La nueva Carrie que estudia en Misiones: lo que revela la lectura como trinchera contra una madre fanática
La serie que adapta a Stephen King hace de los libros prohibidos el camino de liberación de una adolescente criada en el aislamiento más absoluto. Una escena de la biblioteca conecta, además, con el próximo proyecto cinematográfico de su creador, que tiene fecha de estreno en 2027.

Les cuento de entrada cómo arranca esto en mi cabeza: un ruido a mi alrededor, ese zumbido de aire acondicionado viejo en una redacción cualquiera, y la sensación de estar frente a una serie que decide convertir la lectura en una suerte de campo de batalla íntimo, de esos donde se juega la vida entera de una piba de secundaria. Eso es, ni más ni menos, lo que propone la nueva adaptación televisiva de Carrie, la novela de Stephen King, una producción que toma la literatura como motor narrativo y la pone a funcionar como pocas veces se vio en una pantalla chica.
Una chica criada entre cuatro paredes, la lectura como primer mapa del mundo
Mi olfato periodístico, si me permiten el arranque un poco personal, me dice que esta Carrie tiene un punto de partida que ya marca el pulso de toda la historia. La protagonista, interpretada por Summer H. Howell, fue educada en casa durante toda su vida por una madre religiosa y obsesiva, Margaret White, a quien da vida Samantha Sloyan, y al llegar por primera vez al colegio secundario se encuentra con algo que nunca tuvo: la posibilidad real de asomarse al mundo exterior, fundamentalmente, a través de un libro. Esa escolarización, que en cualquier adolescente puede ser un sacudón, en el caso de esta chica, criada en condiciones de aislamiento casi monacal, funciona como un portal hacia una libertad que su progenitora le venía vedando en forma sistemática.
Hay un detalle que me parece clave, y que a mí, como espectadora, me arrancó una sonrisa cómplice: en su primer día en el instituto, Carrie intenta acercarse a sus compañeros citando una frase de El pajarito blanco, la novela de J. M. Barrie, ese mismo libro que menciona Peter Pan. La frase que suelta, con una timidez enorme, es más o menos así, se la traduzco del recuerdo textual: vamos a establecer una nueva regla de vida desde esta noche, intentar siempre ser un poquito más amables de lo estrictamente necesario. Nadie en el aula entiende a qué viene la cita, claro, porque ninguno leyó el libro ni se acuerda de quién es Wendy, y la pobre Carrie queda flotando en el aire con su amabilidad fuera de contexto, que es un poco el sino que le va a tocar en toda la primera parte del relato.
La escena de la biblioteca: cinco libros prohibidos como declaración de independencia
El verdadero giro, el momento donde la serie me terminó de ganar, aparece en el segundo episodio, cuando el orientador del colegio, Peter Morton, al que encarna Tim Bagley, la lleva hasta la biblioteca de la institución y la deja, por primera vez, a solas con un estante lleno de volúmenes. Lo que elige la chica es lo más jugoso del capítulo. Se inclina por cinco libros que, mirados en conjunto, parecen un manifiesto en defensa propia: El cuento de la criada, de Margaret Atwood; Alguien voló sobre el nido del cuco, de Ken Kesey; Sé por qué canta el pájaro enjaulado, de Maya Angelou; Buscando a Alaska, de John Green; y Anoche en el Telegraph Club, de Malinda Lo. Y atención con el detalle, que no es menor: todos estos títulos forman parte de los clásicos modernos que en distintos distritos escolares de Estados Unidos fueron blanco de intentos de censura, precisamente porque tocan temas como la sexualidad, el racismo, la libertad individual y el cuestionamiento abierto de la autoridad, que son exactamente las temáticas que la madre de Carrie intenta mantener a salvo de su hija. La elección se vuelve, entonces, un acto de rebeldía silenciosa, de esos que se hacen sin levantar la voz, y por eso resulta más eloquente que cualquier grito.
“¿Establecemos una nueva regla de vida a partir de esta noche: intentar siempre ser un poco más amables de lo necesario?”El pajarito blanco, de J. M. Barrie, citado por Carrie en el aula
El guiño a El Exorcista y el dato clave sobre el creador de la serie
Ahora bien, alrededor del minuto 31 de ese mismo segundo episodio hay otra perlita, una que a mí me hizo pegar un salto en la silla: en una toma en la biblioteca se ve, con absoluta naturalidad, a otra estudiante leyendo El Exorcista, la novela de William Peter Blatty. El detalle parece decorativo, casi al pasar, pero está puesto con una intención muy concreta, y se entiende cuando uno averigua quién está detrás del proyecto. El director de la serie tiene en plena producción El Exorcista: Mártires, una nueva entrega de esa franquicia con Scarlett Johansson y Chiwetel Ejiofor, cuyo estreno en cines está previsto para marzo de 2027. Esa conexión cruzada entre un libro que aparece en escena y la película que viene me parece una declaración deprincipios del realizador, que viene avisando, libro va, libro viene, qué tipo de cine y de televisión le interesa construir.
- El pajarito blanco, de J. M. Barrie, citado por Carrie el primer día de clases como intento de acercamiento social.
- El cuento de la criada, de Margaret Atwood, novela distópica sobre el control del cuerpo femenino.
- Alguien voló sobre el nido del cuco, de Ken Kesey, crítica al sistema institucional psiquiátrico.
- Sé por qué canta el pájaro enjaulado, de Maya Angelou, memorias sobre el racismo y la reconstrucción personal.
- Buscando a Alaska, de John Green, novela juvenil sobre el duelo y la búsqueda de sentido.
- Anoche en el Telegraph Club, de Malinda Lo, historia de amor entre dos chicas en un contexto de opresión.
- El Exorcista, de William Peter Blatty, cuya sola presencia en la biblioteca enlaza la serie con la próxima película de su director, prevista para 2027.
A esta altura, lo que más me interesa es dejar planteada la pregunta que me parece que resume el espíritu de la serie: ¿notaron el guiño a El Exorcista mientras veían los primeros capítulos, o les pasó totalmente desapercibido? Porque ahí está, creo yo, la gracia de una producción que se permite jugar en dos niveles, uno interno, donde los libros elegidos por la protagonista van marcando su arco de crecimiento y de emancipación afectiva, y otro externo, donde las referencias que aparecen en pantalla funcionan como pistas para los espectadores más atentos. Una Carrie que lee, una biblioteca que se vuelve trinchera contra el puritanismo de una madre fanática, y un director que ya dejó sembrada la próxima película con una imagen de apenas unos segundos. Pocas series últimamente, les confieso, me habían dejado con ganas de volver a mirar la biblioteca de un colegio secundario como si fuera, otra vez, el lugar más peligroso del mundo.
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