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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Impenetrable

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Tocar un instrumento y aprender: lo que dice un estudio sobre la memoria y el rendimiento escolar

Una investigación de la Universidad Northeastern comparó a 76 chicos de entre 7 y 9 años y encontró diferencias a favor de quienes practicaban música. Los autores aclaran que el trabajo no prueba una relación causal y que el costo de la formación puede ser una barrera.

NC
Norma CharoleComunidades y derechos · · 3 min de lectura
Tocar un instrumento y aprender: lo que dice un estudio sobre la memoria y el rendimiento escolar

Lo que cuenta Camila, desde su casa en un paraje del partido de Escobar, resume una preocupación que cruza a muchas familias del conurbano bonaerense. Su nena de ocho años arrancó con el violín en la escuela municipal de música y ella no sabe todavía si eso la va a ayudar con la tabla del tres. Pero cada vez que la ve practicar, observa algo que le cuesta poner en palabras: una atención distinta, una manera de quedarse quieta frente a la partitura que no se parecía a la de antes. En el barrio, donde las clases de música suelen depender de un municipio que ajusta partidas o de una cuota que no todo el mundo puede pagar, la pregunta por el valor de aprender un instrumento se mezcla con la pregunta por el acceso.

Un trabajo de la Universidad Northeastern, en Boston, vuelve a poner esa discusión sobre la mesa, ahora con datos. La investigación reunió a 76 niños de entre 7 y 9 años, organizados en dos grupos equivalentes por edad, sexo y nivel socioeconómico. La mitad tocaba un instrumento y dedicaba a la práctica un mínimo de 30 minutos semanales; la otra mitad no tenía formación musical. Predominaban el piano y los instrumentos de cuerda, en una muestra que por sus características admite lecturas con cautela, sobre todo porque el acceso a la formación musical no se distribuye de manera uniforme en la sociedad.

Qué midió el estudio y qué diferencias encontró

  • Memoria de trabajo, la capacidad de retener información breve mientras se resuelve una tarea, como recordar una consigna escolar.
  • Razonamiento y vocabulario, evaluados con pruebas estandarizadas.
  • Aprendizaje visual y auditivo, con puntajes más altos entre quienes tocaban.
  • Rendimiento en lectura, escritura y matemáticas: comprensión lectora, ortografía y reconocimiento de palabras mostraron diferencias a favor del grupo con formación musical.
  • Resonancias magnéticas en 50 participantes: se observó una diferencia en una vía cerebral que conecta regiones asociadas a audición, lenguaje y movimiento.

La investigadora Psyche Loui, profesora de música de Northeastern, vinculó esas ventajas con las funciones ejecutivas: planificar, sostener la atención, controlar impulsos y adaptarse a cambios. Tocar un instrumento exige leer una partitura, mantener un ritmo y coordinar movimientos al mismo tiempo, algo que pone en juego varias tareas a la vez. La educadora musical Anita Collins, en un recorrido que cita el trabajo, agregó que aprender un instrumento ejercita la escucha, la planificación y la autorregulación, dimensiones que en la vida escolar se traducen en seguir una clase entera, terminar una tarea o esperar el turno para hablar.

Lo que el estudio no puede afirmar

La aclaración es central y los propios investigadores la repiten: el trabajo no demuestra que las clases de música hayan causado las diferencias. Los chicos no fueron asignados al azar a aprender un instrumento. Las familias que sostienen esa práctica, en muchos casos, también facilitan otras experiencias educativas: libros en casa, tiempo dedicado a la lectura, contacto con actividades culturales. Aunque los autores compararon grupos de condiciones socioeconómicas similares, esa estrategia no descarta por completo otros factores. Por eso los resultados se leen como una asociación, no como una causa.

El equipo de Northeastern también señaló un punto sensible para las familias argentinas: el costo de la formación musical puede limitar el acceso. Un instrumento, las clases regulares y el traslado a un conservatorio o a una escuela de música configuran un gasto que no todas las familias pueden sostener. En los barrios del Gran Buenos Aires, la oferta pública y gratuita que ofrecen municipios, orquestas infantiles y programas nacionales se vuelve, en ese marco, una política educativa con efectos concretos sobre la igualdad de oportunidades. Lo que la comunidad suele pedir, en cada reunión de padres en un pueblo como Garín o en una sala de espera de Ingeniero Maschwitz, es que esos espacios no se cierren y que se sumen cupos. La respuesta, en buena parte, sigue pasando por decisiones que se toman a varias cuadras de allí, en despachos donde se decide cuánto se invierte y a quién se destina.

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Norma CharoleComunidades y derechos

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