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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Impenetrable

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Partidas hacia el blanco austral: claves logísticas de un viaje que empieza en Ushuaia

Cómo se organiza una expedición antártica durante el verano austral: imprevistos climáticos, cruce del Drake y desembarcos en Zodiac. Requisitos, vestimenta y márgenes de decisión que cada pasajero debería conocer antes de embarcarse.

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Leandro GómezAmbiente y agua · · 3 min de lectura
Partidas hacia el blanco austral: claves logísticas de un viaje que empieza en Ushuaia

La cuenta regresiva para una expedición a la Antártida no comienza en el puerto de embarque sino mucho antes, en la planificación del traslado hasta el extremo sur del continente americano. Teo Gounaris, director ejecutivo de Antarpply Expeditions, sostiene que la primera medida prudente es llegar a Ushuaia con uno o dos días de antelación sobre la fecha de zarpida, porque cualquier demora en los vuelos puede traducirse en la pérdida del embarque y, con ella, de una temporada entera de campañas hacia el continente helado.

El nivel de exigencia física tampoco es el de una travesía convencional. De acuerdo con el ejecutivo, no hace falta experiencia como montañista ni como explorador, pero sí se requiere movilidad suficiente para subir y bajar de los botes neumáticos Zodiac y para desplazarse sobre superficies irregulares, húmedas o cubiertas de nieve. La vestimenta, en tanto, se resuelve con un sistema de capas que permita regular el abrigo en función de los contrastes propios del verano austral, donde pueden alternarse temperaturas suaves en cubierta y fríos marcados durante los desembarcos.

Equipaje, seguros y elección de cabina

Antes de subir al buque, el viajero debe verificar dos puntos sensibles. El primero es el seguro de viaje: las compañías que operan en la región suelen exigir coberturas específicas que contemplen la evacuación médica desde latitudes remotas. El segundo es el inventario de equipos: las botas impermeables, las parkas exteriores y ciertos elementos técnicos pueden estar incluidos por el operador o pueden requerir compra previa, según la política de cada empresa.

La elección del camarote también condiciona la experiencia. Gounaris señala que el movimiento del barco se percibe con menor intensidad en los sectores bajos y cercanos al centro de la nave, mientras que las cabinas superiores ofrecen mejores vistas, pero pueden acusar con más rigor las oscilaciones del Pasaje de Drake, la franja de mar que separa el extremo sudamericano de la Península Antártica.

El cruce del Drake y la dinámica de los desembarcos

La navegación parte del Canal Beagle y se prolonga hasta el Pasaje de Drake, donde el estado del mar varía de una travesía a otra. Durante ese tramo, el equipo de expedition leaders desarrolla charlas sobre geomorfología, fauna, historia polar y, sobre todo, sobre los lineamientos ambientales que regirán cada visita, ya que la Antártida se rige por criterios estrictos de conservación.

Una vez en aguas antárticas, Antarpply procura programar hasta dos desembarcos diarios de unas tres horas cada uno, condicionados al viento, la altura del oleaje y la presencia de hielo. Las decisiones finales sobre el rumbo y los puntos de atraque corresponden al capitán. Las embarcaciones Zodiac permiten acceder a sectores costeros inaccesibles para el barco, con caminatas, observación de témpanos, glaciares y fauna, incluyendo pingüinos, focas, aves marinas y cetáceos, aunque los avistamientos nunca están garantizados y dependen de la temporada y la suerte de cada jornada.

  • Tocar o alimentar a la fauna antártica está prohibido por los tratados internacionales vigentes.
  • Las distancias y los protocolos de bioseguridad deben respetarse en todo momento durante los desembarcos.
  • El itinerario previsto puede modificarse por completo si las condiciones meteorológicas o de hielo lo exigen.

El buque con el que opera la compañía es el Ushuaia, una nave con capacidad para 90 pasajeros distribuidos en 46 cabinas y suites, equipada con comedor, biblioteca, salón de observación y sala de conferencias, según la descripción proporcionada por la empresa. La advertencia que repiten los operadores consultados, y que resume Gounaris, es que el pasajero debe asumir desde la compra del pasaje que la Antártida impone su propio ritmo: lo que se programa en tierra puede alterarse en el mar, y lo que se programa en el mar depende, en última instancia, del clima y del criterio del capitán.

LG
Leandro GómezAmbiente y agua

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