La casa donde se discute de adjetivos pero nadie dice lo que siente: llega "Amaru" al Picadero
La nueva comedia de Andrea Garrote, que también dirige junto a Carolina Stegmayer y protagoniza, pone en escena a una familia cultísima que lleva años hablando de todo menos de lo único que importa, hasta que una joven con nombre de serpiente sagrada entra al living y desordena el mapa.

A uno lo reciben, apenas cruza la puerta del Teatro Picadero, con un perfume tibio a madera y a café recalentado, ese olor a sala chica que todavía conserva el piso de madera y las butacas tapizadas, y que en estos barrios del centro porteño te devuelve de un tirón a las funciones de los domingos a la tarde, cuando todavía quedaban ganas de discutir el rumbo del país mientras se apagaban las luces de la sala. Fue justamente un domingo a las 18 cuando me senté a ver "Amaru", la comedia que Andrea Garrote escribe y comparte dirección con Carolina Stegmayer, y que viene a confirmar algo que uno intuye hace rato: que el teatro independiente argentino sigue siendo el lugar donde mejor se radiografían las familias que nos toca en suerte, esas que se jactan de ilustradas pero que hace años no son capaces de decirse lo único que de verdad importa.
De esa casa sale todo cuando entran. Una madre, un padre y un hijo conviven en un universo donde una discusión sobre el uso correcto de un adjetivo puede extenderse más que cualquier conversación sobre lo que realmente les pasa. Son cultos, son verborrágicos y, en el fondo, están bastante perdidos. Esa es la premisa de "Amaru", la nueva obra de Garrote que vuelve al Picadero después de su monólogo "Pundonor" (2018), y que ahora se anima a desparramar esa incomodidad durante ochenta minutos en escena.
Una visita que lo desordena todo
El título es el nombre de la novia que el hijo, Lucas, trae a casa una noche. Amaru significa serpiente sagrada en quechua, y alcanza con que ella cruce la puerta para que el equilibrio frágil de la familia empiece a resquebrajarse. La madre desconfía, el padre cae rendido ante su influjo, y el hijo mira cómo su mundo doméstico se transforma desde adentro. Amaru no viene a provocar nada, pero lo provoca todo: propone pactos sobre el uso de pantallas, tiene una relación distinta con el tiempo y trae consigo el contacto afectivo que en esa casa nunca había tenido lugar, como si el living tuviera paredes demasiado gruesas hasta que alguien nuevo decide cruzarlas. Y uno, en la butaca, no puede menos que reconocerse.
- Garrote interpreta a Mariel, la madre, y lleva el personaje al extremo con una precisión cómica que no sacrifica la emoción en ningún momento.
- Marcos Ferrante compone al padre en plena crisis de mediana edad, un hombre que se descubre vulnerable ante una presencia que lo desarma.
- Julián Cnochaert, como el hijo Lucas, alterna el humor con una ternura casi imperceptible que le gana al espectador de a poco.
- Fiamma Carranza Macchi da vida a Amaru con una presencia que genera tanto encanto como una inquietud que no termina de irse.
Una comedia con varias capas
Lo interesante es que la obra no se va nunca hacia el drama. Es una comedia con humor sostenido, construida en varias capas, que en el tramo final incorpora un elemento fantástico sin perder el tono, algo que la directora y la dramaturga manejan con bastante pulso para no romper el pacto con el público. El humor funciona en la carcajada, sí, pero también en la incomodidad reconocible, esa que aparece cuando uno mira a esa familia y descubre que algo de ese mapa le resulta demasiado familiar. La escenografía minimalista de Santiago Badillo organiza el espacio en niveles que acompañan la dinámica de poder entre los personajes y dejan ver, sin explicarlo, quién manda y quién se hace el que manda en cada escena.
Le pregunté a la salida a una señora de toda la vida del Picadero qué le había quedado dando vueltas, y me dijo, con esa franqueza que solo se permiten las jubiladas de platea, "yo soy esa madre, lo admito". Y eso, a mi entender, es la mejor definición posible de "Amaru": una comedia que se ríe de nosotros mientras nos obliga a mirarnos de cerca, esa operación que solo consigue el buen teatro cuando se hace con oficio, con ternura y sin golpes bajos, como un chamamé que va entramando palabras hasta que uno termina pensando en la madre que lo parió, aunque la tenga al lado.
Ficha de la obra
- Título: "Amaru", de Andrea Garrote.
- Dirección: Andrea Garrote y Carolina Stegmayer.
- Elenco: Andrea Garrote (Mariel), Marcos Ferrante, Julián Cnochaert y Fiamma Carranza Macchi.
- Escenografía: Santiago Badillo.
- Duración: 80 minutos.
- Funciones: domingos a las 18 en el Teatro Picadero, pasaje Enrique Santos Discépolo 1857.
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