ritchie, el océano Atlántico que rodea a Tenerife funciona menos como postal turística y más como un personaje más, uno que respira, que amenaza y que termina envolviendo cada persecución, cada tiroteo y cada explosión que los realizadores fueron plantando a lo largo y a lo ancho del archipiélago canario. La propuesta, hay que decirlo de entrada, no viene a reinventar nada: Ritchie sabe lo que hace, y lo que hace lo hace bien, así que la cinta se apoya en una combinación conocida y eficaz de acción descarnada, intriga conspirativa y personajes con más sombras que luces, todo condimentado con esos paisajes volcánicos y costeros que tienen una plasticidad irresistible.
Un reparto que mueve la aguja
El primer gran imán de la película es, sin ninguna duda, su elenco. Henry Cavill y Jake Gyllenhaal vuelven a cruzarse en la pantalla grande en un duelo de interpretaciones que ya les dio enormes satisfacciones a ambos en títulos anteriores, y aquí se reencuentran para darle vida a personajes que, por lo que se desprende del material promocional, están mucho más cerca del cinismo y del cálculo que del heroísmo clásico. Cavill llega con esa presencia física que lo hizo inolvidable como Superman, pero la pone al servicio de un papel más terrenal, más áspero, donde el cuerpo entrenado se mezcla con un cinismo de oficina y un oficio de hombre acostumbrado a que las cosas no salgan como uno las planea. Gyllenhaal, por su parte, se mueve como pez en el agua en ese registro de tipos rotos por dentro que fingen una frialdad imposible, y la química entre ambos se nota desde los primeros minutos de metraje, incluso en las escenas donde comparten plano sin decirse una sola palabra.
A ese frente de lujo se suma un actor de la casa, alguien que conoce los códigos del género y que además aporta el condimento local que toda coproducción con sello ibérico necesita: Carlos Bardem, que se mueve en el papel con la solvencia de alguien que lleva décadas habitando estos universos de mafiosos, sicarios y negociaciones a oscuras. Su presencia, breve o extensa según vaya marcando el ritmo del filme, le da a la propuesta ese plus de autenticidad que muchas veces falta cuando los elencos internacionales parecen de visita.
Tenerife como escenario total
Hay algo que me llama poderosamente la atención y que quiero compartir con ustedes: pocas veces una producción de este calibre se entrega al paisaje con tanta decisión como lo hace «En la zona gris». Tenerife no es simplemente el lugar donde se rodó; es casi el tercer protagonista del relato. Los acantilados, las carreteras sinuosas que bordean el mar, los bares portuarios donde se cruzan las miradas, las playas de arena oscura que parecen de otro planeta, todo se integra a la narración con una naturalidad que cuesta lograr cuando se trabaja con equipos extranjeros en locaciones que no son las habituales para una superproducción de Hollywood. Las carreras de buggy por caminos volcánicos, las escenas en muelles y los tiroteos en entornos abiertos encuentran en la geografía canaria un aliado que ningún set construido en estudio podría igualar. Y no es un detalle menor: para una generación de espectadores que ya vio todo en materia de explosiones digitales, el contacto con el territorio real se vuelve un valor agregado, una especie de sello de autenticidad que se huele en cada plano.
- Director: Guy Ritchie, responsable de «Snatch: cerdos y diamantes», «Operación U.N.C.L.E.» y las dos entregas de «Sherlock Holmes».
- Protagonistas: Henry Cavill y Jake Gyllenhaal como la dupla central del conflicto.
- Elenco de apoyo: Carlos Bardem, entre los rostros más reconocibles del reparto ibérico.
- Rodaje: Tenerife, Islas Canarias, con localizaciones costeras y volcánicas.
- Género: thriller de acción con persecuciones, disparos, conspiraciones y enfrentamientos cuerpo a cuerpo.
- Marco narrativo: las Islas Canarias son presentadas como un territorio bajo el control de un misterioso millonario.
- Agenda del director: el filme se suma a sus proyectos para televisión como «The Gentlemen», «Mobland», «El joven Sherlock» y la futura «Capital».
Una historia a la medida del director
El argumento se mueve en el terreno que mejor conoce Ritchie y en el que mejor se ha lucido a lo largo de su carrera: el submundo del crimen organizado, los pactos entre gallos de distintos corralitos, los dobles fondos morales de personajes que se creen más listos que el resto y, sobre todo, esa madeja de traiciones cruzadas que se desata cuando un millonario sin rostro decide mover sus piezas en un territorio que hasta ese momento funcionaba con reglas no escritas pero estables. La idea de presentar a las Canarias como una suerte de patio trasero de un magnate lo suficientemente poderoso como para torcerle el cuello a la ley convierte al archipiélago en un tablero de ajedrez donde cada personaje es, a la vez, peón y jugador, y esa ambigüedad es la que mantiene la tensión a lo largo de las casi dos horas que dura la propuesta. Ritchie, que conoce el género como pocos, dosifica la información con la precisión de un relojero: nunca revela demasiado pronto, nunca esconde demasiado tarde, y va dejando caer pistas que permiten al espectador armar el rompecabezas casi al mismo ritmo que los protagonistas.
Después de pasar revisión a todo el material disponible, lo que me queda es la sensación de estar ante una película que sabe exactamente lo que quiere ser y que no se traiciona en el intento. No es una obra maestra, no pretende serlo, y eso termina jugándole a favor: «En la zona gris» se planta en la pantalla con la honestidad de un filme de género que conoce sus reglas, las respeta y, en el camino, les agrega algunos condimentos propios que la vuelven más atractiva que la media. Para los que estranamos esos pasatiempos cinematográficos de los domingos a la tarde, con hamacas, pochoclo y la posibilidad de apagar el cerebro durante un rato largo, el título de marras aparece como una opción más que apetecible. Habrá que ver si el resultado final está a la altura de la expectativa que genera, pero el punto de partida, con ese equipo técnico, ese elenco y esos escenarios, tiene la marca indeleble del cine que uno quiere ver en pantalla grande, con sonido envolvente y, a ser posible, con un balde de pochoclo bien grande al lado. Mientras esperamos el estreno, la pregunta que les dejo es la de siempre: ¿qué los engancha más a la hora de elegir una película de este estilo, el nombre del director, el cartel de estrellas o la promesa de secuencias de acción que no den respiro?
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