Moria Casán contra el reloj judicial: dos hijos de su exmarido llevan la serie de Netflix a Tribunales
Menos de un mes después del estreno, la ficción biográfica sobre la vedette acumula dos demandas por separado. Una ya tuvo su primera audiencia y la otra incorporó al director del proyecto. De qué se lo acusa y qué respondió la defensa.

A veces la cosa empieza por un sonido y termina en un expediente. Esta vez arrancó con el rumor de un living porteño y un click en el control remoto: la serie biográfica de Moria Casán en Netflix lleva acumulada, en menos de un mes desde su estreno, dos demandas judiciales por separado que se las traen, y que prometen sacudir los cimientos del género en la plataforma. Son dos hijos de Luis Vadalá, el exmarido de la vedette, los que pusieron el grito en el cielo y, sobre todo, el papel membretado de un juzgado.
Yo estuve mirando el primer capítulo esa noche de sábado, con el ruido de los pibes cenando de fondo y un olor a milanesa con papas fritas que me transportó directo a cualquier casa de clase media de Boedo a fines de los setenta. Y la verdad es que la serie tiene esa cosa: te agarra de las tripas y te lleva puesto. Pero, claro, no todas las tripas que toca son las del público que la mira desde el sillón, sino también las de una familia que asegura haber quedado expuesta de un modo que no les cierra para nada.
Dos causas, dos hermanas, dos tiempos
La primera en mover ficha fue Ingrid Vadalá, que ya tuvo su primera audiencia. Detrás de ella apareció Ramiro, hermano de Ingrid e hijo también de Vadalá, que decidió ir un pasito más allá y ampliar la lista de demandados: no solo apuntó a Netflix, a la productora y a la propia Moria Casán, sino que también sumó al director del proyecto, Javier Van de Couter. La primera audiencia de esta segunda causa está prevista para fines de septiembre, así que el calendario judicial empieza a apretar.
- Daño psicológico.
- Daño moral.
- Perjuicio a la imagen del padre.
Los fundamentos del reclamo de Ramiro son tres y están bien delimitados: daño psicológico, daño moral y perjuicio a la imagen de su padre. Los demandantes sostienen que la serie presenta a Luis Vadalá en situaciones de consumo de sustancias y de violencia, y que esa representación habilitó críticas públicas sobre su figura. Entre las escenas cuestionadas también figura una en la que el personaje aparece desnudo frente a una hija menor de edad, un detalle que, claro, no es menor a la hora de evaluar el impacto emocional que argumentan haber sufrido los denunciantes.
Ahora bien, acá viene uno de los puntos más jugosos del expediente: los hijos de Vadalá no están pidiendo que se edite la serie ni que se eliminen las escenas que involucran a su padre. Lo que reclaman es otra cosa, más simbólica y más ruidosa al mismo tiempo: un resarcimiento económico, cuyo monto se definirá en una audiencia posterior, y un pedido de disculpas públicas. Es decir, no quieren que la ficción desaparezca del catálogo, sino que la producción reconozca, en los papeles y en los medios, que los habría dañado.
Desde la vereda de enfrente, la defensa de Moria Casán salió a contestar los argumentos con una pregunta que se escucha cada vez más seguido en este tipo de debates. Su abogado, César Carozza, cuestionó en particular la objeción a una escena donde el personaje es presentado con un origen humilde y trabajo en mecánica. "¿Y eso es menospreciar a alguien? ¿Ser mecánico es despreciar a alguien?", lanzó durante el debate público sobre la causa, dejando flotando una discusión que excede a esta serie y que atraviesa de lleno al género biográfico.
Hay un dato más que suma contexto y que, leído con cuidado, cambia bastante el paisaje: en 2007, el propio Luis Vadalá relató en primera persona varios de los episodios que hoy aparecen en la serie, en el marco del reality Gran Hermano Famosos, con cámaras activas las 24 horas. Es decir, buena parte de lo que se cuenta en la ficción tiene como antecedente un testimonio público del propio protagonista, lo que abre un interrogante de manual: ¿qué se puede contar y qué no cuando el personaje real ya contó su propia versión frente a millones de espectadores?
Para terminar, un detalle que no es menor y que demuestra hasta qué punto la producción cuidó el envoltorio legal: la serie no menciona el apellido Vadalá en ningún momento y al personaje se lo llama siempre por su nombre de pila. Esa decisión, que en principio parece una salida elegante para esquivar la difamación directa, es exactamente la que ahora los demandantes ponen en duda, porque argumentan que, más allá del apellido, la representación es reconocible y los daños se producen igual.
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