Obrador Florida, la heladería de Palermo que separa sabores y descarta el kilo
Mercedes Román abrió en 2022 un local con once gustos, envases por sabor y una línea de golosinas que reutiliza lo que sobra de la fruta.

Para elegir un helado en el barrio porteño de Palermo, el primer paso pasa por decidir dos cosas: el sabor y el formato. En el local de la marca Obrador Florida, la oferta reúne once opciones y la venta para llevar se organiza en envases de un cuarto o medio kilo, cada uno con un único gusto. No se ofrece el recipiente tradicional de un kilo, una decisión que su fundadora, Mercedes “Mecha” Román, presenta como una manera deliberada de evitar que los gustos se mezclen y de preservar el carácter fresco del producto.
La carta combina una línea estable de cinco helados —chocolate, limón, sambayón, vainilla y dulce de leche— con otros seis que rotan según la temporada. Entre las opciones descriptas por el propio local aparecen avellanas tostadas de Río Negro, queso crema con quinotos confitados, crema de té Earl Grey con chocolate y crema de jengibre. Los sorbetes de pomelo blanco y rosado funcionan como un ejercicio comparativo: cuando se ofrece una degustación de uno, también se acerca el otro para mostrar las diferencias entre dos versiones de una misma fruta.
Precios y formatos de venta
- Vasitos y cucuruchos con hasta tres sabores, desde $9.000.
- Envases de un cuarto y de medio kilo por sabor, sin mezclas.
- Golosinas artesanales sueltas o en cajas armadas, desde $2.800 la unidad.
- Una línea de confitería que incluye malvaviscos frutales, bombones, chupetines de chocolate, mazapán de pistacho y crocantes de miel cubiertos con chocolate.
La elaboración prescinde de polvos, esencias y jarabes. El equipo prepara todos los sabores una vez por semana y aplica técnicas de cocina para trabajar los ingredientes y la textura, según declaró Román. La creadora del local estudió gastronomía y completó cursos específicos de heladería antes de abrir el negocio en el otoño de 2022. La receta del helado de limón demandó dos años de pruebas e incluyó tareas como rallar las cáscaras, una muestra del trabajo minucioso con los cítricos.
La línea de golosinas nació con un objetivo puntual: aprovechar partes de las frutas que quedaban fuera del proceso de los helados. Son preparaciones que incorporan técnicas de pastelería y confitería, elaboradas sin colorantes ni saborizantes artificiales. Esa segunda vía de producción, junto con la rotación de la carta, explica que la oferta cambie con el paso de los meses y que la elección de un sabor dependa, en buena medida, del momento del año en que el lector se acerque al mostrador.
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