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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Impenetrable

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La trampa silenciosa: las billeteras virtuales se cobran la morosidad de los más jóvenes

Un relevamiento del Instituto Argentina Grande confirma que, entre los menores de 30 años, las plataformas digitales duplican a los bancos en deudores atrasados. El sistema financiero acumula 5,7 millones de personas con cuotas impagas y casi 900.000 carteras ya pasaron a manos de empresas de cobranza.

AI
Ariel InsaurraldeCampo y monte · · 3 min de lectura
La trampa silenciosa: las billeteras virtuales se cobran la morosidad de los más jóvenes

Un dato alcanza para dimensionar el fenómeno: el 19,4 por ciento de los jóvenes argentinos con deudas registra al menos una línea impaga con una billetera virtual o fintech, una proporción que más que duplica el 7,9 por ciento de morosidad que esos mismos jóvenes mantienen con los bancos tradicionales. La cifra, surgida de un informe del Instituto Argentina Grande, vuelve a poner en el centro de la escena a un actor del sistema financiero que creció sin la supervisión adecuada y que hoy captura a la franja etaria más vulnerable del mercado crediticio.

El relevamiento precisa que 5.715.202 personas arrastran deudas morosas en el sistema financiero argentino, el equivalente al 12 por ciento de la población total. De ese total, 2.468.367 corresponden a bancos; 1.533.434 a fintech y billeteras virtuales; 1.261.470 a otras emisoras de tarjetas; y 804.697 a entidades financieras no bancarias. La fotografía confirma que las plataformas digitales ya se ubicaron como el segundo origen de mora, solo por detrás de la banca tradicional, y que avanzan con una velocidad que el marco regulatorio no alcanza a neutralizar.

Los jóvenes, únicos en el ranking

El informe destaca un punto incómodo para la industria: los menores de treinta años son el único segmento etario en el que las fintech superan a los bancos en cantidad de clientes con cuotas atrasadas. Entre los 15 y los 20 años, las plataformas digitales reúnen 53.445 casos de mora contra 21.669 de la banca. A partir de los 21, la tendencia se invierte: de 21 a 35 años los bancos encabezan con 905.007 deudores morosos frente a 667.055 de las fintech; de 36 a 50 años la brecha se amplía a 922.075 contra 557.217, y en los mayores de 66 años trepa a 189.738 contra 49.523.

El grupo más comprometido en términos absolutos es el de 21 a 35 años, con 2.188.442 personas que registran al menos una deuda impaga en el sistema. En julio pasado, el 38,1 por ciento de los deudores de entre 15 y 29 años tenía una cuota atrasada, un porcentaje que baja al 31,73 por ciento en la franja de 30 a 44 años, al 23,05 por ciento entre los 45 y los 59, al 16,77 por ciento entre los 60 y los 74, y se reduce al 14,47 por ciento en los mayores de 75. La curva descendente deja a la vista el peso específico que soporta la juventud, golpeada por ingresos que no alcanzan y por una oferta de crédito digital inmediata, sin filtros suficientes.

Otro número ratifica la profundidad del problema: en julio, 882.173 deudores tenían compromisos ya transferidos a empresas de cobranza, una cifra en crecimiento sostenido desde mediados de 2025. Esas carteras equivalen al 9,6 por ciento de las líneas de crédito en mora y alcanzan al 15 por ciento de los deudores morosos. El dato marca el punto al que llegan miles de familias cuando la refinanciación se agota y la deuda pasa a manos de gestores que presionan fuera del radar del Banco Central.

Refinanciaciones que no sacan del pozo

El Centro de Estudios para la Ciudad siguió la evolución de quienes renegociaron obligaciones entre abril y agosto de 2026 y concluyó que el 50,6 por ciento permaneció en la misma categoría de morosidad y apenas el 30,5 por ciento logró mejorar su situación. El resto, directamente, empeoró. Para su director, Mariano Almeyda, el origen del fenómeno no está en los mecanismos de refinanciación sino en la raíz de los ingresos.

“El problema radica en los ingresos. Se puede refinanciar reiteradamente o hacerlo una sola vez, pero siempre se estará condicionado a la imposibilidad de pagar.”Mariano Almeyda, director del Centro de Estudios para la Ciudad

El cuadro final describe a un sistema que prestó a tasas que devoran los salarios, que refinancia sin resolver y que termina derivando carteras enteras a la cobranza extrajudicial. Lo que se perdió es el control sobre el crédito de consumo y lo autorizó la pasividad del regulador frente a un mercado que se expandió más rápido que la protección al deudor.

AI
Ariel InsaurraldeCampo y monte

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