Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Voces del Impenetrable

Voces del Impenetrable

Portada — Vida —

La cena que se transforma en molestia: por qué el abdomen se hincha y cuándo conviene prestarle atención

Comer rápido, abusar de las gaseosas o sumar fibra de golpe son algunos de los hábitos que pueden coincidir con la sensación de panza llena al final del día. Especialistas recomiendan registrar antes de eliminar, y recuerdan que un síntoma aislado no equivale a una enfermedad.

SD
Silvana DuarteSalud y sociedad · · 5 min de lectura
La cena que se transforma en molestia: por qué el abdomen se hincha y cuándo conviene prestarle atención

Me lo imagino en la sala de espera de cualquier consultorio de gastroenterología de un hospital público porteño, un martes a las siete de la tarde, cuando todavía hay olor a milanesa en el pasillo: una mujer de unos cincuenta años se acomoda en la silla, se lleva una mano al vientre y le cuenta a la enfermera que se levantó así, inflada, después de haber cenado apenas un plato de pastas. La escena se repite, con variantes, en los consultorios de todo el país, y lo que ocurre en esas consultas suele empezar mucho antes, en la cocina de cada casa, alrededor de las nueve de la noche, cuando se cena con apuro, mirando el celular o discutiendo las noticias del día.

La hinchazón después de cenar no siempre responde a una enfermedad ni a un único culpable, y en la mayoría de los casos está más ligada a los hábitos y a los alimentos que a un problema digestivo serio. La idea central que repiten los manuales de gastroenterología es bastante razonable: antes de cambiar la dieta o de sacar ingredientes de la mesa, conviene registrar qué se comió, cómo se comió y en qué momento aparecieron las molestias, porque esa libreta casera suele ser más útil que cualquier consejo genérico que circule por redes sociales.

Hinchazón y distensión: dos palabras que no dicen lo mismo

En la conversación cotidiana se usan como si fueran sinónimos, pero no lo son. El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos, conocido por su sigla NIDDK, distingue con claridad dos manifestaciones que tienden a mezclarse. La hinchazón (bloatting, en inglés) es la sensación de tener el abdomen lleno, apretado, como si el estómago hubiera crecido por dentro sin que se note desde afuera. La distensión, en cambio, es el aumento visible del tamaño del abdomen, ese momento en el que el pantalón que a las nueve de la noche estaba cómodo ya no cierra a las diez. Las dos pueden aparecer juntas, pueden acompañarse de eructos o de flatulencias, y conviene tener claro cuál predomina porque eso le da pistas distintas al médico.

También ayuda a no asustarse de más. Una molestia ocasional después de una cena abundante, en una noche de festejo familiar o de reunión con amigos, no constituye por sí misma una señal de alarma. La preocupación aparece, según los consensos médicos, cuando la sensación se vuelve persistente, cuando se suma un dolor intenso, cuando se modifica el tránsito intestinal de manera sostenida o cuando aparece una pérdida de peso que nadie puede explicar. En esos casos, la consulta médica no es una exageración sino una herramienta.

El aire que se traga y el gas que se fabrica

Para entender por qué algunas cenas terminan con el abdomen inflado, vale la pena saber de dónde sale el gas que molesta. El NIDDK explica que una parte importante del gas digestivo proviene, simplemente, del aire que se traga a lo largo del día. Comer o beber apurado, hablar mientras se mastica, usar sorbetes, masticar chicle durante horas y tomar gaseosas son gestos cotidianos que aumentan ese ingreso de aire sin que la mayoría de las personas lo registre como algo relevante. Las preparaciones muy grasosas también coinciden, en muchos pacientes, con una mayor sensación de distensión, porque enlentecen el vaciamiento del estómago y dejan esa impresión de pesadez que se prolonga hasta bien entrada la noche.

La otra parte del gas se fabrica adentro. Ocurre cuando las bacterias que viven en el intestino grueso procesan carbohidratos que no se digirieron por completo en tramos anteriores del aparato digestivo. Eso puede pasar con componentes presentes en las legumbres, en algunos lácteos, en ciertas frutas y en varios vegetales, entre otros alimentos. El punto importante es que la respuesta es individual: que la lenteja o la manzana produzcan gas en una persona no significa que tengan que hacerlo en otra, y menos aún que haya que prohibirlos de manera preventiva.

Fibra, brusquedad y moderación

Con la fibra pasa algo parecido, y por eso vale la pena detenerse un momento. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, la FDA, diferencia dos grandes tipos. La fibra soluble se disuelve en agua y es descompuesta por las bacterias del colon, lo que puede generar más gas en algunas personas. La insoluble, en cambio, recorre buena parte del aparato digestivo sin descomponerse, y suele contribuir más a regular el tránsito que a producir flatulencias. Por eso no todos los alimentos ricos en fibra generan la misma respuesta, y por eso incorporar de golpe grandes cantidades de salvado, de legumbres o de semillas, después de meses de una dieta pobre en fibra, puede coincidir con varios días de molestias abdominales que se achacan al alimento equivocado cuando en realidad el problema fue el cambio brusco.

Las dietas restrictivas, justementto, no aparecen como una solución general en la literatura médica. Antes de sacar ingredientes, los especialistas suelen proponer un registro ordenado de lo que se come, de los horarios y de los síntomas, durante al menos dos o tres semanas, para identificar patrones reales y no fantasmas. Recién después de ese mapa se discute, junto con un profesional, qué alimentos vale la pena probar en menor cantidad, en otra forma de cocción o en otro momento del día.

Dónde atenderse y en qué horario, en la ciudad de Buenos Aires

Para quienes viven en la Ciudad de Buenos Aires y quieran hacer una consulta por este tipo de molestias, el primer paso suele ser el centro de salud u hospital público más cercano, donde la atención en gastroenterología se brinda de lunes a viernes, en general entre las ocho de la mañana y las dos de la tarde, con orden de derivación del médico clínico. Los hospitales Pirovano, Durand y Álvarez, entre otros, cuentan con servicios de guardia clínica para cuadros de dolor abdominal agudo fuera de ese horario. En el sistema privado, las obras sociales y las prepagas ofrecen turnos programados en consultorios externos que suelen funcionar entre las nueve y las dieciocho, aunque muchos profesionales dejan espacios para pacientes nuevos a primera hora de la mañana o al final de la tarde, cuando la sala de espera, curiosamente, se parece mucho a la escena con la que empezó esta nota.

“Antes de sacar alimentos de la mesa, conviene registrar qué se comió, cómo se comió y en qué momento aparecieron las molestias, porque esa libreta casera suele ser más útil que cualquier consejo genérico.”Silvana Duarte, Salud y sociedad
SD
Silvana DuarteSalud y sociedad

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo