Jonathan Lipnicki se anima a lo oscuro: de niño prodigio de Hollywood a antagonista perturbador junto a Robert Pattinson
El actor que creció frente a la cámara en Jerry Maguire y Stuart Little encarna a un adulto atrapado en un operativo periodístico en Primetime, el thriller de Lance Oppenheim que se estrenó en Venecia y reaviva el debate sobre los límites de la televisión cuando el rating se cruza con la búsqueda de justicia.

Hay una escena en Primetime que me dejó pegada al asiento, y no es la que uno imagina a primera vista: es ese silencio espeso que se hace en el living del sospechoso cuando escucha que la puerta, del otro lado, no la va a abrir una chica joven sino un camarógrafo y un periodista con la cámara ya encendida. Ese sonido seco, metálico, de la cerradura cediendo mientras el aire parece volverse más denso, es el que elige Jonathan Lipnicki para meterse de lleno en el papel más arriesgado de su carrera. Y cuando uno piensa que lo conoce desde chico, desde esos ojos enormes de Ray Boyd en Jerry Maguire, el salto duele un poco, porque el nene que hacía reír a Tom Cruise hoy encarna a un hombre desesperado, desnudo y acorralado por la televisión.
La película se presentó a comienzos de septiembre en el Festival Internacional de Cine de Venecia, donde se llevó una ovación de siete minutos que todavía resuena entre los críticos que pasaron por la Mostra. Se trata del debut en el largometraje de ficción de Lance Oppenheim, un director que hasta ahora se había movido con mayor comodidad en el terreno documental, y que ahora se anima con un thriller psicológico que toma como punto de partida las investigaciones televisadas que condujo el periodista Chris Hansen, aquel que durante años se hizo conocido por confrontar, cámara mediante, a adultos que creían estar acordando un encuentro sexual con menores a través de internet.
Un protagonista conocido y un convidado inesperado
Robert Pattinson se puso en la piel de Hansen, en lo que ya se anticipa como uno de los papeles más llamativos de su etapa post Batman, y Lipnicki, de 35 años, se quedó con el rol de uno de esos hombres sorprendidos in fraganti, el tipo que llega al lugar con la expectativa de un encuentro y termina respondiendo preguntas con la luz fría de los reflectores pegándole en la cara. Lo que me parece más interesante, y se lo escuché decir a él mismo en las entrevistas que rodearon al estreno, es que Lipnicki no se presenta como una víctima del formato ni como un villano plano: lo describe, simplemente, como un ser humano atrapado en el peor momento de su vida, con todo el vértigo y la fragilidad que eso implica.
“Había rezado por un material oscuro, era el tipo de propuesta que llevaba mucho tiempo esperando recibir.”Jonathan Lipnicki, sobre su llegada al proyecto
La película, además, no esquiva un debate incómodo que en su momento agitó a la opinión pública estadounidense: en aquellos operativos, los supuestos menores eran en realidad adultos que actuaban como señuelos, y las cámaras registraban tanto la llegada de los sospechosos como las preguntas del conductor. Esa mecánica dejó en el aire preguntas que siguen vigentes, como cuál es el límite entre el periodismo de investigación, la búsqueda de audiencia y la intervención de las fuerzas de seguridad, y hasta dónde es ético exponer públicamente a una persona antes de que exista una condena judicial. Oppenheim toma ese trasfondo y lo trabaja sin golpes bajos, dejándolo respirar como lo que es: una herida abierta del formato televisivo.
El desnudo y el peso de crecer en una pantalla
Entre los tramos que más se comentan en los pasillos del festival aparece una escena de desnudo frontal del actor, algo que él mismo reconoce haber atravesado con una incomodidad distinta a la que había vivido en su paso por la obra teatral Lost Girls. La diferencia, explicó, fue el contexto del personaje, que vuelve ese momento mucho más intimidante porque no hay nada de glamoroso ni de épico, apenas un cuerpo expuesto en su peor versión. Y es inevitable mirar esa decisión y pensar en el recorrido de Lipnicki, un pibe que arrancó en 1996 con apenas unos años en Jerry Maguire, junto a Tom Cruise y Renée Zellweger, y que por ese papel se llevó un Critics' Choice Award y un Young Artist Award. Tres años más tarde llegó Stuart Little, una aventura que terminó recaudando alrededor de 300 millones de dólares en todo el mundo y que tuvo su correspondiente secuela, consolidándolo como una de las caras más reconocibles del cine familiar de fines de los noventa.
- Primetime marca el debut en el largometraje de ficción de Lance Oppenheim, hasta ahora ligado al documental.
- Robert Pattinson interpreta al periodista Chris Hansen, conductor de los operativos contra depredadores sexuales.
- Jonathan Lipnicki encarna a uno de los adultos sorprendidos por las cámaras durante un encuentro coordinado por internet.
- La película se presentó a comienzos de septiembre en el Festival de Venecia, donde recibió una ovación de siete minutos.
- El filme incluye una escena de desnudo frontal del actor, que ya había realizado una similar en la obra teatral Lost Girls.
- Lipnicki se hizo conocido en 1996 con Jerry Maguire y en 1999 con Stuart Little; Primetime es apenas la segunda película de su etapa adulta que llega a los cines.
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