La isla que guarda una capilla de 1933 en medio del lago Lácar
A una hora y media de navegación desde San Martín de los Andes, la isla Santa Teresita combina bosque nativo, costas rocosas y la historia de una comunidad de trabajadores del aserradero que levantó su propio templo en madera.

A veces uno se cruza con un dato que parece menor y termina abriendo una puerta enorme. Me pasó al leer que en el lago Lácar, frente a San Martín de los Andes, hay una isla donde todavía se conserva una capilla de madera construida en 1933. Para llegar no hay ruta, no hay puente, no hay sendero: el único camino posible es el agua, y eso ya le cambia el tono a cualquier salida.
La isla Santa Teresita está dentro del Parque Nacional Lanín, en la margen norte del lago, al este de la península Quechuquina. Un canal angosto, de unos 112 metros, la separa de esa punta de tierra. Mide aproximadamente 250 metros de ancho y 375 de largo, y el bosque nativo (esa vegetación que crece de forma espontánea y nunca fue plantada por el hombre) cubre cerca del 90 por ciento de su superficie, con coihues, cipreses, maquis y arrayanes como especies predominantes.
Un templo nacido del aserradero
Pero lo que vuelve singular al lugar no es solo el paisaje. La capilla Santa Teresita nació de una necesidad concreta: los trabajadores del aserradero de la estancia Quechuquina necesitaban un espacio cercano para participar de ceremonias religiosas, porque en aquellos años la vida giraba en torno al trabajo forestal y la actividad productiva había dado lugar a una comunidad con sus propios ámbitos de reunión.
La construcción fue un esfuerzo colectivo. Los Raguzzi entregaron la madera y la familia Van Dorsser terminó la obra. A esa tarea se sumaron voluntariamente empleados del aserradero y un carpintero municipal. El templo quedó así ligado tanto al paisaje como al oficio que sostenía a sus pobladores, y con el tiempo allí se realizaron bautismos, misas y casamientos: su función se amplió más allá del propósito inicial y pasó a acompañar las celebraciones de distintas familias.
- Acceso: únicamente por agua, en excursiones en lancha o embarcaciones autorizadas desde San Martín de los Andes.
- Geografía: costas rocosas y abruptas, sin playas de arena; bosque nativo en casi toda la superficie.
- Construcción: capilla de madera levantada en 1933 con aportes de las familias Raguzzi y Van Dorsser, empleados del aserradero y un carpintero municipal.
- Valor cultural: integra el Camino de la Fe neuquino, cuyo recorrido comienza en Ailinco y termina en Villa La Angostura.
Vale la pena tener en cuenta que la isla no tiene playas de arena: sus orillas son rocosas y abruptas, lo que obliga a desembarcar con cuidado y a moverse con precaución. La salida combina navegación, naturaleza e historia en una sola mañana o tarde, y para quienes llegan a San Martín de los Andes con ganas de conocer el Parque Nacional Lanín desde otra perspectiva, es una excusa más que válida para subir a una lancha.
Para organizar la visita, lo más recomendable es consultar en la oficina de informes del parque nacional en San Martín de los Andes, donde se pueden conocer los prestadores autorizados, los horarios de salida y las condiciones del lago según el día. Las excursiones lacustres suelen concentrarse por la mañana y al inicio de la tarde, aunque la frecuencia cambia con la temporada: en verano la oferta es más amplia, mientras que en invierno el operativo se reduce por las condiciones climáticas. Conviene reservar con anticipación y llegar con tiempo al punto de embarque, porque los cupos son limitados y el clima en la cordillera puede modificar la programación en el momento.
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