Un anillo de noventa y nueve dólares para llevar la inteligencia artificial en el dedo y dejar el celular en el bolsillo
Interface, el dispositivo de Natura, conecta hasta cinco asistentes de IA con un solo botón y suma métricas de salud, aunque todavía no tiene todas las funciones validadas. Sale a fin de año por una cifra que la propia empresa admite que va a subir.

Lo primero que se siente al ponerse el Interface no es el peso, porque casi no lo tiene, sino un olor a nuevo, ese aroma tibio del metal recién sacado de la caja que durante unos segundos te hace acordar a cualquier otra cosa menos a un gadget. Después aparece el botón, una pequeña hendidura lateral que cambia por completo la relación que uno tenía con el teléfono. Lo apretás, decís lo que necesitás en voz alta, soltás y, según cómo lo configures, la respuesta te llega al oído por los auriculares, como una notificación en el iPhone o directamente dentro de la aplicación propia. La maniobra es tan simple que da un poco de vergüenza compararla con el ritual de desbloquear la pantalla, abrir una app, escribir y esperar. El dispositivo, que se consigue por noventa y nueve dólares desde diciembre o enero, viene a ocupar ese lugar intermedio entre la joya y la herramienta, y la verdad que llama la atención lo fácil que se vuelve delegar tareas cotidianas como armar un recordatorio, pedir algo o reservar un lugar sin tocar el celular.
Pero lo más interesante del asunto, al menos para mí que vengo siguiendo de cerca este cruce entre moda y tecnología, no es la comodidad del botón sino la posibilidad de elegir, con un mismo anillo, entre cinco asistentes de inteligencia artificial distintos. Interface se conecta en paralelo con Muse de Meta, Instinct, Grok Bot de xAI, Claude de Anthropic y ChatGPT de OpenAI, y deja que el usuario decida cuál se ocupa de cada tema. Es como tener cinco secretarios en un solo bolsillo y poder decirles a cada uno qué le corresponde, una idea que hasta ahora ningún competidor directo del segmento de anillos inteligentes había logrado ofrecer bajo el mismo hardware.
La apuesta de Natura y el perfil del fundador
“El principal punto de contacto entre las personas y la tecnología va a ser el anillo.”Carlo Edoardo Ferraris, fundador de Natura
Ferraris, que presentó el producto en un adelanto para la prensa especializada, describió al Interface como una mezcla de seguimiento de salud, comunicación entre agentes, grabación de reuniones y memoria externa, todo comprimido en una pieza que se lleva en el dedo y que promete una autonomía de entre seis y doce días de batería. La definición es ambiciosa y a la vez honesta, porque reconoce que el dispositivo no quiere ser una sola cosa sino varias a la vez, siempre y cuando el usuario esté dispuesto a acostumbrarse a hablarle al anillo como quien le habla a la mesaza de un bar antes de un partido.
Qué mide y qué todavía no está del todo claro
- Frecuencia cardíaca.
- Variabilidad del ritmo cardíaco.
- Fases del sueño.
- Actividad física.
- Temperatura de la piel.
Esas cinco métricas aparecen en la ficha técnica, pero la propia empresa aclara que todavía no definió cuáles están validadas de manera definitiva, una información que promete publicar antes de habilitar el pago cuando se abran las reservas el mes próximo. Esa cautela llama la atención en un mercado donde Oura, Ultrahuman y RingConn llevan años afinando sus sensores y donde Pebble, que apuesta más por la voz y los asistentes, ya mostró que el segmento está vivo. Mientras tanto, el precio de salida de noventa y nueve dólares parece una decisión a la inversa: Natura admite que su costo de fabricación es parecido al de Oura y Samsung, y avisa que después de un período gratuito de tres a seis meses planea cobrar una suscripción de nueve dólares mensuales. El número de arranque es, en criollo, una ganchera para probar, con la advertencia de que después va a cambiar. Interface se va a poder ver en sociedad el nueve de noviembre en un evento en San Francisco, y a partir de ahí la conversación cambia, porque ya no se trata de si la inteligencia artificial cabe en un dedo, que claramente cabe, sino de cuántos de nosotros estamos dispuestos a delegarle así, sin pantalla de por medio, las pequeñas decisiones del día.
La pregunta que queda dando vueltas
A esta altura, mientras escribo la nota y miro el anillo todavía sobre la mesa, lo que más me interpela es una cuestión de hábito. Tener un asistente en el dedo implica aceptar que ya no necesitamos mirar la pantalla para casi nada, y eso, para los que tenemos cierta edad y cierta inercia con el celular, requiere un aprendizaje. La pregunta que me llevo a casa, y que dejo flotando para quien quiera responderla, es esta: tiene sentido para vos delegar en un anillo la resolución de esas tareas de todos los días, o todavía te resulta más cómodo abrir una aplicación y manejar vos mismo cada pedido.
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