La apuesta más grande de Netflix en América Latina tiene cien cuerpos compitiendo y ciento veinte cámaras mirándolos
Habilidad Física 100 México llegó a la plataforma con un despliegue técnico inédito para la región y un formato sin guion que la empresa eligió para mostrar hasta dónde puede llegar su maquinaria de producción

El primer sonido que me llegó de la arena no fue un grito ni un golpe: fue el zumbido casi orgánico de ciento veinte cámaras funcionando al mismo tiempo, como si la propia geografía del lugar estuviera respirando. Esa sensación resumió mejor que cualquier informe lo que Netflix acaba de estrenar en México bajo el titulo de Habilidad Física 100 México, un reality que se presenta como la producción más ambiciosa que la plataforma haya llevado adelante en América Latina hasta la fecha.
Lo que se ve en pantalla es, a grandes rasgos, una competencia física entre cien participantes que se prueban en una arena de inspiración prehispánica, con un único ganador al final del camino. Lo que no se ve, y que a mí como cronista me interesa especialmente, es la trastienda tecnológica que hizo falta para que ese experimento pudiera existir sin caerse a pedazos a mitad del camino.
Una coreografía de cámaras que ensayó medio año
Porque el dato que más llama la atención del material es el despliegue técnico. El equipo de producción montó un sistema con ciento veinte cámaras grabando en simultáneo: sesenta cámaras de acción, veinte videocámaras de estudio y cuarenta unidades robóticas. Para que esa coreografía funcionara sin tropiezos, los realizadores dedicaron seis meses de ensayos en los foros de grabación antes de iniciar la filmación definitiva, algo que da una idea del nivel de planificación que el proyecto exigió.
- Sesenta cámaras de acción distribuidas por todo el plató para tomar planos cercanos y seguimientos
- Veinte videocámaras de estudio destinadas a las coberturas tradicionales de la competencia
- Cuarenta cámaras robóticas operadas a distancia para cubrir ángulos imposibles sin testigos en cuadro
- Un software de audio capaz de procesar ciento veintiocho pistas en tiempo real
- Cien micrófonos inalámbricos repartidos por la arena para capturar el ambiente con la mayor fidelidad posible
El apartado sonoro fue otra de las obsesiones del equipo. Para sostenerlo se desarrolló una herramienta de procesamiento capaz de manejar ciento veintiocho pistas en tiempo real, apoyada en cien micrófonos inalámbricos diseminados por la arena. La idea, según lo que se desprende del material, era que el espectador percibiera en su casa algo parecido a lo que percibe alguien sentado a tres filas del escenario, ese rumor colectivo que en cualquier fiesta criolla empieza en los parlantes y termina metiéndose en el cuerpo de uno sin pedir permiso.
A eso se sumó el uso de software tridimensional para anticipar las posiciones de cámara y las necesidades de captura antes de cada jornada de grabación, un procedimiento que suele asociarse a grandes transmisiones deportivas. Detrás de escena funcionó una sala de control donde el equipo se dividió en cuatro grupos de veinticinco personas cada uno: directores, operadores de cámaras robóticas y personal especializado en registro de contenidos. El caudal de información procesado resultó comparable al de un evento deportivo de alto perfil, una comparación que la propia producción eligió resaltar.
Sin guion y con pedigree internacional
Habilidad Física 100 se cuenta, además, entre los primeros programas sin guion que Netflix produce en América Latina, una aclaración que importa porque cambia la forma de mirar el programa: los participantes reaccionan, no interpretan, y por eso cada decisión frente a la cámara pesa el doble. El formato original es coreano y ya cuenta con versiones en Italia, Suecia, India, Francia, España y Estados Unidos, una red de exportaciones que muestra hasta qué punto la idea original viajó bien.
La edición mexicana se integra a esa constelación con una producción que la plataforma presenta como una suerte de carta de presentación logística: la prueba de que su maquinaria regional está en condiciones de sostener un rodaje de esa envergadura sin pisarse la soga. Mientras tanto, mientras uno termina de leer estas líneas y se sirve el mate de la tarde, queda la pregunta de siempre en este tipo de formatos: te animarías vos a participar en una competencia así, o te quedás tranquilo en el sillón mirando como cien desconocidos se exigen el cuerpo en nombre de un premio.
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