La servilleta que cambió la historia: tres informes, un nene de 13 años y una decisión a ciegas
En el otoño europeo de 2000, tres formadores del Barcelona pusieron la lapicera sobre la mesa para evaluar a Lionel Messi. Uno pidió esperar dos años por su físico, otro lo comparó con Maradona y el club avanzó igual. El resto es historia conocida.

Se supo siempre que a Messi lo apuraron, que hubo un rapto institucional en procura de un nene que apenas pisaba el medio de la cancha. Lo que no se conocía, o al menos no con esta letra, eran los informes que dejaron por escrito los formadores del Barcelona en aquel otoño europeo del año 2000, cuando el pibe tenía 13 años, llegaba desde Rosario y medía 142 centímetros, lo que en cualquier Inferiores de cualquier club hubiese sido motivo, como mínimo, de dejarlo dos temporadas en libertad.
Tres evaluaciones, tres visiones. Una de ellas, la más dura, recomendaba directamente no ficharlo por su complexión física. Eso, viéndolo a la distancia, suena casi a disparate: estamos hablando del máximo goleador histórico del club catalán y de uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.
Las tres lapiceras
El primer informe fue categórico. Reconocía la calidad técnica, pero advertía que esa contextura flaquita no le daba para competir en su categoría. El evaluador lo escribió en mayúsculas y lo subrayó como para que no quedara duda: CREO QUE NO SE HA DE FICHAR. Y proponía, en el mejor de los casos, volver a probarlo un par de años más tarde, cuando el cuerpo acompañara.
El segundo tiró la pelota al otro corner. Salvando las distancias, claro, pero sin pelos en la lengua: dijo que era un Maradona chiquito, que había que traerlo ya y que después se vería cómo evolucionaba. Una definición breve, sin adornos, que cualquier entrenador firmaría para cualquier reclutamiento.
El tercero coincidía con los elogios: técnicamente completísimo, con visión de juego, ágil, buen dribbling y buen pase. Pero también marcaba la misma advertencia que el primero: el físico lo dejaba afuera de discusión.
“CREO QUE NO S'HA DE FICHAR. Considero que es un jugador de una calidad técnica indiscutible, pero su limitación física le impide competir ahora mismo en su categoría.”Informe de un formador del Barcelona, otoño de 2000
La servilleta de Rexach
El 14 de diciembre de 2000, Carles Rexach, por entonces secretario técnico del Barça, firmó en una servilleta el compromiso de incorporar a Messi. Lo hizo, según quedó escrito, bajo su responsabilidad y a pesar de algunas opiniones en contra. Aquella servilleta, con el diario de los informes al lado, parece más enorme todavía: el club confió en un pibe al que parte de su propia estructura había desaconsejado.
Lo que vino después ya se sabe. Debut en el primer equipo en 2004, 778 partidos oficiales, 672 goles y 35 títulos a lo largo de su estadía en el club. El nene al que un formador desaconsejaba por su físico terminó midiendo 170 centímetros y se convirtió en el máximo goleador histórico del club, incluso por encima de las expectativas de quien lo había comparado con Maradona en un papel escrito a mano.
Messi se fue, ganó el Mundial con Argentina y sigue rompiendo redes donde le toque. Pero lo de estos informes cruzados deja una moraleja que en el fútbol se repite más seguido de lo que uno quisiera: a veces la historia de un club cambia porque alguien decide confiar antes de que el resto del mundo entienda qué está viendo. Esta vez la decisión la tomó un club entero, a instancias de Rexach, y la terminó pagando todo el fútbol.
La que viene la jugamos en el Monumental, con el sol pegando de costado y la sensación de que, otra vez, alguien va a descubrir tarde lo que tenía delante de las narices.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo


Perdés un partido y te desean la muerte: el tenis italiano se harta de los haters

Ancelotti Arriba a Brasil para Debutar como DT de la Selección Nacional
